CUMBRE DE LIDERES PROGRESISTAS
Las preguntas que suscita la reunión son dos: ¿Qué sentido tiene esta reunión? Y, ¿a qué se llama progresista en el día de hoy?
La primera cumbre tuvo lugar en Berlín en 2000 y fue influenciada por la idea de que el llamado progresismo tenía algo que decir en el proceso globalizador, y estuvo en sus inicios fuertemente vinculada a la muy publicitada y hoy prácticamente desaparecida propuesta de la tercera vía de Tony Blair. Los ex gobernantes Bill Clinton de Estados Unidos, Ricardo Lagos de Chile y Thabo Mbeki de Sudáfrica fueron entusiastas propulsores.
Por cierto, en las anteriores, al igual que en la mayoría de las cumbres, nada importante salió, fuera de abundante retórica. En Viña del Mar, en las reuniones directas de los líderes se esperan, al menos, dos temas casi obvios: la crisis económica y el cambio climático. La seguridad será estricta, ya que al igual que en ocasiones similares, se esperan fuertes protestas, aunque esta vez con un componente más nacional que internacional, ya que coincide con el llamado Día del Combatiente en Chile, cuyo solo nombre evita mayores explicaciones.
La primera pregunta en torno al sentido no queda muy clara, ya que muchos de los asistentes surgieron a la vida política desde posiciones que hablaban de modificar al capitalismo desde la izquierda y han terminado por administrarlo. Sin embargo, como la crisis económica internacional ha desacreditado las ideas extremadamente liberales, el denominador común de compartir políticas de igualdad social y de una mayor participación estatal ha logrado un nuevo respeto en la esfera mundial, partiendo por la reconsideración de propuestas keynesianas en economía.
Sin embargo, ello es insuficiente, ya que desde este sector político todavía no surge una propuesta acerca de cómo gobernar, es decir, darle gobernabilidad a la globalización.
En otras palabras, todavía no aparece la arquitectura internacional que debiera regir en esta era histórica, desde el momento que la mayoría de las instituciones internacionales y regionales todavía corresponden a aquellas creadas durante la Segunda Guerra Mundial o durante la Guerra Fría, incluyendo a aquellas económicas como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.
Ejemplo de lo anterior no sólo ha sido su falta de iniciativa ante la magnitud de la crisis de los mercados, sino también la falta de alternativas a lo que produjo la crisis, además de la extrema falta de coordinación, de lo cual la Unión Europea es un ejemplo.
Si algún sentido tienen reuniones de gente que piensa más o menos igual, es justo lo que no hicieron en épocas de bonanza y que tampoco parecen dispuestos a hacer en épocas de tanta angustia: crear instituciones adecuadas para un mundo globalizado y que sean capaces de regular realidades que hoy son globales en lo político, lo económico y lo ambiental. Para todo el mundo es hoy evidente que el capitalismo no se autorregula, además que sólo el multilateralismo puede ofrecer soluciones para un mundo diverso y complejo, después del sonado fracaso del unilateralismo en Irak.
En cuanto a la segunda pregunta, la respuesta es aún mas vaga, ya que realmente no existe claridad en torno a lo que significa ser o aparecer como progresista en el siglo XXI.
Los orígenes marxistas que posteriormente devinieron en la Segunda Internacional del siglo XlX que dio origen a lo que posteriormente sería conocido hasta hoy como socialdemocracia, corresponde a través del término progresismo a un resabio muy anticuado de la idea muy poco científica que se puede trasladar a la sociedad, el tipo de ideas que fundamentan a las ciencias biológicas, incluyendo la evolución.
El término que hace falta no es sólo pensar en propuestas de igualdad y libertad, que hoy las comparten diferentes ideologías que sólo se diferencian en los grados de aplicación, sino, fundamentalmente, poner en el primer lugar de la agenda mundial a los principios éticos, los que deberían figurar al más alto nivel, sobre todo después que la falta de control y la codicia de Wall Street y sus imitadores, condujeran a un crack económico que va a afectar a los más pobres en el mundo.
En resumen, probablemente se trate de una reunión más como lo han sido las anteriores cumbres progresistas. Es más, bajo la urgencia de la crisis, se nota la falta de propuestas para crear instituciones adecuadas para la globalización y la falta de entendimiento acerca de lo que significa ser progresista hoy, al menos, mientras no exista una definición básica en términos de ética aplicada a la política y a la economía.
Exactamente la carencia que creó la crisis que estamos lamentando, aunque no haya sido responsabilidad de los líderes de este sector sino de sus adversarios políticos.
Catedrático de Ciencia Política de la Universidad de Chile.
Safe Democracy
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