EL REGRESO DE UN VIEJO FANTASMA
Para no crear dudas sobre esta presunta verdad axiomática eligen una ignorancia selectiva. Por ejemplo, no se molestan en leer la Carta Constitutiva de Hamas porque si lo hicieran se encontrarían con un documento que postula la misma filosofía genocida del nazismo, aunque inspirada en el Corán y no en doctrinas racistas. Pero como esto iría en contra de sus esquemas prefieren no hacerlo, aunque saben que hoy en la era de Internet no existe la excusa de que los documentos son inaccesibles.
Hay que admitirlo: un viejo fantasma está de vuelta: el antisemitismo virulento de los días de Hitler. Poco importa la hoja de parra semántica: el antisionismo. Las intenciones son las mismas. Sólo hay una diferencia: antes se trataba de atacar a los individuos judíos por su nacimiento, hoy se condena implacablemente al estado de los judíos por el crimen de pretender defenderse de ataques sistemáticos contra su población civil. No cabe descartar el hecho de que detrás de estas críticas esté la esperanza inconsciente de que los enemigos de Israel lo borren lo antes posible del mapamundi.
Sin duda, a menudo se oye el argumento de que la acusación de antisemitismo es una forma fácil de acallar críticas legítimas contra la política de Israel. El argumento sería legítimo solo si quienes critican a Israel censuraran con la misma pasión flagrantes violaciones de los Derechos Humanos cometidas por otros países. Por ejemplo, en un momento en el que todos estamos conmovidos por la muerte de niños en Gaza ( utilizados casi siempre por Hamas como escudos humanos) cabe preguntar ¿ Cuántos de los manifestantes anti-israelíes se indignaron por el rapto de niños y niñas en Sudán por las milicias pro-gubernamentales para ser utilizados como esclavos sexuales? ¿Cuántos protestaron contra las violaciones sistemáticas de mujeres y adolescentes en Darfur? ¿ Cuántas manifestaciones hubo contra los rebeldes de Sierra Leona cuando éstos cortaban los brazos a niños y adolescentes? ¿Cuántos manifiestos leyeron condenando el reclutamiento forzoso de niños soldados por los rebeldes en Etiopía y en otras partes de Africa? Sin duda, nunca faltaron las manifestaciones sobre Irak cuando estaban dirigidas contra los Estados Unidos. Pero ¿ cuántos se molestaron porque unos fanáticos islamistas en la misma Irak se inmolaron en lugares públicos entre mujeres, niños y hombres de todas las edades? ¿ Cuántos protestaron por las persecuciones de cristianos por musulmanes a lo largo y ancho de todo el Medio Oriente? ¿ A quién le conmueve la miseria, el hambre y la muerte de miles por hambre o enfermedades que pudieron prevenirse en países como Zimbabwe o Corea del Norte? ¿Cuántos se conmovieron o se les ocurrió protestar contra las matanzas indiscriminadas de hombres, mujeres y niños durante la guerra civil argelina de los años noventa en la que murieron entre 150.000 o 200.000 personas? ¿ Quién de los actuales manifestantes anti-israelíes se molestó porque los cohetes Kassam de Hamas fueron disparados durante ocho años contra escuelas y jardines de infantes en el Sur de Israel?
Hay un ejemplo muy actual, pero lamentablemente no nuevo, que se publicó hoy en el «New York Times» pero que tuvo muy escasa difusión. En Kandahar, Afganistán, activistas talibanes atacaron a niñas escolares con ácido desfigurándoles la cara: su crimen, asistir al colegio de niñas Mirwais, construido por el gobierno japonés. Pero este intento de coartar el más elemental de los derechos y de imponer la barbarie por la fuerza no parece molestar demasiado a nadie. Solo Israel, en un mundo que ya no es ancho ni ajeno para nadie, es medido con una vara que no se utiliza para ningún otro país. Si esto es antisemitismo, también lo es la indiferencia o el ocultamiento de declaraciones genocidas de líderes árabes o islámicos. La relativa indiferencia de gran parte del mundo frente a las amenazas del presidente iraní Mahmud Ahmadinejad contra la existencia del Estado de Israel evoca ominosamente la pasividad del mundo cuando Adolfo Hitler lanzaba sus furibundas diatribas anti-judías en la década del treinta del siglo pasado. Del mismo modo, en el conflicto actual de Israel con Hamas, pretender ignorar la filosofía profundamente anti-judía de Hamas y al mismo tiempo adoptar una posición anti-israelí constituye un flagrante acto de antisemitismo.
¿Porqué el antisemitismo ahora? Por las mismas razones por las cuales lo adoptó Hitler, porque tiene una muy larga tradición histórica y se puede manipular fácilmente para servir a los intereses más diversos. Tan diversos, que gente que se cree de izquierda, apoya a la más reaccionaria de las causas de derecha que ha conocido la humanidad, un califato islámico del siglo VII impuesto por los buenos musulmanes a los terribles infieles del mundo lo que incluye por supuesto a la mayoría de los manifestantes anti-israelíes en el mundo.
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