OPINION INTERNACIONAL

EL CONSEJO DE DEFENSA

El Tratado Constitutivo de Unasur se firmó en Brasilia el 23 de mayo 2008 por los 12 países de América del Sur, sin excepción, los mismos que ahora rubrican el Consejo de Defensa: Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Chile, Ecuador, Paraguay, Perú, Uruguay, Venezuela, así como Surinam y Guyana, antes excluidos. En realidad, la verdadera acta de bautismo de Unasur fue la cumbre presidencial convocada el 15 de setiembre 2008 también en el Palacio de La Moneda, como ahora, a raíz de los graves acontecimientos en Bolivia (asesinato de los campesinos e indígenas en Pando) y contribuyó a mejorar la situación gracias a la eficaz labor de una Comisión investigadora designada de su seno.

La iniciativa de crear el Consejo de Defensa sureño fue planteada por el presidente Lula el pasado 16 de diciembre en el marco de las reuniones realizadas en Costa do Sauípe, estado de Bahía, entre ellas la Cumbre de América Latina sobre Integración y Desarrollo que reunió por primera vez a los 35 países de América Latina y el Caribe (incluida Cuba y sin EEUU, lo que era inédito). Allí prevaleció un nuevo concepto de soberanía de los países del continente. Es lo que ahora se concreta. En la plasmación de estas iniciativas tuvo considerable influencia la toma de posición de los países de la región frente a la invasión de territorio de Ecuador por parte de tropas colombianas el 1º de marzo 2008. En los debates del Comité Permanente y de los cancilleres de la OEA en Washington, y en la reunión inmediata del Grupo de Río en Santo Domingo, se reafirmó la vigencia irrestricta de la soberanía nacional y de la intangibilidad territorial frente a las concepciones del gobierno colombiano, apoyado solo por EEUU, de hacer prevalecer en estos casos el concepto de seguridad de los estados.

Tal es el debate que se reiteró ahora en Santiago de Chile, y se acordó rechazar toda concesión a cualquier tipo de intervención extraterritorial. La discusión cobraba sentido a raíz de recientes declaraciones del ministro de Defensa colombiano, Juan Manuel Santos, presente en la reunión, en el sentido de que «golpear a terroristas que sistemáticamente están atentando contra la población de un país, así éstos no se encuentren dentro de su territorio, es un acto de legítima defensa y una doctrina cada vez más aceptada por la comunidad y el derecho internacional». Ya los presidentes Correa y Chávez rechazaron de plano esta concepción (sobre cuya base pretende Santos impulsar su candidatura a la presidencia). Lo mismo hizo el Consejo de Defensa, reiterando con total firmeza y sin ningún equívoco los principios de intangibilidad de las fronteras y de integridad territorial. Según tenemos entendido, y nos alegra, se votó una propuesta presentada por el ministro uruguayo José Bayardi, de respeto irrestricto a soberanía territorial. El ministro de Defensa de Ecuador, Javier Ponce, interrogado sobre las declaraciones del ministro Santos de que la incursión militar colombiana en territorio ecuatoriano era legítima defensa, señaló: «A esto no sólo responde Ecuador, responde toda América Latina. En la cita de presidentes de República Dominicana, se ratificó que no era viable el concepto de extraterritorialidad. Eso es una violación de soberanía. Todos los presidentes lo negaron. Y el Consejo de Ministros de Defensa en que estamos dice con claridad que el territorio es soberano e inalienable».

El Consejo reafirmó a la vez el concepto de soberanía e independencia para toda la región y la defensa de sus riquezas naturales. Sin injerencia externa, sin tutelaje, sin IV Flota ni escuelas de contrainsurgencia, porque los ejemplos intervencionistas sobran. Se hace notar que casualmente el jefe del Estado Mayor Conjunto de EEUU, Mike Mullen, visitó la semana pasada Chile, Colombia y Brasil. En contraposición, prevalecen los conceptos de hacer de Sudamérica una zona de paz, contribuir a soluciones de entendimiento en los conflictos entre naciones, colaborar eficientemente en tareas comunes frente a catástrofes naturales, intercambiar experiencias y realizar ejercicios conjuntos de las diversas armas, con proyecciones incluso hacia las industrias y tecnologías de la defensa. Pero nada parecido a formar una fuerza militar conjunta al estilo de la OTAN, sino todo lo contrario.

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