MONDO CANE
Tener un cuerpo perfecto con la clásica forma de un reloj de arena podría no ser tan beneficioso como se pensaba, para las mujeres, según afirma una antropóloga estadounidense.
Elizabeth Cashdan, de la Universidad de Utah, ha concluido en sus estudios que las hormonas que hacen a las mujeres físicamente más fuertes, competitivas y capacitadas para lidiar con el estrés tienden a redistribuir la grasa de sus caderas hacia la cintura.
Por este motivo, en las sociedades en las que las mujeres tienen la carga de llevar el alimento al hogar, las figuras a lo Marilyn Monroe tienen un menor atractivo, según el estudio publicado por Cashdan del que se hace eco Fox News.
Hasta ahora se pensaba que tener una cintura de avispa (con un talle 0,3 veces más estrecho que las caderas) era un sinónimo de éxito, ya que se asociaba con una mayor fertilidad y menores tasas de enfermedades crónicas y, según varios estudios, era el cuerpo preferido por la mayoría de los hombres.
Las mujeres mayores de 55 años son «invisibles» en la televisión británica, declaró hoy la presentadora de televisión y escritora inglesa Joan Bakewell.
Según la respetada conductora, de 75 años, es «insalubre» que los canales de Gran Bretaña no representen a toda la población, incluidas las integrantes de la llamada tercera edad.
«Se trata de un tema de igualdad legítima el hecho que las mujeres mayores aparezcan en la televisión. No es justo que haya hombres mayores en la pantalla, y nosotras, las mujeres de más de 55, seamos invisibles», declaró la autora, que fue nombrada por el gobierno como la «Voz de los Ancianos».
«La población debería ser representada en la pantalla en todas sus formas, colores, sexualidad y género», agregó.
Martha «Sunny» von Bulow, la heredera multimillonaria que fue eje de un caso criminal llevado a la pantalla en 1990 por Barbet Schroeder, murió ayer a los 76 años en una clínica del Upper East Side de Nueva York, tras haber permanecido en coma durante casi 30 años. En diciembre de 1980, mientras se hallaba con su familia en su residencia de Newport (Rhode Island), Sunny von Bulow que tenía antecedentes de depresión y alcoholismo, y era diabética cayó en coma y nunca más volvió a despertarse. Su marido, Claus von Bulow, fue acusado de haber provocado el estado de su esposa al intentar asesinarla con una sobredosis de insulina; fue condenado y luego absuelto.
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