CUBA EN EL CORAZON DE AMERICA
El reclamo del cese del bloqueo a Cuba fue acordado por la unanimidad de los 33 países que participaron en la Cumbre de América Latina y el Caribe sobre Integración y Desarrollo (CALC), del mismo modo que la incorporación de la isla al Grupo de Río fue decisión colectiva de todos los integrantes de ese mecanismo de concertación política, continuador del Grupo de Contadora, que en el pasado probó su eficacia en el logro de la paz en varios países de América Central y se reavivó últimamente con sus resoluciones sobre la crisis generada por la invasión de tropas colombianas a Ecuador el pasado 1º de marzo. De alguna manera, ello contribuyó a revertir la exclusión de Cuba del sistema interamericano, impuesta a forceps por el imperio del norte en la Conferencia de Cancilleres de enero de 1962 en San Rafael, Uruguay. En cuanto al bloqueo a Cuba, las resoluciones de los países de la región afianzaron la convicción, hoy extendida al mundo entero, de que constituye un resabio del pasado carente de la mínima justificación legal, que causa perjuicios inauditos a Cuba pero también a terceros países y a los propios Estados Unidos y que debe cesar sin más trámite. Este tema será planteado a Barack Obama en cuanto asuma, lo mismo que es valor entendido a nivel universal y reafirmado en la reuniones a que aludimos que no puede mantenerse el centro de torturas de Guantánamo, en territorio usurpado a Cuba, donde es una constante la violación de todos los derechos humanos. Esto no da para más. Le Monde habla en su última edición internacional del «imbroglio político-jurídico de Guantánamo».
Todos los comentarios han hecho centro en un hecho realmente notable que marcó las reuniones de Bahía: es la primera vez en 200 años que los países latinoamericanos y caribeños se reúnen entre sí en su totalidad, y sin la presencia de EEUU. Raúl Castro declaró luego de su reunión bilateral con Lula, el jueves 18 en Brasilia, que estos encuentros fueron «sin duda de una importancia gigantesca, pues por primera vez los pueblos de América Latina se autoconvocaron y se reunieron sin la presencia de países imperialistas».
Correlativamente, se afirmaron los organismos de integración de la región. Esto fue particularmente claro en el caso de Unasur, que incluye a la totalidad de los países de la América sureña, incluidas Surinam y Guyana. Tras su fundación el 23 de mayo en Brasilia, la Unasur adquirió carta de ciudadanía por su investigación exhaustiva sobre la masacre de Pando, en Bolivia. El tema fue reafirmado en la reunión de Costa do Sauípe, en respuesta a planteos de la oposición boliviana que apuntan a exculpar a los responsables de este crimen múltiple y a impedir el referéndum confirmatorio de la nueva Constitución el 25 de enero próximo.
Lo realmente trascendente es que surgió la idea de agrupar en un todo único a los diversos organismos de integración de las naciones de las Américas, dejando al margen a Estados Unidos. La Declaración de Salvador, tras la Cumbre del CALC, subraya la importancia de fortalecer los múltiples organismos regionales y subregionales de integración y las acciones concertadas a desplegar en los campos de la energía, la infraestructura física, el desarrollo social, la erradicación del hambre y la pobreza, la seguridad alimentaria y, en general, la cooperación sur-sur, a fin de «profundizar la coordinación de posiciones para proyectar una visión común de América Latina y el Caribe en diálogos externos». El punto 19 destaca las acciones del grupo Bicentenario para valorar los aspectos comunes de la gesta independentista y agrega que las mismas «contribuyen a generar conciencia acerca del pasado compartido por pueblos de las Américas y a fomentar la proyección de un futuro que los encuentre integrados en la diversidad».
En esos marcos adquiere extraordinaria importancia la reunión bilateral de los presidentes Raúl Castro y Lula, con sus equipos de gobierno, celebrada en Brasilia el jueves pasado. Allí se impulsaron un conjunto de acuerdos sobre aspectos muy diversos, con inversiones brasileñas en varios campos y recíprocamente con aportes de la excelencia tecnológica cubana en sectores de punta como la nanotecnología y en especialidades médicas como el combate a la malaria, por ejemplo. Esto merece verse en detalle, así como otras propuestas formuladas por Raúl Castro sobre las relaciones de su país con Estados Unidos.
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