MAS ARABES QUE LOS ARABES
Veamos algunas noticias de la prensa árabe editada en inglés: a comienzos de diciembre, hubo manifestaciones de estudiantes frente al Ministerio de Relaciones Exteriores iraní y frente a la oficina de negocios egipcia en Teherán, en las que hubo llamados a matar al presidente Mubarak por su negativa a abrir el cruce de Rafah y por su silencio «ante los crímenes de Israel contra los palestinos». Los manifestantes tiraron bombas incendiarias contra la oficina egipcia y exhibieron fotos del asesinato del presidente egipcio Anwar Sadat.
Los principales diarios conservadores del régimen iraní «Kayhan» y «Jomhouri-ye Estame» acusaron al régimen egipcio de traición y formularon un llamado al pueblo egipcio a derrocarlo.
El editor de «Kayhan» Hossein Shariatmadari, que está estrechamente relacionado con el líder supremo iraní Ali Khamenei, elogió a Khaled Islambouli, el asesino de Sadat y dijo que algunos buenos árabes deberían seguir su ejemplo.
Egipto protestó ante la oficina de negocios iraní en Teherán y, según el diario kuwaití «Al Jarida», el presidente egipcio Mubarak advirtió, en una reunión de su partido, contra las aspiraciones persas en la región y contra «la intención persa de devorar a los países árabes». Por su parte, el canciller egipcio Ahmed Aboul Gheit, en declaraciones para el diario «Al Akhbar», dijo que Teherán manipula los sentimientos de los pueblos árabes y palestinos, usando el problema palestino cada vez que tiene un problema con los Estados Unidos y con Europa. Del mismo modo, lo usa cuando intenta presionar a Egipto, Arabia Saudita o Jordania.»
El ministro de Relaciones Exteriores egipcio agregó que, «al utilizar a los palestinos, Irán actúa en su propio interés y no para beneficio del pueblo palestino. Lamentablemente, subrayó, algunos palestinos son marionetas manejadas por Irán. La única contribución de Irán a la causa palestina consiste en falsedades, cuentos y mentiras.»
Irán, por su parte, declaró que no enviará representantes al Cairo a una conferencia islámica sobre ayuda a la Franja de Gaza, en la que debían participar Egipto, Irán e Indonesia. Un diplomático iraní admitió que el boycott a la conferencia se debe a la creciente tensión entre Irán y Egipto.
Por otra parte, un grupo de influyentes clérigos egipcios rechazó una invitación de colegas iraníes a visitar Teherán y la ciudad santa shiíta de Qom.
El editor en jefe del diario egipcio «Al-Ahram», Osama Saraya escribió: «Irán, en su estupidez, no encontró nadie mejor para acusar de la situación en Gaza que a aquellos que tomaron medidas serias, objetivas y prácticas para poner fin al sitio de Gaza (es decir, la parte egipcia). Egipto no merece los insultos iraníes ni las maldiciones de los Guardias Revolucionarios y otros influyentes círculos de Irán. Todos ellos tienen el aval de Ali Khamenei o de Ahmadinejad por más que pretendan que los insultos proceden de círculos marginales o extremistas. Todo en Irán está bajo el control de ambos líderes». El periodista termina su artículo con una advertencia : «Extremistas iraníes, tengan cuidado. Están jugando con un fuego que finalmente terminará quemándolos».
Por su parte, el diario «Al Gumuriya» llama al retiro del embajador de Egipto en Teherán y acusa al régimen iraní de querer apoderarse del Golfo Pérsico, secuestrar el tema palestino uniéndolo al problema nuclear iraní y ubicar a tantos shiítas como sea posible en posiciones de liderazgo en países árabes. El problema de El Cairo con Irán es que plantea una amenaza a la seguridad nacional de los árabes.»
Los sauditas están no menos enojados con los iraníes que los egipcios. En un artículo titulado sugestivamente «Irán ¿amenazante o amenazado? El periodista saudita Mahari al-Zaydi escribe en «Asharq Alawsat»: «El programa nuclear iraní es una fachada que oculta muchos secretos relativos a su ambición imperial… El tema central de la estabilidad regional tiene que ver con los resultados de la batalla política e ideológica y el conflicto de intereses entre Irán y los países árabes, que tienen una muy clara idea de la amenaza que les plantea la ambición iraní».
La ira de los países árabes es comprensible. Usando como ariete de penetración en el mundo árabe la cuestión palestina, los persas shiítas, juegan a ser más árabes que los árabes, más combativos que los más aguerridos extremistas, más duros que los islamistas árabes más recalcitrantes. Les enfurece que el odio anti-israelí que ellos cultivaron con tanta persistencia y tan refinada hipocresía, sea utilizado brutalmente por un país no-árabe en su contra. Por lo demás, ellos conocen por su experiencia histórica el juego de intrigas que deben enfrentar.
No es de buen tono mencionarlo entre países islámicos hermanos pero, cuando en el pasado lo jugaban las potencias occidentales solía tener un nombre muy conocido: imperialismo.
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