DE CUMBRE EN CUMBRE
Ya en estos días Estrasburgo está en pie de guerra, transformada en un bunker. Se espera a 28 jefes de Estado, incluído Barack Obama. Pero también entre 40 y 60 mil manifestantes de organizaciones políticas, sociales, defensoras de la paz y los derechos humanos, opuestas a este dispositivo belicista creado en su origen contra la Unión Soviética, que hoy resucita en los escudos antimisiles montados en Rumania y Polonia con la oposición frontal de Rusia, y que entró en acción en los bombardeos de Kosovo y en la invasión a Afganistán. Contra los manifestantes anti-OTAN se han erigido 5 mil barreras metálicas, desplegado 11 mil policías y gendarmes, incluso efectivos traídos desde Guadalupe, donde reprimieron las manifestaciones populares. Se apostarán también baterías antiaéreas, muros blindados antidisturbios, guardias republicanas a caballo, varias rutas estarán bloqueadas, los establecimientos escolares y campos deportivos cerrados esos días. Se esperan masivas manifestaciones principalmente de franceses y alemanes (y también de delegaciones de otros países europeos), mientras las actividades oficiales tendrán lugar en Estrasburgo y en Baden-Baden, del lado alemán.
La II Cumbre América del Sur-Países Árabes se desarrolló ayer en Doha, cuatro años después de la primera realizada en Brasilia en 2005, por iniciativa de Brasil en una novedosa actividad de cooperación sur-sur que ya empezó a funcionar y de la que se esperan fecundos resultados. Los intercambios comerciales entre ambos bloques alcanzaron 17.976 millones de dólares en 2007, con balanza comercial favorable a Sudamérica. Los mayores exportadores sudamericanos fueron Brasil (que triplicó sus intercambios con los árabes) y Argentina, y por la otra parte Arabia Saudita y los Emiratos Unidos.
En Doha estuvieron representados los 22 países de la Liga Árabe, que celebraron su cumbre anual, y los 12 países de Sudamérica, entre ellos los presidentes Lula, Cristina Fernández, Chávez, Lugo, Evo Morales y Michelle Bachelet.
La Declaración de Doha aborda aspectos de cooperación económica y social, así como los relacionados con el «diálogo de civilizaciones» y un apoyo expreso a la Argentina en el caso de las Malvinas. Pero lo que pesa en el ánimo de la cita es la crisis mundial, con la atención concentrada en el G-20 del cual formarán parte (entre los participantes de Doha), Argentina, Brasil y Arabia Saudita.
Estos países concentran el 90% de la riqueza mundial, al sumar a los del G-7 las potencias emergentes como Brasil, India y China que junto con Rusia constituyen el BRIC. La reunión se abre con augurios sombríos. El Banco Mundial, presidido por el estadounidense Robert Zoellick, revisó a la baja sus previsiones anteriores y pronosticó una caída de 1,7% en 2009, la primera que registra, y con los peores índices para los países de la OCDE. El FMI, presidido por el francés Dominique Strauss-Kahn, que en la última reunión del G-20 en noviembre pasado preveía para el año en curso un crecimiento del 2,2% del PBI, predice ahora una contracción económica mundial situada entre el 0,5% y 1%.
Hay visiones contrapuestas para las salidas a la crisis. Mientras EEUU está a favor de más paquetes de reactivación, como los que viene aplicando en su país, los europeos quisieran ver sus resultados antes de comprometerse a otros, e insisten en la regulación del sistema financiero mundial. Se anuncia que China tirará un gato sobre la mesa: la propuesta de reemplazar el dólar como principal moneda de reserva internacional y sustituirlo por una canasta de monedas, lo cual es rechazado de plano por Estados Unidos obviamente- pero recibe el apoyo franco del presidente de Rusia, Dimitri Medvedev, y de los países del BRIC (Brasil, Rusia, India y China). El presidente francés Nicolas Sarkozy amenazó con abandonar la cumbre y no votar la declaración final si no se adoptan medidas de regulación del sistema y, en particular, si no se logra la erradicación de los paraísos fiscales. La información agrega que la canciller alemana Angela Merkel está «completamente en la misma línea» y que el primer ministro británico Gordon Brown manifestó que «los paraísos fiscales no tienen nada que ver con el nuevo mundo de hoy».
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