OPINION INTERNACIONAL

FINAL SIN GLORIA

Ni siquiera Herbert Hoover en 1933 (que cedió el paso a la primera de las cuatro presidencias de Franklin D. Roosevelt) ni Harry Truman (el del punto IV del Plan de militarización continental) en 1953 suscitaron semejante rechazo. Solamente podría parangonársele Richard Nixon cuando debió abandonar la Casa Blanca por corrupción declarada. George W. Bush ha sido considerado «el dirigente más calamitoso que EEUU haya conocido».

A la hora del balance, varios periodistas han emulado en coleccionar algunos de los dislates y pifias oratorias más notorias en que incurrió el presidente en este período. La lista es regocijante y supera con creces la de algunos jefes militares de la dictadura uruguaya de triste memoria. Algunas son algo más que burradas, como al proclamar «Misión cumplida» a bordo de un portaaviones el 1º de mayo de 2003, en referencia a la guerra de Irak iniciada dos meses antes. Desde entonces pasaron casi 6 años, se acumularon miles de muertos estadounidenses y de sus aliados y centenares de miles de iraquíes, en un cuadro gigantesco de destrucción y de pillaje de su riqueza petrolera.

Este es sin duda el capítulo más condenable de toda la gestión de Bush, el que pesará sobre él como una acusación hasta el final de sus días. Porque le mintió de manera descarada al mundo entero sobre las inexistentes armas de destrucción masiva como justificación de esa Santa Alianza guerrera que fraguaron Bush (con Dick Cheney y Donald Rumsfeld a la rastra), Blair y Aznar, anegando en sangre a Irak y Afganistán. Fue más lejos que su padre, que en la primera Guerra del Golfo, en 1991, se detuvo sin llegar a Bagdad. El hijo alegó que la orden de invadir le había sido dictada por Dios, asignándole la misión de encabezar la lucha del Bien contra el Mal.

Bush es, correlativamente, el presidente de las torturas en el campo de concentración de Guantánamo (en territorio usurpado a Cuba) y en las prisiones de Abu Ghraib. El de los vuelos secretos de la CIA y el del bloqueo permanente contra Cuba. En la misma tesitura belicista, el final de su mandato sin gloria encuentra a Bush como el mayor aliado y el impulsor de la blitzkrieg israelí contra la población de la franja de Gaza, un verdadero crimen de lesa humanidad. EEUU fue el proveedor de armas sofisticadas y de uso prohibido y de municiones en proporciones gigantescas y a un costo multimillonario al ejército israelí, hasta transformarlo en uno de los mayores del mundo, que utilizó todo su poder de fuego por aire, tierra y mar para masacrar a una población concentrada e indefensa. El último acto del gobierno de Bush (y que le lega al de Barack Obama, el cual inicia hoy su gestión acompañado de una extendida esperanza de cambio) fue firmar un tratado de seguridad con Israel, que acentuará la presencia militar estadounidense en la convulsionada región, para estrechar el anillo de hierro en torno a todas las fronteras de la franja de Gaza.

Las mayores contradicciones del gobierno de Bush con América Latina se expresaron en torno al ALCA (Tratado de Libre Comercio de las Américas), que había sido diseñado en 1990 por Bush padre como un plan de predominio de EEUU desde Alaska a Tierra del Fuego. Este plan fue definitivamente enterrado en la III Cumbre de los Pueblos y IV Cumbre de las Américas, efectuada en Mar del Plata los días 4 y 5 de noviembre de 2005, con la participación decisiva de los países del Mercosur y de Venezuela. La decisión de la Cumbre la recibió Bush, allí presente, como un bofetón en pleno rostro. Ya no se habló más de este engendro, y se anuncia que morirá formalmente en la V Cumbre de las Américas este año en Trinidad-Tobago, por primera vez en un país caribeño.

Recientemente, Bush le entregó la máxima condecoración de su país a Alvaro Uribe, uno de sus escasos aliados en la región, al que apoya militarmente con el Plan Colombia, aunque fracasó rotundamente en su propósito de aprobar el TLC, que fue rechazado por el Congreso.

Bush se va en medio de la mayor crisis económica de la historia y de la mayor estafa financiera de que haya memoria, gestadas a lo largo de todo su mandato, sin que adoptara la menor medida de regulación o prevención, a pesar de que todos sus síntomas rompían los ojos de quien quisiera ver.

Por último, un símbolo: Bush recibió hace poco en Bagdad dos zapatazos. Eso es lo que piensa el mundo de su gestión de gobierno.

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