La hora de los bisexuales
París, ANSA
«Se nace hombre o mujer sin quererlo, sin elegirlo. Ser bisexual nos permite jugar con el destino: ha sonado la hora del bisex en Francia, el frente de quien no tiene exclusiones sexuales».
Marginados tanto por los hetero cuanto por los homo –gay y lesbianas–, los «bi» publican su manifiesto, colmado de orgullo y reivindicaciones.
Una serie de libros, ensayos y sobre todo la curiosidad suscitada por un filme, revivió las esperanzas de miles de personas que no confesaban su secreto.
Según el último análisis de las conductas sexuales en Francia, el 48 por ciento de los hombres y el 2,5 por ciento de las mujeres se declaran abiertamente bisexuales.
Pero casi ninguno pone al corriente a amigos y familiares de las propias tendencias y todo se desarrolla «underground», a escondidas.
El marido, en apariencia «macho», escapa no bien puede a los brazos de sus «muchachos de la calle»; la esposa, que parece resignada a su existencia de ama de casa, se abraza a la vecina no bien queda sola.
Entre él y ella todo es posible, todo está permitido, así como entre él y él y entre ella y ella. Freud estudió y fue el primero en codificar la bisexualidad. Y muchos personajes del espectáculo –desde Marlene Dietrich a Madonna– siempre cultivaron tal tendencia, sin confirmarla jamás abiertamente.
Los bisexuales franceses dicen basta. Han reído y llorado en el cine con el filme «La confusion des genres» de Ilan Duran Cohen, la historia de un maduro abogado que no sabe decidirse entre una mujer que espera casarse con él y un joven que lo ama con pasión.
Luego se reunieron en la sede de «Bi cause», asociación bisex francesa, y redactaron su manifiesto «para que la bisexualidad saliera de su gueto».
«La nuestra es una tendencia legítima –se lee en el documento–, simplemente porque nosotros, bisexuales, declaramos serlo. Tenemos derecho a una dignidad semejante con el hetero, el gay, las lesbianas, el transex, etcétera. Queremos los mismos derechos, en particular el de no ser asimilados por error a otra sexualidad. Queremos vivir nuestras inclinaciones de manera afectiva y sexual, sin tener que justificarlas».
«¿Por qué vemos más a menudo la bisexualidad como una variación de la homosexualidad y no como la ampliación del deseo?», se pregunta el socio-antropólogo Rommel Mendes-Leité, citado por el Nouvel Observateur.
«El sexo de la otra persona –explica una militante bisex en el sitio www.pelnet.com/bicause– no es el único elemento que tomamos en consideración. La mirada, la voz, la belleza o la inteligencia despiertan el deseo. Los bisexuales aman alternativa, sucesivamente y al propio tiempo».
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