ANALISIS INTERNACIONAL

¿Y LOS MUSULMANES MODERADOS?

Los musulmanes moderados son millones. Pero si la mayoría está callada y no condena los ataques, lo único que hacen es darle cobertura a los fundamentalistas que no quieren la paz, en definitiva su silencio es una complicidad con el terrorismo, con la muerte. Es cierto que la gran mayoría de árabes y musulmanes viven en países dominados por regímenes intolerantes y opresores, en donde la democracia es una utopía. Y en los pocos países relativamente libres ­Bangladesh, Malasia, Indonesia­ no hay protección contra el largo brazo del islamismo militante.

El Islam es una religión que ha jugado un importantísimo papel en la historia de la humanidad. Pero la realidad es que en los últimos años millones de musulmanes y árabes resultaron muertos y masacrados a manos de sus propios hermanos. Hay actualmente un genocidio silencioso en marcha contra los musulmanes moderados, los que quieren vivir en paz

En realidad, hasta en Europa puede ser peligroso desafiar al fascismo religioso. Esta historia es larga y se repite. Hace tiempo ya, en 1989, el ayatolá iraní Jomeini exigía la muerte del autor británico Salman Rushdie. Semejante ataque frontal a la libertad de expresión debería haber provocado la reacción de millones de musulmanes y la condena del régimen de los ayataloes. Pero, Rushdie tuvo que esconderse mientras que la mayoría de intelectuales occidentales se convencían a sí mismos que ese problema no era asunto suyo.

Desde ese día y quizá en parte como consecuencia de ello, el cineasta holandés Theo Van Gogh fue asesinado por hacer una película que algunos musulmanes hallaron ofensiva. Los periodistas daneses que se atrevieron a publicar caricaturas satirizando la radicalización del islam han sido amenazados. En Jordania y Yemen, los editores que pensaron que sus lectores merecían juzgar las caricaturas por sí mismos fueron encarcelados. El encarcelamiento como rutina y la tortura de los disidentes en Irán, Siria y Arabia Saudita casi nunca provoca que los funcionarios de la ONU piensen en inmiscuirse o siquiera que lo critiquen. Menos se escucha la voz de los millones de musulmanes moderados, a los que todos apuestan como aliados para lograr el fin de la violencia.

Hoy es un problema de todos. La violencia como método debe ser desterrada de las prácticas políticas y religiosas.

¿Por qué están tan callados los progresistas?, decía Said al-Ashmawy, un juez y escritor egipcio. ¿Cómo podemos escribir? ¿Quién me va a proteger?, reclamaba este musulmán.

Occidente tiene que apoyar a los moderados en los países árabes y musulmanes, y dejar de potenciar a sus opresores, pero también es cierto que es hora de exigirle compromiso en la dificultosa lucha contra el terrorismo a esa comunidad musulmana que dice no estar de acuerdo con los métodos de los grupos extremistas islámicos minoritarios.

Sin una alianza entre Occidente y los moderados del mundo islámico, no se podrá terminar con el flagelo del fundamentalismo, que dice encarnar las enseñanzas del Islam.

Probablemente, nunca conozcamos el número preciso de musulmanes muertos a manos de los fundamentalistas islamistas. No obstante, hasta las cifras más bajas, presentan un panorama escalofriante que no puede dejar ser denunciado. Ellos, la mayoría, deberían ser los primeros en rebelarse contra la minoría que dice representarlos con la cultura de la muerte.

La realidad es que millones de musulmanes y árabes resultaron muertos y masacrados a manos de sus propios hermanos. Gaza, Cisjordania, Argelia, Sudán, Afganistán, Irak, Somalía, Bangaldesh, Indonesia, Líbano, Irán, Chechenia, Kosovo, Siria, Chad, Turquía, Nigeria, Uganda, Mauritania y la ex Unión Soviética, fueron escenarios de luchas fratricidas entre facciones islámicas. Hay un genocidio silencioso en marcha contra los musulmanes moderados, los que quieren vivir en paz. ¿Hasta cuándo van a guardar silencio?

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