Obama. El presidente involucra más a su país

Guerra en Afganistán es más estadounidense

La Casa Blanca anunció el viernes su intención de enviar cientos de civiles expertos en desarrollo así como 4.000 soldados suplementarios a Afganistán para luchar contra una insurrección que ha ganado terreno en los últimos dos años, pese a la presencia de 70.000 soldados extranjeros.

Bajo el mandato de Obama, Estados Unidos decidió retomar el conflicto afgano, luego de desviarse del mismo para lanzar la invasión de Irak en marzo de 2003.

Como consecuencia, de acá a fines del verano boreal, el contingente militar estadounidense en Afganistán pasará de 38.000 hombres a unos 60.000, contra cerca de 32.000 soldados no estadounidenses agrupados bajo la bandera de la Otan.

«Si Estados Unidos prevé una proporción cada vez mayor del esfuerzo total, su influencia necesariamente va a aumentar en relación a la de otros miembros de la coalición», consideró Steve Biddle, experto del Consejo de Relaciones Internacionales, un centro de análisis con sede en Washington.

Los estadounidenses ya juegan un papel dominante en el frente afgano, donde sólo un puñado de los aliados de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) -entre ellos británicos, canadienses, holandeses y franceses- aceptaron movilizar tropas a las zonas más peligrosas.

Como síntoma del cambio, Estados Unidos enviará la mayor parte de sus refuerzos al sur, donde se desarrollan los enfrentamientos más violentos con los talibanes, y pondrán un comandante estadounidense a la cabeza de esa región en 2010.

Con el aumento neto de los esfuerzos estadounidenses en el país, Barack Obama corre el riesgo de asumir tanto los éxitos como las derrotas.

«La responsabilidad viene con la influencia», señaló Biddle. «Si las cosas salen mal, todo el mundo dirá que fue nuestra culpa».

Pero para Michael O’Hanlon, experto de la Brookings Institution, Washington no tiene posibilidad de enfrentarse solo: una cooperación con las fuerzas internacionales resulta indispensable para mejorar la situación en Afganistán.

«Necesitamos una mejor coordinación, y esta no se puede producir por un decreto estadounidense», porque «no es una guerra estadounidense, afirmó.

Luego de haber juzgado por mucho tiempo como insuficientes las contribuciones militares de los países de la OTAN, Washington parece haber abandonado la idea de reclamarles importantes refuerzos, y en cambio les pedirá un mayor esfuerzo en ayuda para el desarrollo.

Barack Obama, que participará el 3 y 4 de abril de la cumbre de la OTAN, señaló que se niega a hacer de la guerra en Afganistán un conflicto puramente estadounidense.

«En el momento en que Estados Unidos haga más, pediremos a los otros hacer lo mismo», declaró el mandatario al presentar su nueva estrategia.

«Ningún esfuerzo que he mencionado será fácil, y ninguno de ellos deberá ser asumido solamente por Estados Unidos», advirtió.

«El mundo no puede permitirse dejar a Afganistán en el caos», «tenemos esa responsabilidad común», insistió.

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