LA EXPOSICION SOBRE EL "CARACAZO"
Se trata en efecto, de un acontecimiento que marcó un momento peculiar de la historia de nuestra América. Puso al rojo vivo las consecuencias funestas de la aplicación a rajatabla de las medidas preconizadas por el neoliberalismo a ultranza que traducían las recetas del Fondo Monetario Internacional (FMI). Veinticinco días después de asumir el gobierno, en febrero de 1989, Carlos Andrés Pérez decretó un alza general de los combustibles y de los alimentos básicos, lo que provocó un estallido de furia de la población en su conjunto, y sobre todo de los sectores populares más afectados. Las tumultuosas movilizaciones se iniciaron en una zona del estado Miranda, que alberga parte de la capital, y se extendieron como un reguero, en cuestión de pocas horas, a los barrios de Caracas y a otras ciudades de Venezuela. Fue un estallido masivo y fulminante, que fue creciendo como bola de nieve, incorporando oleadas sucesivas de manifestantes. Contra ellos lanzó el gobierno de Carlos Andrés Pérez una de las represiones más violentas y salvajes de la historia de América Latina. La misma se extendió durante los días 27 y 28 de febrero. Acaban de cumplirse 20 años de estos hechos.
La exposición gráfica, obra de los fotógrafos venezolanos Francisco Solórzano (conocido como Frasso) y Tom Grillo, documenta de manera extraordinaria estos acontecimientos, y sobre todo la bestialidad de la represión. Son 33 fotografías de gran tamaño y calidad técnica, pero además revelan coraje y valentía para trabajar en medio de la lluvia de balas. Vemos a tropas disparando a mansalva contra gente inerme, pero también destacamentos de encapuchados apuntando con armas largas. Es sabido que se tomó como pretexto el saqueo de varios supermercados y centros de distribución de comestibles por parte de la multitud enfurecida.
Pero la muestra fotográfica revela y esto le otorga mayor valor- que la represión se cebó en los barrios más populosos, habitados por pobladores que estaban alejados de toda manifestación de violencia. Recuerdo en particular imágenes tomadas en el conglomerado de viviendas llamado 23 de enero, que conozco porque es un paso obligado entre el aeropuerto de Maiquetía y el centro de Caracas, y cuyo nombre recuerda la fecha en que se produjo el gran levantamiento popular del año 1958 que dio al traste con la dictadura del general Marcos Pérez Jiménez iniciada diez años antes. (Después vinieron los gobiernos del Pacto del Punto Fijo, pero esa es otra historia, que duró hasta la elección de Chávez en diciembre de 1998).
Unas fotos muy oportunas registran a Carlos Pérez en medio de sus allegados del gobierno riendo a carcajadas en medio de la vesanía criminal por él ordenada. Nunca se supo el número exacto de muertos y desaparecidos en esas dos jornadas trágicas. El gobierno difundió una cifra ridículamente baja (246 muertos). Cifras de estudios históricos consignan más de mil muertos y dos mil heridos y desaparecidos. Según el embajador González «no fueron pocos los detenidos fusilados contra la pared y no se respetó edad, sexo ni militancia partidaria de nadie; más de dos mil personas murieron en Caracas, y más del doble de esa cifra fueron los heridos». La mención de los fusilados contra la pared anticipa lo sucedido en el golpe de Estado pinochetista en Chile el 11 de setiembre de 1973.
Recuerdo haberle escuchado alguna vez al presidente Chávez una descripción de sus vivencias personales en esos días. Creo que se encontraba en Caracas, e intentó persuadir a un grupo de militares que estaban reprimiendo a mansalva a gente indefensa que cesaran la matanza. Pero fue totalmente en vano, a pesar de su urgida insistencia. Se ve que cumplían órdenes estrictas, y el baño de sangre prosiguió, renovándose al día siguiente. Chávez manifestó en esa ocasión que quedó profundamente impresionado y dolorido por la función que el presidente Carlos Andrés Pérez hacía cumplir a las fuerzas armadas de su país.
Mantener vivo el recuerdo de estos hechos luctuosos tiene que ver con la salud democrática de nuestros pueblos. Es sano recordar ese pasado para no repetirlo, y esto vale para los venezolanos, pero también para todos los latinoamericanos, porque es parte de nuestra historia común. Y también para la construcción en común de un futuro de democracia y libertad, que está hoy al orden del día en nuestra América.
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