Investigan las causas del accidente del avión turco
Sesenta y tres personas, entre ellas 127 pasajeros y siete miembros de la tripulación, seguían hospitalizadas ayer, seis de ellas en estado crítico, declaró Theo Weterings, alcalde de la localidad en la que se sitúa el aeropuerto de Schipol-Amsterdam, durante una conferencia de prensa.
El Boeing 737-800 de la aerolínea Turkish Airlines, que había despegado el miércoles de Estambul con 134 personas a bordo, se estrelló a las 10.31 (hora local), en un campo arado, a tres kilómetros del aeropuerto de Schiphol-Amsterdam, causando la muerte de nueve personas.
«El avión quedó muy dañado, es una verdadera ruina: que tanta gente llegara a salir por su propio pie es realmente sorprendente, algunos hablan de milagro», declaró a la AFP Fred Sanders, portavoz de la Oficina de Investigación para la Seguridad, encargada de investigar en el lugar de la catástrofe en Holanda.
El avión se partió en tres pedazos, sus reactores se desprendieron de la carlinga, sin que se produjera ninguna explosión o incendio.
«El hecho de que no prendiera fuego ayudó mucho», dijo el portavoz. «Hay una marca de frenado muy corta en el suelo, parece que cayó sobre un ángulo derecho», subrayó. «Esto podría indicar que no avanzó» mucho después de estrellarse, que «ninguno de sus motores seguía funcionando».
Según la cadena de televisión CNN-Turk, el aparato tuvo que ser examinado en dos ocasiones la semana anterior al accidente: el 18 de febrero por un problema con los flaps de un ala y el 23 de febrero se impidió su despegue por un incendio en el sistema de alerta general.
Seis personas fallecidas y cuatro de los heridos más graves no habían sido identificados ayer, subrayó Weterings. Tres turcos, miembros de la tripulación, murieron y fueron identificados.
A bordo del Boeing 737-800 se encontraban 53 holandeses, 51 turcos, siete estadounidenses, tres británicos, un alemán, un búlgaro, un finlandés, un italiano y un taiwanés, según Weterings.
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