ANALISIS INTERNACIONAL

UN GOBIERNO DE "CLINTONITAS"

El demócrata Obama, más que un hombre cargado de ideologías es un político pragmático, realista. Los nombramientos de sus hombres de confianza así lo atestiguan a medida que se conocen. Su equipo económico está compuesto por «clintonitas» moderados, técnicos más que políticos, de capacidad probada en la administración del ex presidente Bill Clinton (1993-2001), mucho más preocupados en la obtención de resultados que en la defensa de principios ideológicos, sean éstos intervencionistas en la línea keynesiana o liberales de la escuela de Chicago, más aún cuando la crisis financiera apremia.

Casi todos los nominados tienen una relación con la administración del ex presidente demócrata.

La nueva administración «Clinton de Obama», «La era Clinton: ¿Segunda parte?», «Se vuelve a lanzar la banda Clinton», «Clinton + Obama = mucho drama», son algunos de los titulares que empiezan a circular en Washington.

En la blogósfera, una fuente clave de apoyo para Obama, los comentaristas se quejan de que si hubieran querido el regreso de los «Clinton» a la Casa Blanca hubieran votado por Hillary.

Algunos críticos dicen que es otro período Clinton, disfrazado de Obama, pero otros analistas aseguran que esto es simplemente la elección de un gobierno sólido, que es lo que el país necesita en un periodo de recesión.

A sus 61 años, la ex primera dama y senadora estadounidense Hillary Clinton es, sin duda, la clave del pragmatismo de Obama. Liderará la política mundial de Washington, como futura secretaria de Estado.

Sus compatriotas ­partidarios o críticos­ la daban por fracasada cuando perdió las primarias demócratas ante Obama, pero fue precisamente su ex rival quien le tendió la mano y la puso en uno de los puestos más influyentes de la administración.

Esa mano supone también un regalo envenenado. Hillary Clinton tendrá muchas dificultades para criticar a la administración Obama si forma parte de ella.

«Florece allá donde seas plantada» es sin embargo la filosofía de Hillary Clinton, según el sitio Internet de análisis Politico.com. El tiempo dirá quien de los dos gana.

La ex primera dama tiene una capacidad sorprendente para pasar página, centrarse en lo siguiente y adaptarse, explicó en un debate el ex portavoz del presidente Bill Clinton, Howard Wolfson.

Convertir en victorias políticas las derrotas es claramente una de sus especialidades. Primero lo hizo al perder de formar clamorosa el debate público en 1993 para crear un plan de cobertura sanitaria en su país, un encargo de su propio marido que no pasó de proyecto.

Pero cuando demostró su entereza de forma sorprendente fue durante el humillante escándalo sexual de su marido Bill Clinton con una becaria, Mónica Lewinsky, durante sus últimos años en la Casa Blanca.

Lejos de esconderse, Hillary perdonó a su marido para luego lanzarse a la candidatura como senadora de Nueva York, que ganó fácilmente y que muchos presentían ya como un trampolín a la presidencia.

Esa reacción, que algunos estiman calculada, podría explicar la fascinación de la opinión pública estadounidense con esta pareja de políticos sin igual, en una saga que algunos analistas advierten que podría continuar algún día con su hija, Chelsea Clinton.

«Mi implicación será la misma que la que siempre tuvimos uno hacia el otro en lo concerniente a nuestro trabajo. Todos los años durante los cuales fui gobernador y luego presidente, hablaba todo con ella», aseguró sin parpadear Bill Clinton a la cadena de televisión CNN.

El ex presidente aseguró que está dispuesto a ceder sin chistar el lucrativo puesto de filántropo internacional, al frente de su fundación, para plegarse a las exigencias del cargo de su esposa.

Hillary tan sólo habla inglés, pero sus viajes a unos 90 países durante su etapa como primera dama le dan un buen punto de arranque como secretaria de Estado.

En Oriente Medio se define claramente como pro-israelí, partidaria de una línea dura con Irán. Votó a favor de la invasión de Irak, pero luego criticó la decisión de abrir una cárcel en Guantánamo y los errores militares tras la victoria inicial.

«Sabemos que nuestra seguridad, nuestros valores y nuestros intereses no pueden ser protegidos únicamente mediante la fuerza, ni tampoco por los estadounidenses solos», explica actualmente.

Además, trabajó de forma abierta con sus rivales republicanos en los últimos ocho años como senadora, dentro del Comité de Asuntos Militares, lo que sugiere que tiene dotes negociadoras en crisis internacionales, añaden sus partidarios.

Pero sus críticos aducen que esa fue solamente una manera hábil de sobrevivir en la jungla política estadounidense, a la espera de su oportunidad para saltar a la palestra de nuevo.

La ex primera dama es sello de la administración de su esposo, quien ha dicho que no dudará en aconsejarla, cuando asuma en el gobierno de Obama.

Un presidente, en gran parte, termina siendo su gabinete y su círculo cercano de asesores. Y la próxima administración tendrá un buen número de políticos que ocuparon cargos importantes en el gobierno de Clinton, con la ex pareja presidencial incluida.

Según la revista Político, 31 de los primeros 47 puestos del equipo de transición o cargos del gabinete han ido a parar a manos de antiguos colaboradores de Bill Clinton.

Además, todos menos uno de los 12 integrantes del Consejo Directivo del Equipo de Transición entran dentro de esa categoría

Con ocho años en el poder, todo experto cercano al pensamiento demócrata pasó de algún modo por las filas de la administración Clinton. Y, al igual que el presidente Abraham Lincoln, Obama está dispuesto a sumar todos en un gobierno pragmático y centrista.

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