Elecciones en Israel: última oportunidad para captar votos
Más de 5.200.000 ciudadanos israelíes con derecho a voto, podrán elegir hoy a su nuevo Parlamento (Kneset), de lo cual surgirá el nombre de su próximo primer ministro.
Aunque no se colocará una papeleta con el nombre del jefe de gobierno preferido, sino del partido elegido y será luego el presidente del Estado el que resuelva, según la cantidad de escaños de cada grupo, a quién encomendar la formación de la coalición las opciones son claras: Benjamin Netanyahu del Likud o Tzipi Livni de Kadima. No pocos israelíes consideran que no hay verdaderas diferencias entre ambos y que los tonos que sugieren lo contrario, son sólo para la campaña electoral. Pero también hay quienes consideran que la elección es entre una defensora del proceso de paz con los palestinos y un «halcón» opuesto a concesiones .
A éstos habrá que recordar que Livni recalca la necesidad de seguridad y llama a derribar a Hamas en Gaza y que Netanyahu, cuando era primer ministro, se retiró de Hebron y firmó el acuerdo de Wye Plantation que incluia otras retiradas graduales en Cisjordania.
Hasta hace poco, parecía que todo estaba decidido y que el resultado de las elecciones israelíes era seguro. El jefe del Likud Benjamin Netanyahu se vislumbraba como el ganador , con una ventaja cómoda aunque no enorme por sobre el partido Kadima encabezado por la actual canciller de Israel Tzipi Livni.
Pero las oscilaciones de los últimos días siempre de acuerdo a los sondeos y por ahora, por cierto, no a resultados verdaderos en las urnas redujeron esa diferencia. Lo que parecía hasta hace una o dos semanas como una victoria segura para el Likud, se ha convertido en una «batalla abierta» con Kadima, tal cual la describen en el periódico israelí en inglés «The Jerusalem Post».
Las últimas encuestas daban entre 25 y 27 escaños (de un total de 120 que tiene el Parlamento israelí. Kneset) al Likud y entre 23 a 25 a Kadima. Pero la sensación general es casi de empate.
«La victoria está a nuestro alcance», declaró Livni a la radio pública. «Si Kadima obtiene tan sólo un mandato más que el Likud, podremos formar una coalición gubernamental porque somos un partido centrista que puede reunir a la derecha y a la izquierda», afirmó.
El punto en el que confía su gente es que inclusive los votantes tradicionales del laborismo y los identificados en general con la izquierda, comprendan que «sólo Livni puede detener a Netanyahu». «Lo que cuenta no es que el laborismo o Meretz tengan algunos más, sino que Livni tenga suficientes para que sea claro que sea a ella que se le encomiende la formación de la coalición de gobierno» (ver claves).
El mensaje de Livni, que tiene aún confianza en su posibilidad de ganar, es destacar la «esperanza» por sobre la «desesperación».
«Me siento suficientemente fuerte como para hablar, en la víspera de estas elecciones, en nombre del común denominador, y no en nombre del temor, la desesperación y el odio», dijo la jefa de Kadima, dando a entender, aunque sin nombrarlos, que ese es el mensaje de los candidatos en la derecha israelí.
Lo que aumenta la tensión de cara a las elecciones, es el alto porcentaje de indecisos, que según los últimos sondeos, son por lo menos el 20% de la población. A la confusión aportan varios elementos: la creciente desconfianza en los políticos y hasta desprecio al sistema, los mensajes a menudo poco claros y demasiado difusos en ciertos temas de parte de los candidatos y la multiplicidad de ofertas, con 34 partidos disputándose la confianza del elector.
«Parecería que cuanto más vayan a elecciones, menos interés tienen en ellas», escribió el analista Amir Mizroch. Recordando que en las primeras elecciones israelíes llevadas a cabo en 1949, el 86.9% de los israelíes con derecho a voto lo usufructuaron en la práctica, el analista señaló que ya en el 2001, el número bajó al 62%, Y ahora se perfila una participación menor todavía.
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