Armas y helicópteros para combatir cárteles de la droga
La secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, finalizó ayer jueves en la ciudad de Monterrey una visita oficial a México, centrada en la seguridad de la caliente frontera común, donde los cárteles de la droga libran una guerra por el tráfico hacia Estados Unidos.
Hillary Clinton tomó nota de la principal preocupación del gobierno de México sobre seguridad fronteriza: que el 90% del sofisticado armamento que poseen los cárteles de la droga mexicanos proviene de Estados Unidos.
El gobierno de Estados Unidos quiere poner fin a la venta de armas de asalto con que se abastecen los cárteles mexicanos de la droga, declaró Clinton en una entrevista con la cadena de televisión NBC la noche del miércoles.
Clinton admitió que haber dejado expirar una ley que prohibía la venta de estas armas en Estados Unidos había sido «un error».
Abogó, a la vez, por una legislación capaz de prohibir «la venta fuera de fronteras de estas armas», pero admitió que el intento de renovar la prohibición traería una fuerte oposición.
La visita de Clinton a México antecede a la que tiene previsto realizar el presidente estadounidense Barack Obama, el 16 y 17 de abril próximos.
En respuesta a un insistente reclamo del gobierno del presidente Felipe Calderón de que Estados Unidos asuma un mayor compromiso en la cooperación por la lucha antidrogas, Clinton ofreció además 80 millones de dólares para financiar la compra de helicópteros Black Hawk para la Policía mexicana.
«Estas aeronaves le ayudarán a la Policía mexicana a responder con agresividad y con éxito a las amenazas de los cárteles», dijo Clinton, cuyo ministerio renovó en febrero la alerta para viajeros estadounidenses respecto al «incremento reciente» de la violencia en las ciudades fronterizas.
No obstante, en una rueda de prensa con su homóloga mexicana Patricia Espinosa, reconoció: «Somos conscientes de que el narcotráfico es un problema compartido». Mientras Clinton desarrollaba su último día de visita oficial a México, desde Washington, el director de inteligencia de Estados Unidos, Dennis Blair, reiteró que el vecino del sur «no corre peligro de convertirse en un estado fallido».
En similares términos se había pronunciado Clinton el miércoles en la rueda de prensa con Espinosa.
Hillary Clinton visitó ayer jueves la Basílica de Guadalupe y una central de policía ubicada en la capital, donde le mostraron helicópteros destinados a la lucha contra el narcotráfico. Luego partía a Monterrey, en el estado de Nuevo León, fronterizo con Estados Unidos.
Militares y policías federales reforzaron la seguridad en Monterrey tras la reciente captura de un narcotraficante acusado de atentar contra el consulado estadounidense en esa localidad, ubicada unos 350 km al sur de Nuevo Laredo, Texas.
Monterrey, al igual que varias ciudades fronterizas con Estados Unidos, han sido escenario de la guerra entre narcotraficantes mexicanos por las principales plazas del país.
Tan sólo en 2008 esas disputas cada vez más sangrientas dejaron un saldo de más de 5.300 muertos y suman más de 1.100 en el transcurso de este año, pese a un operativo federal con 36.000 militares.
El reconocimiento del flujo de armas desde Estados Unidos a México, así como por la demanda de drogas en territorio estadounidense, el mayor mercado consumidor de cocaína del mundo, fue considerado como un «avance de corresponsabilidad» por el gobierno mexicano.
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