OPINION INTERNACIONAL

OBSTACULOS A LA PAZ

La Cumbre América del Sur-Países Árabes efectuada ese día en Doha, Qatar, se pronunció a favor de la creación de un Estado palestino, al tiempo de apoyar la reivindicación argentina sobre las Islas Malvinas. En ese mismo momento, como decíamos ayer, el nuevo canciller, recién investido en el cargo, declaraba que Israel no se sentía comprometido de ninguna manera por los acuerdos de Annapolis, que fueron suscritos en 2007 en esa ciudad estadounidense entre Ehud Olmert y Mahmud Abbas y preveían la creación de un estado palestino. Lieberman les contrapuso, como único compromiso por parte de Israel, la «hoja de ruta» del cuarteto constituido por Naciones Unidas, Estados Unidos, Rusia y la Unión Europea. Pero éste organismo ha sido absolutamente inconducente y no ha dado un paso, entre otras cosas por la actitud en su seno de EEUU, que tiene a Israel como su incondicional aliado en la región. Por todo eso desde fuente palestina se declaró de inmediato que Lieberman se constituía en «un obstáculo para la paz».

Dicen los cables que durante la ceremonia de transferencia del poder el actual presidente Shimon Peres exhortó a Netanyahu a aceptar el principio de un Estado palestino junto al de Israel. «El gobierno debe desplegar esfuerzos supremos para progresar en el proceso de paz en todas las cuestiones. El gobierno saliente aceptó la visión de dos Estados para dos pueblos lanzada por el gobierno estadounidense y adoptada por la mayor parte de la comunidad internacional, y su gobierno debe adaptarse a esa realidad», declaró. Pero los palestinos se muestran escépticos sobre los resultados de esta exhortación y no se hacen ilusiones. Mahmud Abbas manifestó que Natanyahu no aceptó la solución de los dos Estados y de los acuerdos ya firmados, y tampoco quiere detener los procesos de colonización judía en Cisjordania. Otras fuentes palestinas subrayan que, de todos los gobiernos de Israel, «el de Netanyahu es el más claro en su programa racista y su negación de los derechos del pueblo palestino».

Esa fue, por otra parte, la base de la campaña electoral del Likud. El primer ministro conformó luego su gabinete con el sostén de las fuerzas de la derecha y la ultraderecha, integrando a última hora al Partido Laborista (hoy presidido por Ehud Barak, ex ministro de Defensa) como elemento decorativo para disimular su carácter francamente regresivo en todos los planos, y principalmente en relación al candente problema de la paz en la región.

El actual presidente Shimon Peres tiene autoridad moral para plantear el tema como lo hizo. Él era canciller del entonces primer ministro Yitzaj Rabin (que como líder del Partido Laborista había ganado las elecciones generales de junio de 1992) cuando se iniciaron las conversaciones de paz entre el gobierno de Israel y la Autoridad Nacional Palestina (OLP), presidida entonces por Yasser Arafat. Este proceso desembocó al año siguiente en los acuerdos de Oslo. En mayo de 1994, Rabin y Arafat firmaron en El Cairo el acuerdo de autonomía para Gaza y Jericó, con la previsión de que al cabo de un tiempo el mismo se extendería a toda Cisjordania. A fines de ese mes, el ejército israelí se retiró de Gaza, lo que puso fin a 27 años de ocupación. Dicen los textos de historia que «en 1995 la división de la sociedad israelí en torno al proceso de paz con los palestinos fue creciendo hasta desembocar en el asesinato de Yitzaj Rabin en una plaza de Tel Aviv, a manos de un joven israelí de extrema derecha (que hoy está preso en una cárcel israelí). El también laborista Shimon Peres (hoy miembro de Kadima) sucedió a Rabin, pero fue derrotado en las elecciones generales de mayo de 1996 por el derechista Benyamin Netanyahu». A partir de ahí la situación se revirtió. Ahí tiene el lector una parte de los antecedentes de la actual situación.

Cabe agregar, para completarlos, que en febrero de 1994 Baruch Godstein, un integrante del movimiento ultraderechista israelí Kach fundado por el rabino Meir Kahane y al cual perteneció Avigdor Lieberman, asesinó a varios palestinos que oraban en la Tumba de los patriarcas, en Hebrón.

Ahora la situación se ha vuelto particularmente tensa y la perspectiva de la paz se aleja. Se requiere un gran esfuerzo colectivo para desplazar estos malos augurios y reencauzar el proceso de paz en la región.

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