OPINION INTERNACIONAL

EL ESCANDALOSO ESPIONAJE DEL DAS

La Justicia colombiana viene investigando estos hechos desde hace años. Actualmente están encarcelados 22 parlamentarios del gobierno (algunos otros se dieron a la fuga) porque se comprobó su vinculación estrecha con los paramilitares, que a la vez estaban en conmixtión con destacamentos del ejército con los cuales realizaban operativos conjuntos. El DAS entregaba a los paramilitares información y lista de personas para eliminar, entre ellos dirigentes sindicales, opositores diversos, militantes sociales y defensores de DDHH. Hace un par de años fue destituido y encarcelado el entonces jefe del DAS, Jorge Nogueira, porque se comprobó su actividad en ese sentido. El ex jefe de las AUC (Autodefensas Unidas de Colombia), Salvatore Mancuso, reveló el 15 de mayo de 2007 ante la Fiscalía en el Palacio de Justicia, de las 9 a las 18 horas, los vínculos estrechos de los principales jefes paramilitares, como «Don Berna» y «Jorge 40″ , con personeros del gobierno como el vicepresidente Francisco Santos y el ministro de Defensa Juan Manuel Santos, y los militares del mando superior como los generales Rito Alejo del Río, Iván Ramírez y Martín Orlando Carreño, para concluir que «el paramilitarismo es una política de Estado». Tuve oportunidad de informar al respecto en notas enviadas desde Colombia y publicadas el 18 de mayo 2007 («Colombia: el escándalo de la ‘parapolítica’ al rojo vivo») y el 27 de mayo («Nuevas revelaciones de la conmixtión del gobierno colombiano con los paramilitares»). Allí decía también que «el DAS colaboraba estrechamente con los paramilitares suministrándoles listas de gente para eliminar»; y que los magistrados estaban en la mira del crimen organizado porque investigaban las maniobras delictivas.

En todo este período, cada vez que estallaba el escándalo, se cortaba el hilo por lo más delgado, y se destituía al director del servicio para acallar las críticas. Es lo que acaba de suceder. A última hora nos enteramos de la renuncia del actual director del DAS, Edgardo Tabárez. O más bien lo renunciaron. En su último número la revista Semana denuncia que el DAS había extendido sus actividades de espionaje al propio gobierno, multiplicando las escuchas telefónicas a la oposición, a los magistrados y al mismo Uribe, y que alteraba y desaparecía expedientes. Algo similar al dispositivo montado por Montesinos en Perú. Uribe dijo que él no había dado orden alguna a esa dependencia (que está bajo su jurisdicción directa), que allí se había enquistado una mafia y se iba a investigar. En la misma tesitura se colocó el ministro de Defensa Juan Manuel Santos, interrogado en Washington donde se reunió con su homólogo Robert Gates para impulsar el Plan Colombia, de militarización de la región, y de paso tratar de insuflar oxígeno en los labios del moribundo TLC con EEUU, que no se aprueba en el Congreso porque pesan graves acusaciones contra el gobierno colombiano por el asesinato masivo de dirigentes sindicales, entre otras.

En un artículo del miércoles 25 en El Tiempo de Bogotá se señala en forma terminante que «el DAS quedó en manos de mafias narcoparamilitares no por asalto o infiltración, sino por designación del Presidente». Estampado en el diario de la familia Santos (a la que pertenecen el vicepresidente y el ministro de Defensa, presunto aspirante a la presidencia), esta afirmación adquiere especial significación.

Su autora, Claudia López Tuesday, dice que el DAS está constituido por dos sectores: el de «Jorge 40″ las mafias costeñas, por una parte, y el de Castaño (desaparecido) y Mancuso por otra, y precisa que su función consiste en «filtrar listas a los paramilitares para que asesinaran a sindicalistas y ciudadanos por ser presuntos guerrilleros, y chuzar a magistrados, políticos y periodistas que se consideran un peligro para el Gobierno… Ese relajo, que viene desde Noguera, se sale de madre de vez en cuando y explota un nuevo escándalo. Esta es la tercera vez que la prensa descubre chuzadas y seguimientos ilegales de este Gobierno. Los chuzados siguen siendo los mismos, pero desde la primera vez el Gobierno pone cara de sorprendido y dice no saber nada».

Hay algo que agregar al respecto.

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