VENEZUELA DIJO SI
«Amor con amor se paga» decía una joven manifestante frente a la sede presidencial cuando las cifras difundidas por la presidenta de la Comisión Nacional Electoral, Tibisay Lucena, marcaban una tendencia irreversible faltando por escrutar apenas un cinco por ciento de los votos. Del total de los 11:242.717 votos escrutados hasta ese momento (que incluyen 199.041 votos nulos), el SÍ obtenía 6:003.594 votos, el 54,36%, frente a 5:040.082 votos por el NO, el 45,63%. La diferencia es de casi un millón de votos (margen que sin ninguna duda se superará en las cifras definitivas) y de 8,73%.
Esta aprobación de la enmienda referida a cinco artículos del texto constitucional sobre el mismo tema (posibilidad de reelección de todos los cargos de elección popular) polarizó a la sociedad venezolana, motivó una amplia participación ciudadana (el porcentaje de abstención de 32,95% es considerado relativamente bajo en estos casos) y reviste extraordinaria importancia para América Latina. Es una nueva demostración, sumada en particular a las recientes votaciones en Bolivia (el referéndum revocatorio de agosto 2008 y la aprobación de la nueva Constitución Política del Estado en diciembre pasado) de la consolidación de los gobiernos de izquierda en el continente. Constituye un aporte sustancial al proceso de unidad e integración continental, plasmada en múltiples instrumentos, con especial destaque para Unasur y el Banco del Sur, entre otros. Con esta característica: los gobiernos de izquierda que surgieron tras derribar a las dictaduras militares y desplazar luego a los gobiernos de signo neoliberal, promovieron la democracia en toda su dimensión imaginable, su extensión y profundización, e incluso desplegaron nuevas formas de democracia participativa, como se expresó en el reciente Foro Social Mundial de Belém do Pará. Venezuela ofrece un magnífico ejemplo en tal sentido. La votación del pasado domingo 15 de febrero 2009 fue la Nº 13 en la década transcurrida desde que Chávez ganó por primera vez la presidencia el 6 de diciembre de 1998 con el 56,5% de los votos. Invariablemente, sin ninguna excepción, las decisiones trascendentes fueron colocadas en manos del pueblo soberano, que resolvió con su voto el destino colectivo. Incluso Chávez se sometió al referéndum revocatorio del 15 de agosto 2004, en que puso en juego su cargo y resultó confirmado por 59,06% de votos. Dicho instituto está consagrado en la Constitución, es una garantía de esencia democrática que existe en pocos países. Rafael Correa también lo puso en práctica en Ecuador. Cuando la oposición decía que el objetivo de la enmienda era perpetuar a Chávez en la presidencia, se le respondió: que el derecho era igual para todos los cargos electivos (gobernadores, parlamentarios, alcaldes, etc.), que éstos serían reelectos siempre que el pueblo los votara y que existe el instituto de revocación para castigar a los malos gobernantes.
La otra característica relevante de la votación es su limpidez y transparencia, unidas a la eficacia del funcionamiento del voto electrónico, que lo hace absolutamente verificable en cada una de sus instancias y eliminando toda posibilidad de error. Esto lo confirmó el centenar de acompañantes electorales internacionales, muchos de ellos parlamentarios de la Unión Europea (que se comportaron decentemente, a diferencia del troglodita del PP español, expulsado con justa razón) y de observadores de América Latina. Un observador español, por ejemplo, señaló que el sistema tenía un altísimo grado de seguridad y verificabilidad, que se había perfeccionado en los últimos años, ya que pudo compararlo con el vigente en 2004, mientras que en España se sigue practicando el voto manual. A esto hay que agregar el comportamiento sereno y pacífico de los votantes, sin incidentes, en demostración de civismo en contraste con la accidentada campaña previa. No se registró ninguna queja en ese sentido, y la oposición reconoció su derrota. El tercer aspecto destacable es que el triunfo del SÍ culmina y constituye el corolario lógico de diez años de realizaciones positivas del gobierno bolivariano a favor del pueblo venezolano, y particularmente de sus estratos más pobres. Lo veremos en particular y mostraremos también que el triunfo del SÍ consagró la supremacía de la verdad sobre la mentira.
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