LOS NEOTALIBANES
Hoy, fuerzas neotalibanes, alentadas por árabes, chechenos, pakistaníes y otros combatientes extranjeros, están intentando volver a tomar Afganistán, usando las mismas tácticas terroristas que Al Qaeda en Irak: asesinatos de civiles, kamikazes y bombas.
Como otros grupos islamistas Hamas y Hezbolá, por ejemplo los talibanes actúan localmente y llevan adelante una violenta campaña para implantar la Sharia islámica, pero piensan globalmente. Proclaman la destrucción de Estados Unidos, Israel y de sus aliados europeos de la OTAN.
La agenda fundamentalista de los talibanes es conocida y brutal. Las niñas no pueden ir a la escuela. Las mujeres no pueden salir de sus casas si no están cubiertas de pies a cabeza con un burka y siempre acompañadas por un varón. Se prohíbe cantar, bailar, escuchar música, mirar televisión, deportes e incluso volar cometas, pasatiempo nacional afgano. Rezar cinco veces al día es obligatorio.
Aquellos que transgreden esas normas están sentenciados a amputaciones o ejecuciones. Le sucedió a miles durante el período que controlaron el gobierno de Kabul.
En los últimos tiempos ya destruyeron 252 escuelas, en la mayoría de las cuales niños y niñas estudiaban juntos, y hasta llegaron a lanzar ácido a la cara de las niñas que iban camino a una escuela.
La creciente influencia del movimiento talibán hace temer que puedan volver a conquistar el poder en Afganistán, del que fueron expulsados en 2001 tras una intervención liderada por Estados Unidos y la OTAN. Según un informe del Consejo Internacional de Seguridad y Desarrollo (ICOS), los talibanes han incrementado considerablemente su poder en el último año.
El incremento del poder talibán significa que en estos momentos tienen una presencia permanente y hacen ingobernable un 72% del territorio de Afganistán y una presencia sustancial en otro 21%. Sólo en el restante 7% se puede considerar que su presencia es ligera. El mapa de esa presencia se ha elaborado combinando los datos de ataques insurgentes y las percepciones de los residentes locales.
Esa presencia se está incrementando también en la capital, Kabul, con asaltos a objetivos de alto valor simbólico como hoteles y embajadas y la introducción del sistema de secuestro de occidentales o su asesinato. Fuera de Kabul, el ataque más simbólico ha sido el que se produjo en la prisión de Kandahar, que se convirtió en un valioso factor de propaganda para el movimiento.
El presente año fue el peor para las fuerzas internacionales en Afganistán desde su llegada a este país, en 2001, para expulsar a los talibanes del poder: unos 287 soldados extranjeros murieron, así como mil policías y militares afganos y más de 2.000 civiles.
La OTAN tiene desplegados en el país unos 48 mil miembros de la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad (ISAF), entre ellos 18 mil estadounidenses. Estados Unidos cuenta además con otros 15 mil militares, al frente de la misión antiterrorista Libertad Duradera. Se estima que hoy operan unos 70 mil efectivos extranjeros.
El gobierno de Barack Obama podría enviar el año próximo un contingente adicional de entre 20 mil a 30 mil soldados a Afganistán, con lo que doblaría sus efectivos cifrados actualmente, según afirmó el jefe del Estado Mayor estadounidense, el almirante Mike Mullen.
Esta decisión responde a las peticiones de los mandos militares, que encabezados por el general David McKiernan, comandante de las tropas de Estados Unidos en Afganistán, habían pedido refuerzos de al menos 20 mil soldados para hacer frente a la creciente amenaza del movimiento talibán. Sumados a los soldados de otros países desplegados en el marco de la ISAF, las tropas extranjeras en Afganistán estarían cerca de los 100 mil efectivos en 2009.
Esa cifra sería comparable a la de los soldados soviéticos desplegados en el mismo terreno en los años 80 (entre 100 mil y 160 mil, según las épocas y las estimaciones). Sin embargo, la masiva ocupación del territorio afgano no fue suficiente para que los soviéticos controlaran el país. En diciembre de 1979, la Unión Soviética invadió Afganistán, país que abandonó 15 años después sin haber logrado vencer la resistencia de los muyaidines afganos, pese a ese importante despliegue militar.
Hoy los neotalibanes han sabido adaptarse a los nuevos tiempos de la mano de los yihadistas que llegan de varios puntos del planeta. Las canciones revolucionarias ensalzan a quienes anteriormente habían prohibido todo tipo de música; los videos relatan las hazañas de la insurgencia, que lucha para erradicar todas las imágenes de objetos animados; y mediante Internet y los teléfonos móviles se promueve una organización que ataca y amenaza globalmente. Estos grupos neotalibanes inscriben su guerra en la llamada «Batalla del Fin de los Tiempos», anunciada por el Profeta en el Corán, donde el primer objetivo es expulsar al invasor occidental de Afganistán, Pakistán e Irak, y luego liberar Palestina, lo que preparará el terreno para la llegada del Mahdi, o Mesías, en suelo liberado y musulmán. Si bien los ataques a población civil abierta son terrorismo puro, la concepción general de la estrategia militar talibán tiene las bases de una guerra flexible, irregular y asimétrica donde caben todas las combinaciones posibles: despliegue de las fuerzas políticas de masas con las fuerzas militares y la transformación de unas en otras; guerrillas y milicias locales con tropas regulares; guerra de guerrillas con insurrecciones urbanas; guerra de movimientos y de posiciones, con insurrecciones generales; guerra de liberación nacional con cruzada religiosa. En el Islam, lo religioso y lo político forman parte de la misma cosa. El fundamentalismo no actúa bajo la lógica de Occidente, por ello su combate resultará difícil, lento y doloroso.
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