¿LA HORA CRITICA DE LA BUROCRACIA?
Más que por el cada vez más retrógrado embargo norteamericano o por otras actitudes hostiles de los enemigos de siempre, los viejos líderes temen a una posible «autodestrucción» de la Revolución (al menos del modo en que ellos la concibieron) y por eso, al festejar el medio siglo de la victoria del Ejército Rebelde contra la tiranía de Fulgencio Batista, Raúl Castro ha llegado a preguntarse, creo que incluso con cierta tristeza: «¿Cuál es la garantía de que no ocurra algo tan lamentable para nuestro pueblo?», refiriéndose a una implosión a la soviética. Mientras Fidel veía a la corrupción como el principal enemigo interno, Raúl Castro parece haber ido un poco más allá en busca de las fuentes de esa corrupción que se encuentran, muchas veces, en el endémico descontrol del aparato estatal socialista y en los subterfugios de supervivencia (mucho más que supervivencia, en realidad) sobre todo del estrato social de la burocracia. A finales de diciembre, Raúl Castro hizo una revelación de las más asombrosas oídas en Cuba en los últimos años, al referirse al sobado tema de las distorsiones existentes en el sistema salarial cubano (la primera y esencial distorsión: prácticamente ningún ciudadano puede vivir de un salario estatal, lo cual genera la creación de las más disímiles estrategias de robo o de indolencia productiva), abogó por la necesidad de eliminar lo que se ha dado en llamar gratuidades indebidas y subsidios excesivos que, por supuesto, no están vinculados a derechos constitucionales como la salud pública, la educación y la seguridad social o las prácticas deportivas y el consumo cultural. Sin embargo, las «gratuidades indebidas» y los «subsidios excesivos» que ha debido afrontar la economía cubana en 2008, alcanzan el monto de los 60 millones de dólares. Esta notable cantidad de dinero muy notable para Cuba ha llegado a gastarse luego de todos los recortes a que se viera obligado el país para atravesar la agudísima crisis económica de la década de 1990 y de que se comenzaran a eliminar muchísimas gratuidades y reducir subsidios, sobre todo los que beneficiaban al conjunto de la población (elevación de los precios de los bienes culturales, del transporte público, las medicinas, la electricidad). No es casual que al mencionarse algunas de esas gratuidades (muy indebidas) se pongan como ejemplo los «planes vacacionales» de que, por años, han disfrutado trabajadores destacados (los vanguardias), los deportistas de alto nivel que, si bien no son profesionales, parecen tener derecho a vacaciones de tales, pero, sobre todo, los «planes» de que han gozado una amplísima gama de burócratas que, una y hasta más veces al año, han recibido los beneficios de vacacionar en hoteles o en villas especiales, adquiriendo bienes y servicios de manera gratuita o a precios simbólicos. Tampoco es fortuito que se recordara la posibilidad de determinados estratos sociales, de más o menos poder político o económico, que acceden a ofertas gastronómicas y, aunque no se haya mencionado, también al uso de autos y combustible, teléfonos móviles y otros muchos beneficios inimaginables para el resto de los cubanos, sólo por detentar (los privilegiados), un determinado nivel de decisión o responsabilidad en el país. Es evidente que la solución para evitar esos dispendios no está en medidas igualitarias. El jefe de empresa no tiene que vivir igual que el obrero. Pero el mecanismo regulador de los privilegios debería ser el salario real y el centinela de las prebendas el sistema de control que se pretende establecer con una Contraloría General.
Los 60 millones de dólares, ¿cuántas viviendas no construidas representan en un país donde el déficit de alojamientos supera el medio millón?; ¿cuántas salas de hospitales hoy en estado deplorable, cuántas calles intransitables, cuántas zonas con problemas de suministro de agua potable o salideros de albañales no se hubieran visto beneficiadas con algunos miles de esos millones? Pero, del otro lado del problema: ¿cómo recibirán muchos burócratas el recorte de sus privilegios y el mayor control de sus funciones? Aunque los cambios que el presidente Raúl Castro ha anunciado siguen sin llegar (al menos los que moverían un entramado económico y social necesitado de una sacudida revitalizadora), algunas cosas importantes se mueven en los sótanos de la política cubana. ¿Cuántos serán o seremos los afectados por la eliminación de determinados subsidios? ¿Cuántos se lamentarán al ver que les pisan el pie de sus privilegios? ¿Es este el verdadero comienzo de un cambio en los conceptos del sistema político y económico cubano? El año 2009 deberá traer respuestas a todas esas preguntas que, con sus soluciones, quizás alivien en algo las tensiones entre las que viven muchísimos cubanos, y aplaquen un poco la fiebre de la huida que afecta a tantos otros. (COPYRIGHT IPS)
(*) Leonardo Padura Fuentes, escritor y periodista cubano.
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