MONDO CANE
Seis voluntarios rusos y europeos se encerraron ayer martes en un módulo aislado del mundo exterior, donde permanecerán 105 días, para probar las condiciones de un vuelo habitado hacia Marte, en vistas a una hipotética misión en 2030. Las puertas del módulo con los seis hombres en su interior (cuatro rusos, un francés y un alemán), se cerraron poco antes de las 14 (10 GMT), en el Instituto Ruso para Problemas Biomédicos (IBMP) en Moscú. «Me siento muy motivado y también, de alguna manera, aliviado. Llevamos trabando desde hace mucho tiempo (en este proyecto) y finalmente llegamos al objetivo», señaló el francés Cyrille Fournier, de 40 años, piloto de Air France, poco antes del «despegue».»El objetivo de la experiencia es probar los efectos psicológicos y fisiológicos del aislamiento», durante estos tres meses, explicó el alemán Oliver Knickel, ingeniero militar de 28 años, durante una conferencia de prensa con sus cinco compañeros.En el mejor de los casos, un viaje de ida y vuelta entre la Tierra y Marte, que podría prepararse hacia el 2030, duraría 520 días: 250 días para ir, 30 en Marte y 240 para volver.
Los presos de una cárcel brasileña decidieron resolver sus problemas de comunicación con arcaicas palomas mensajeras, solo que las aves no llevaban cartas, sino que fueron entrenadas para introducir clandestinamente en los presidios modernos teléfonos móviles. Dos palomas mensajeras que llevaban teléfonos móviles a la penitenciaría Danilo Pinheiro de Sorocaba, a unos 100 kilómetros de Sao Paulo, fueron interceptadas por los guardias del presidio, informó a AFP la Secretaría de Administración Penitenciaria.»Los agentes detectaron las palomas fuera del presidio y por suerte las aves no tuvieron tiempo de entrar en el edificio con el material», declaró una portavoz de esa secretaría. Las dos palomas, que fueron detectadas miércoles y jueves de la pasada semana, llevaban una especie de mochila de tela, atadas con elásticos de latex, y dentro de las bolsas estaban las piezas y cargadores de teléfonos móviles, como mostraban las imagenes de una cadena de televisión. En las cárceles brasileñas actúan bandas organizadas de presos, como el Primer Comando de la Capital en Sao Paulo, o el Comando Vermelho en Rio de Janeiro, que consiguen dirigir redes de tráfico de drogas y delincuencia fuera de los presidios. Su principal medio de comunicación es el teléfono móvil, y a menudo surgen insólitas formas de introducirlos clandestinamente en los presidios.
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