La Unión Sudamericana puesta a prueba en Cumbre de Brasil
El tema de la elección del secretario general para el organismo ha generado un verdadero impasse por la oposición de Uruguay -uno de los cuatro miembros fundadores de Unasur- a la candidatura del ex presidente argentino Néstor Kirchner que es la opción propuesta por una mayoría de los países.
Uruguay condiciona el apoyo a la candidatura de Kirchner a que se levante un bloqueo de tiene más de dos años de un paso fronterizo por parte de ciudadanos argentinos que protestan por la instalación de una planta de celulosa en territorio uruguayo sobre el limítrofe río Uruguay, al igual que el dragado por parte de Argentina de pasajes de ese cauce.
«Ninguna de las dos condiciones se cumplió, por lo que no hay condiciones para apoyar la candidatura de Kirchner», dijo en Montevideo una fuente oficial uruguaya para explicar la posición del gobierno de Tabaré Vázquez.
Las versiones de que Unasur se decidirá a proponer un candidato por mayoría y no por consenso podría generar un grave malestar para el gobierno de Montevideo, decidido a mantener una posición firme sobre el tema.
Unasur, que tuvo su piedra fundacional el 23 de mayo en Brasilia, ha mostrado algunos problemas en su arranque, y la situación se complicó aún más con la mediación que realizó en setiembre pasado en Bolivia en el enfrentamiento entre el gobierno de Evo Morales y una tenaz oposición regional.
Por una razón de institucionalidad, Unasur respaldó a Morales en el conflicto y posteriormente realizó un informe sobre una matanza en el norte de Bolivia que para la oposición resultó totalmente parcializado en favor del presidente indígena boliviano.
Tanto así que este domingo el Senado boliviano, con mayoría opositora, solicitó a los mandatarios de Unasur «una nueva investigación con actores imparciales» de la muerte en septiembre de al menos 20 campesinos.
En una carta abierta a Unasur, el presidente del Senado, Oscar Ortiz, rechazó el informe con el argumento de que «ha sido claramente direccionado a sostener una hipótesis: la del gobierno», que responsibiliza de la masacre a sectores de derecha.
Ortiz afirmó que el informe de Unasur es «incompleto e insustancial» y que padece de «ausencia de equilibrio» y está plagado de «contradicciones».
«La comisión de Unasur, ha obrado precariamente desde la perspectiva de una apropiada investigación penal, no ha desarrollado las labores mínimas requeridas para validar una investigación independiente y finalmente ha actuado con parcialidad en contra de las más elementales reglas del Derecho Internacional», argumentó en la misiva.
La politóloga boliviana Susana Seleme señaló por su parte que el informe es «infame, burdo, malintencionado y abiertamente a favor del gobierno».
«Al gobierno de Morales lo respaldan sus cómplices, entre ellos Unasur. La parcialidad política para emitir y dictaminar juicios es una amenaza a la naciente Unasur», señala Seleme.
Unasur, cuya formación fue evocada por primera vez en diciembre de 2004 en la ciudad peruana de Cusco, siempre pareció un paso natural pues era unir al Mercosur y a la Comunidad Andina que iban en un proceso integrador acelerado, e incorporar a Guyana y Surinam.
Pero la realidad ha desmentido este aserto en una región donde los conflictos bilaterales traban ese proceso de integración.
Y el desinterés fue evidente cuando en octubre pasado se intentó poner en Bolivia las bases para un Parlamento de Unasur, un hecho que pasó prácticamente inadvertido.
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