BOMBAS RADICALIZARON A ISRAEL
Pero en las elecciones de este martes, la tendencia hacia la derecha y la reducción de la izquierda fueron muy claras. La razón está clara: una respuesta directa al terrorismo.
La mejor prueba de ello está en los porcentajes de apoyo que cada uno de los partidos recibió en el sur del país, la zona hostigada por los misiles disparados desde Gaza. Allí se giró hacia posiciones mucho más conservadoras, las vistas como de línea más dura.
Fue así que en Sderot, símbolo del sur atacado desde enero del 2001 por los Qassam, el 33% apoyó al Likud, el 23% al partido de derecha Israel Beiteinu de Liberman y sólo el 12% a Kadima de Livni. El partido laborista quedó mucho por detrás.
El mismo fenómeno, aunque con otros porcentajes, se dio muy claramente en Beer Sheba, Ashkelon y Ashdod, las otras tres ciudades alcanzadas por los misiles de Hamas.
Es interesante analizar lo sucedido en las comunidades colectivas (kibutzim) del sur del país, en muchas de las cuales bajó drásticamente -en algunas casi desapareció- el apoyo al partido Meretz de izquierda. Allí, de todos modos, por tratarse en varios casos de poblaciones ideológicas, hubo presencia importante del laborismo, pero aun así, el giro hacia la derecha se notó claramente, en el pasaje de Meretz y laborismo hacia Kadima.
Al conversar esta semana con un miembro de Kadima, candidato a diputado, surgió el tema de Avigdor Liberman, jefe de un partido considerado por muchos como de extrema derecha. «Los palestinos se ganaron la radicalización de posiciones en Israel», dijo mi interlocutor. «Con los atentados, los cohetes, el hostigamiento, cansaron a la ciudadanía israelí».
En estas últimas semanas desde el fin de la guerra en Gaza, en innumerables entrevistas y conversaciones con israelíes de diferentes sectores de la sociedad y diferentes partes del país, una impresión nos resultó la más evidente.
Los ataques a Israel no lo doblegan, no fracturan la sociedad, pero tornan a la gente más desconfiada, más descreída en un futuro de paz. Pasan a partidos que consideran más exigentes en temas de seguridad, menos flexibles en lo que se refiere a cómo garantizar la mejor defensa.
Sin que esto disculpe ni por un segundo a extremistas y fanáticos, que hay también en la sociedad israelí, nos parece claro: los israelíes se radicalizan, sin duda, pero eso es producto de la sensación de que no los dejan vivir en paz.
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