Francia: sexo, dinero y coimas
París, AFP
El ex ministro francés de Relaciones Exteriores, Roland Dumas, se defendió atacando a sus jueces ayer miércoles en un proceso de sexo, dinero y coimas que implica a hombres públicos, a una mujer que se presenta como «la puta de la república», a sus dos amantes y a su marido cornudo, pero voluntario.
Más de un centenar de periodistas –muchos extranjeros, principalmente de Taiwan y Alemania– siguen en París este proceso por malversación de fondos en perjuicio de la gran firma petrolera francesa Elf, estatal en el momento de los hechos, transformada por algunos de sus dirigentes en una «vaca lechera», al servicio de amigos y ciertos clientes.
Roland Dumas, de 78 años rugientes, habría hecho contratar por Elf a su amante, la atractiva cincuentona Christine DeviersJoncourt, a quien su propio marido incitaba a entregarse sexualmente al ministro para que le consiguiera un buen cargo público.
El marido había prestado hasta su automóvil para facilitar las cosas, pero no logró el puesto que quería mientras que su esposa recibió de Elf, por sus actividades entre 1989 y 1993, una suma de más de siete millones de dólares y el otro amante de ella, Gilbert Miara, se beneficiaba de casi dos millones de dólares.
Dumas está acusado de haber presionado a la dirección de Elf para hacer contratar a Christina y de haberse beneficiado parcialmente de la lluvia de billetes que cayó sobre ella.
Ante el tribunal, el ex patrón de Elf en Gabón, André Tarallo, afirmó precisamente que contrató a Christine por instrucción de un gran cacique de Elf, Alfred Sirven, quien le dijo que se trataba de un pedido de Roland Dumas.
Tarallo, de 73 años, es otro personaje curioso: su suntuosa residencia en Córcega, evaluada en más de 12 millones de dólares, le ha hecho interesante a los jueces que sospechan que se apropió ilegalmente de 28 millones de dólares entre 1991 y 1997.
Ayer miércoles, el ex ministro Dumas desmintió ante el tribunal a Tarallo, negó que haya intervenido para hacer contratar a su amante y concentró sus ataques contra las dos juezas que investigaron su caso.
Las dos juezas, Eva Joly y Laurence Vichnievsky, entusiasmaron a la opinión pública por el coraje y la tenacidad que pusieron para sacar a luz uno de los más grandes escándalos de los últimos tiempos en Francia.
Se enfrentaban, en efecto, a un alto personaje, en ese momento presidente del Consejo Constitucional, que estaba en consecuencia paradójicamente encargado de velar por el respeto de la ley, un socialista amigo del extinto presidente François Mitterrand.
Ayer miércoles, Dumas sostuvo que las dos juezas «estaban más interesadas en las cartas anónimas que recibían que en buscar la verdad», que ya llevo cuatro años «bajo presión cotidiana de los medios de comunicación» y que –en tono teatral– «estoy hablando para la Historia».
Aparece también sospechado de vinculación con millonarias coimas para facilitar ventas de fragatas francesas a Taiwan, sospecha que él rechaza, pero de todos modos este caso no forma parte del actual proceso sino que se integra en el fabuloso escándalo de Elf, una especie de opereta plagada de intrigas y sobresaltos entre cuyos capítulos figura el caso Bidermann: Elf aparece a comienzos de los años 90 participando en una empresa textil y en 1996 la Justicia declara reo y mete en la cárcel nada menos que al presidente director general de Elf, Loic Le Floch-Prigent, y persigue –también por enriquecimiento personal– a la esposa de este y a varios altos dirigentes de Elf, entre ellos André Tarallo.
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