Guzmán se opuso a que fuera juzgado en el exterior

El juez que arrestó al ex dictador de Chile

Guzmán procesó y arrestó este lunes a Pinochet por la autoría intelectual de 75 fusilamientos de militantes de izquierda, a manos de una comitiva militar que recorrió el país en las semanas que siguieron al golpe de Estado que lo llevó al poder en 1973, en el caso conocido como «la Caravana de la muerte».

El magistrado había resuelto sorpresivamente el encausamiento formal y la detención del ex presidente de facto el 1º de diciembre de 2000, pero ambas medidas habían quedado en suspenso por orden de la Corte Suprema, mientras el acusado era sometido a exámenes médicos y a un interrogatorio.

Guzmán fue desginado en enero de 1998 como ministro especial por la Corte de Apelaciones chilena para que acumulara en un solo proceso todas las querellas contra Pinochet, por ese entonces detenido en Londres a pedido del juez español Baltasar Garzón, que pretendía enjuiciarlo por los delitos contra los derechos humanos cometidos durante su dictadura (1973-1990).

El magistrado chileno, que desde entonces se ha ganado la antipatía y el cuestionamiento de la derecha opositora que respalda a Pinochet, y los aplausos de los familiares de las víctimas del régimen, se opuso desde un principio a la eventualidad de que el ex presidente fuera juzgado en el extranjero.

«Tenemos leyes muy categóricas donde prevalece el principio de la territorialidad», señaló el juez chileno, quien tras la detención del ex dictador en Londres, en octubre de 1998, coincidió con la postura del Gobierno de Eduardo Frei (1995-2000) y afirmó que «de ninguna manera» podía ser enjuiciado en Europa.

Tres días después del regreso de Pinochet –liberado por razones humanitarias en Londres– a Chile, el 3 de marzo de 2000, el juez emprendió una ofensiva que pasó por la Corte Suprema, privó al ex dictador de su inmunidad como senador vitalicio el pasado 8 de agosto abriendo la puerta a un proceso judicial en su contra, y culminó este lunes con la decisión de procesarlo y arrestarlo.

De 61 años y aspecto de aristócrata, Juan Guzmán Tapia nació en un medio intelectual donde su padre, el poeta Juan Guzmán Cruchaga, recibió el Premio Nacional de Literatura en 1962 y era en su hogar frecuente interlocutor de escritores, artistas, sacerdotes y diplomáticos.

Bajo esta influencia, a los 15 años el futuro juez se interesó en la lectura de Platón, Aristóteles y otros filósofos clásicos, hasta que en 1967, cuando terminaba sus estudios para convertirse en abogado, partió con una beca a la Universidad francesa de La Sorbonne, a estudiar Filosofía del Derecho.

Una tarde hizo «auto stop» en París. La joven Inés Watine detuvo su Citroën y así fue como el estudiante chileno conoció a su actual esposa, proveniente también de un medio aristocrático y sobrina del obispo integrista Marcel Lefebvre, según afirman fuentes familiares.

De regreso en Chile, Guzmán Tapia quiso seguir las huellas de su padre y escribió una novela que tituló «Los Pobres de Espíritu», inspirada en sus vivencias de las calles de París, cuando los estudiantes quisieron cambiar la sociedad e hicieron tambalear al Gobierno del general Charles de Gaulle, en mayo de 1968.

Chile también vivía una época inquieta y, según relatan fuentes de su entorno, Guzmán Tapia visitó al presidente socialista Salvador Allende después de su elección en 1970, para manifestarle su deseo de entrar al Poder Judicial.

«¿Usted es de los nuestros?», preguntó Allende, al evocar la figura del progenitor de su visitante, el poeta Guzmán Cruchaga.

«No, presidente», respondió Guzmán Tapia, con su habitual franqueza, pero al poco tiempo recibió su primer nombramiento como juez letrado en una localidad del sur chileno.

Su carrera lo aproximó al centro del país, en ciudades como Talca y Valparaíso, y en 1989 fue designado miembro de la Corte de Apelaciones de Santiago, cargo que desempeña en la actualidad.

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