Miles contra el neoliberalismo en Porto Alegre

Más de 10.000 personas de los cinco continentes pronunciaron esta semana en Porto Alegre (sur de Brasil) un «no» al neoliberalismo, a la globalización y a la tiranía del comercio internacional, cuyo eco se escuchó en todo el mundo.

El primer Foro Social Mundial (FSM), que eligió como sede el sur del planeta, la tierra de los pobres, quiso probar si las organizaciones que se manifiestan en contra de los pilares económicos actuales tenían la capacidad de unirse y de llegar a un consenso mínimo para realizar acciones conjuntas. Para representantes de las más de 900 entidades sociales, políticas y religiosas presentes, «los problemas son transnacionales y las soluciones y la resistencia también deben serlo». Por ello, Porto Alegre significó pasar de la protesta a la acción, del ‘no’ al ‘sí’.

Esta tranquila ciudad gobernada desde hace 12 años por el Partido de los Trabajadores (PT, oposición de izquierdas) vio desfilar por sus calles un colorido grupo de indígenas, negros, campesinos, comunistas, punks, feministas, monjes hindúes, drag-queens, madres de la Plaza de Mayo o católicos de los cinco continentes. Una torre de Babel de modernos revolucionarios que consiguió milagrosamente hablar la misma lengua.

Cinco días de conferencias, manifestaciones y debates no bastaron para presentar fórmulas mágicas para la construcción de «un mundo mejor» pero sí para transformar este Foro en un evento anual, establecer una agenda de manifestaciones en las que la presencia antineoliberal está garantizada y definir una pequeña lista de prioridades comunes.

En los próximos meses, los militantes se reunirán en Washington, Génova, Quebec y Qatar para protestar frente a reuniones de instituciones financieras internacionales, participarán en la marcha por la paz en agosto en Colombia y en la semana internacional a favor de la anulación de la deuda externa de los países pobres.

En cuanto a las prioridades de acción, en Porto Alegre se acordó impulsar la reforma agraria, algo especialmente urgente en América Latina, la transformación de las instituciones financieras internacionales, la radicalización de la democracia y la abolición de la deuda externa de los países pobres.

Además, el Foro Social Mundial rechazó unánimemente el Plan Colombia, definido como «injerencia estadounidense bajo el pretexto de acabar con el narcotráfico», y apostó por una transformación política profunda que lleve a aquel país a una paz duradera.

Dentro de las víctimas del neoliberalismo, los agricultores tuvieron un protagonismo especial. El Movimiento brasileño de los Sin Tierra (MST), la organización Vía Campesina y el militante francés José Bové invadieron el pasado viernes un laboratorio de transgénicos a 300 km de Porto Alegre.

A Bové ese acto de rebeldía casi le valió la expulsión de Brasil por comportamiento poco digno e indirectamente le convirtió en el rostro de la lucha antineoliberal. «Todos somos José Bové», estaba escrito en la gran pancarta que presidió la ceremonia de clausura.

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