OPINION INTERNACIONAL

LA RECONSTRUCCION Y LA PAZ

O sea que, como lo dijimos, el resultado de las recientes elecciones parlamentarias israelíes alejó las posibilidades de la paz en la región. Ahora aparecen en primer plano dos tareas entrelazadas, que de algún modo pasan a ser responsabilidad de la comunidad internacional en su conjunto: la reconstrucción de Gaza y la búsqueda afanosa de una solución de paz, contra todos los obstáculos. Y éstos se han multiplicado: tanto por las posiciones políticas de Netanyahu, que busca el apoyo de los sectores de ultraderecha, racistas, xenófobos y enemigos de la coexistencia de dos pueblos, como por las últimas acciones del primer ministro saliente Ehud Olmert, que da luz verde a la construcción de asentamientos judíos ilegales en Cisjordania ocupada y en Jerusalén este (ver la nota «Ehud Olmert en el banquillo»).

Tengo en la mano un balance completo de los daños provocados por la operación «Plomo Fundido», llevada a cabo por las fuerzas armadas israelíes contra Gaza en los 22 días que van desde el 27 de diciembre 2008 al 18 de enero 2009. Estas cifras superan en magnitud todo lo que se dijo hasta ahora. Se recordará que en particular el número de muertos palestinos fue ampliamente discutido, y defensores de la política de Israel intentaron minimizar las cifras. Pues bien: las pérdidas de vidas humanas alcanzaron 1.436, de ellas 492 niños, 265 mujeres y 114 ancianos. La cifra no incluye a los heridos graves fallecidos. Los heridos llegan a 6.500, de los cuales 1850 son niños y 556 mujeres. Fueron totalmente arrasadas 4.150 casas, y parcialmente dañados más de 20 mil casas y edificios.

Un capítulo especial merecen las armas letales utilizadas en la invasión por el ejército israelí, varias de ellas prohibidas por las convenciones internacionales. Comprenden bombas de fósforo, bombas de uranio empobrecido, bombas de racimo, bombas GBU-39, explosivos DIME (25% de TNT y 75% de tungsteno), morteros guiados por GPS, un sistema equipado con navegación satelital y los misiles Spike. Por otro lado, rifles M16, Galil y el nuevo rifle Tavor TAR-21. La flota aérea comprendía aviones teledirigidos, helicópteros Apache y aviones de guerra F16. La tropa de tierra estaba dotada de tanques Merkeva y Abraham M1, y los barcos de guerra que cañonearon la franja desde el Mediterráneo eran de última generación. Los ocupantes lanzaron 1005 bombas de más de una tonelada contra la población civil.

Estos datos se complementan con «Estadísticas del terrorismo de Estado israelí en Palestina ocupada» en el semestre julio a diciembre 2008, que registra puntualmente, mes a mes, el número de asesinatos selectivos, de muertos y heridos, de ataques e incursiones, de secuestros, de casas demolidas, de controles militares ilegales. Entre los heridos hay militantes por la paz internacionales y varios periodistas. El conjunto de estas informaciones es impresionante. Sobrepasan las cifras del horror hasta ahora conocidas, que despertaron una condena internacional.

Pero hay quien los defienda. Incluso quien procura justificar estas acciones (que la ex ministra de Educación israelí Shulamit Aloni calificó como propias de «criminales de guerra») en el plano jurídico, al que se superponen consideraciones de orden militar.

Ya mencionamos la protesta de sectores del mundo académico israelí por la designación de la coronel Pnina Sharvit-Baruch para la cátedra de Derecho Internacional de la Universidad de Tel Aviv. La militar citada aprobó el uso de armas incendiarias como el fósforo blanco en zonas densamente pobladas; apoyó personalmente la primera oleada de bombardeos aéreos que masacró a 40 policías en una ceremonia de graduación de nuevos agentes; aprobó la demolición masiva de viviendas, el bombardeo de edificios en que residían civiles a condición de que se les diera previo aviso, y la destrucción de tierras de cultivo. El profesor de Derecho Haim Ganz calificó el enfoque de la coronel como «jurisprudencia perversa que permite los asesinatos en masa».

Lo mismo se publicó en el diario Ha’aretz. Pero ella es la que enseñará Derecho Internacional en la Universidad de Tel Aviv porque el (todavía) primer ministro Olmert amenazó con poner fin a la financiación gubernamental de su Facultad de Derecho si no se procede a esta designación.

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