DDHH, una herida abierta en Argentina
«Todo comenzó cuando en un partido de fútbol alguien me dijo que mi papá estaría orgulloso de mí si estuviera vivo», dijo a la AFP Gastón Mena, un hijo de padres desaparecidos que aún continúa la búsqueda de su identidad familiar, a 33 años del golpe de Estado en Argentina.
Las palabras de ese extraño -un ex compañero de militancia de su padre- cambiaron para siempre su vida porque ante sus preguntas su familia finalmente le confesó que sus padres Graciela y Hugo habían sido secuestrados cuando él tenía un año y que quienes suponía sus progenitores eran en realidad sus tíos.
«Mis tíos nunca me hablaron de mis padres. Tampoco lo hizo mi abuela paterna. Hicieron como si nunca hubiesen existido e incluso me dijeron que habían quemado todo, las fotos, hasta los muebles», relata el joven de 34 años, todavía sin poder explicarse semejante decisión familiar.
La verdad golpeó en el corazón de Gastón cuando tenía 10 años y a partir de entonces comenzó una época de rebeldía que se aplacaría años más tarde, cuando decidió averiguar sobre sus progenitores y se contactó con organismos de derechos humanos, dice.
«En este camino difícil hubo una mujer, Sonia, que me ayudó muchísimo porque sabía mucho de mis padres.
La conocí a los 22 años y ella me contó cómo eran, qué hacían.
Hace poco me dio una foto en la que pude ver sus rostros por primera vez», afirma y extiende una vieja foto de dos jóvenes sonriendo.
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