UN DISCURSO QUE ES HISTORIA
La primera idea-fuerza es la continuidad del proceso revolucionario. En el inicio se concibe el asalto al Moncada y la revolución en que por primera vez el pueblo cubano tomaba el poder político como la culminación exitosa de las luchas independentistas del siglo XIX. En el período intermedio, Julio Antonio Mella, «uno de los fundadores de nuestro primer partido comunista y creador de la Federación de Estudiantes, se convierte en heredero legítimo y puente que une el pensamiento martiano y las ideas más avanzadas» de la época.
Hay en segundo término una valoración de las conquistas de la revolución, que constituyó «un justiciero cataclismo social que tocó todas las puertas». Las leyes revolucionarias, que superaron con creces el programa del Moncada, están mencionadas en forma sobria y austera (que fue por otra parte una característica marcada de la celebración). Hay una referencia implícita a la reforma agraria y a los logros en la salud y la educación, así como su proyección internacionalista a otros países, no sólo de América Latina.
Raúl Castro se limita a señalar que estas realizaciones «sentaron un precedente para los pueblos de nuestra América que hace 200 años iniciaron el movimiento emancipador del colonialismo», que a partir de la revolución cubana «la historia americana tomó rumbos diferentes» que esa fue la obra colectiva del pueblo y que «millones de cubanas y cubanos han sido trabajadores, estudiantes, soldados, o simultáneamente las tres cosas, cuantas veces las circunstancias lo han exigido». El concepto está ilustrado con un verso de Nicolás Guillén («Tengo lo que tenía que tener»), que alude no a riquezas materiales sino a ser dueños del destino propio.
Estas victorias son más meritorias porque se alcanzaron en lucha permanente contra el imperio, «a pesar del odio enfermizo y vengativo del poderoso vecino». La enumeración de las agresiones es reveladora: fomento al sabotaje y al banditismo, invasión de Playa Girón, bloqueo desde 1962 y agresiones económicas, políticas y diplomáticas, campañas calumniosas, crisis de octubre 1962, secuestros y ataques a embarcaciones y aeronaves civiles, terrorismo de Estado con su terrible saldo de 3478 muertos y 2099 incapacitados, cientos de planes de atentados contra Fidel Castro y otros líderes, asesinatos de obreros, campesinos, pescadores, estudiantes, diplomáticos y combatientes cubanos, todo ello con el propósito de «apagar a cualquier precio la luz de justicia y decoro que significó la alborada del 1º de enero». En toda circunstancia, resistir fue la palabra de orden. «Cuando nos quedamos absolutamente solos en medio de Occidente a 90 millas de EEUU, decidimos seguir adelante». Esto queda registrado como una de las mayores proezas en la historia de la humanidad.
Hoy Cuba no está sola frente al imperio de este lado del océano, dijo Raúl Castro, como ocurrió cuando por presión directa de EEUU fue expulsada de la OEA en la conferencia de cancilleres de San Rafael en enero 1962. Aquí aparece una revelación importante: esa expulsión era el preludio de la invasión militar directa por parte de EEUU (después de su fracaso en abril 1961 en Playa Girón), y ello fue impedido por el despliegue de los cohetes nucleares soviéticos, lo que desembocó en la crisis de los misiles de octubre 1962. Han pasado 46 años. «Hoy la revolución es más fuerte que nunca y jamás ha cedido un milímetro en sus principios, ni en los momentos más difíciles», señaló el presidente.
Su conclusión final es la unidad de los revolucionarios y de todo el pueblo. Recordó que «desde el 10 de octubre de 1868, la desunión fue causa fundamental de nuestras derrotas» y como contracara, «a partir del 1º de enero de 1959 la unidad forjada por Fidel ha sido garantía de nuestras victorias; nuestro pueblo logró mantenerla frente a todos los avatares e intentos divisionistas». Ello es imprescindible cuando los peligros están muy lejos de desaparecer y se enfrenta «un enemigo agresivo, dominante y traicionero» ante el cual no hay que dejarse arrullar ni reblandecerse con sus cantos de sirena. «Aprendamos de la historia», dijo significativamente Raúl Castro, para culminar con esta sentencia: «Los mambises de hoy no se desarmarán ideológicamente ni dejarán caer la espada», lo que fue acogido por la mayor ovación de la noche, junto al llamado a los jóvenes a impulsar el proceso revolucionario.
Te recomendamos
no cierra
Las explicaciones de Adorni de su incremento patrimonial: pendrives con bitcoins y dinero aparecido del padre
El jefe de Gabinete de Milei sigue enredándose en su propia madeja de explicaciones sobre el suntuoso incremento patrimonial que le fue descubierto desde que es funcionario público. Ahora, dice haber encontrado US$500.000 en un pendrive.
Compartí tu opinión con toda la comunidad