OBAMA ASUME PERDIENDO SU GUERRA
La guerra en Afganistán contra los fundamentalistas talibanes comenzó en 2001, con el aval de la ONU, y tiene el apoyo del laborista Gordon Brown, del socialista José Luis Rodríguez Zapatero, del conservador Nicolás Sarkozy, de la democristiana Angela Merkel y del derechista Silvio Berlusconi, entre otros. En definitiva, de toda la OTAN. La Unión Europea no tiene diferencias, como sucedió con Irak. Para la derecha y la izquierda, para conservadores y progresistas, esta fue la guerra justa, teniendo en cuenta que la invasión a Irak fue llevada adelante en solitario por EEUU y unos pocos aliados.
Sin embargo la guerra en la que todos se comprometieron con soldados y dinero, para derrotar a los extremistas islámicos que le dieron refugio al terrorista Osama Bin Laden y su grupo Al Qaeda, va cada vez peor mientras que paradójicamente- en Irak se vislumbra una mejora precaria.
Unos 150.000 militares estadounidenses se encuentran aún en Irak, frente a los 32.000 en Afganistán, donde los enfrentamientos con los insurgentes se han intensificado. El presidente electo de EEUU quiere retirar una parte esencial de los soldados estadounidenses desplegados en Irak de aquí al verano de 2010 a fin de liberar tropas y dinero para la guerra en Afganistán, su prioridad.
Retirará soldados de una guerra y los enviará a otra.
«Como presidente, yo desplegaría al menos dos brigadas adicionales (unos 7.000 efectivos) en Afganistán para reforzar nuestras operaciones antiterroristas y apoyar los esfuerzos de la OTAN contra el movimiento islamista Talibán», prometió.
Al mismo tiempo, afirmó que aumentará la asistencia a Afganistán en 1.000 millones de dólares. Esto representa 75% más que lo que el gobierno de Bush requirió para 2008. El terrorismo y los fundamentalistas islámicos están en la mira de Obama. Y más soldados para combatirlos son un hecho.
El secretario general de la OTAN, Jaap de Hoop Scheffer, también llamó a los países miembros de la Alianza a enviar más tropas a Afganistán. «Ninguna estrategia funcionará si no va acompañada de los recursos adecuados», subrayó de Hoop Scheffer. «Saludo el compromiso del presidente electo Obama de incrementar las tropas, pero este aumento de militares estadounidenses no es suficiente. Todos nosotros, los aliados de la OTAN, debemos hacer más esfuerzos por el desarrollo militar, económico y civil» de Afganistán, añadió. «Nuestro objetivo es hacer que este país no se convierta en un refugio para terroristas», insistió.
La violencia ha aumentado de intensidad desde hace dos años, a pesar de la presencia de más de 70.000 soldados de dos fuerzas multinacionales, una de la OTAN (ISAF), la otra bajo mando estadounidense (Operación Libertad Duradera). Unos cuarenta países están presentes en Afganistán con 50.000 militares en el marco de la Fuerza Internacional de Asistencia a la Seguridad (ISAF) de la OTAN.
«La guerra en Afganistán fue algo necesario e inevitable, al contrario de la situación en Irak, y sería una enorme tragedia y un gran riesgo dejar esta misión sin cumplir», dijo Joschka Fischer, ex ministro de Asuntos Exteriores de Alemania, vicecanciller entre 1998 y 2005, y líder de Los Verdes durante casi 20 años.
Hoy todas las noticias que vienen de Afganistán son malas: la autoridad del gobierno de Hamid Karzai termina a las afueras de Kabul. El Ejército afgano no existe o es invisible en grandes partes del territorio. Los talibanes no sólo no están vencidos sino cada vez más seguros de sí mismos. El cultivo de opio sigue en aumento y el vecino Pakistán está completamente desestabilizado.
Karzai parece, cada vez más, un hombre que intenta administrar el caos. Es difícil encontrar a alguien que piense que el presidente afgano esté haciendo grandes progresos en su lucha contra los insurgentes y contra la corrupción endémica que se extiende por su gobierno. Pero, a pesar de todos los defectos de Karzai, no hay nadie con la estatura suficiente para sustituirle. Dar por perdido a Karzai sólo debilitará a un país ya muy frágil. Eso no beneficia a nadie, excepto quizás a los talibanes.
Afganistán podría convertirse en un Estado fallido si no se logra encauzar el conflicto.
Obama asistirá en abril a la cumbre del 60 aniversario de la OTAN en Estrasburgo (Francia) y la vecina Kehl (Alemania), al otro lado de la frontera. El conflicto presidirá la agenda. La suerte y el futuro de la Alianza se juega en gran parte en la guerra de Afganistán. El 2007 fue el año más sangriento para la Alianza, con más de 6.000 muertos en acciones violentas.
«Tengo la intención de trabajar de cerca con el próximo presidente de la asamblea parlamentaria de la OTAN, el estadounidense John Tanner, para reforzar las relaciones con nuestros aliados y para resolver juntos los desafíos globales», escribió Obama. El demócrata estudia la posibilidad de poner en marcha una estrategia más regional para la guerra de Afganistán, que incluya la posibilidad de dialogar con Irán. Los iraníes no quieren a extremistas sunitas a cargo de Afganistán, al igual que los estadounidenses. EEUU y Europa quieren una solución política, pero sin el componente militar no será posible. El conflicto lo demuestra.
La guerra justa, la que tiene el apoyo de ONU, e incluso de los países que criticaron la invasión a Irak, podría convertirse en el talón de Aquiles del gobierno de Obama, como lo fue la de Irak para el presidente Bush. Todo dependerá de la estrategia que la Casa Blanca acuerde con sus socios europeos en abril del próximo año, porque Al Qaeda sigue siendo la prioridad número uno en la lucha contra el terrorismo. «Este es nuestro enemigo y debería de ser nuestro principal objetivo», opina el nuevo inquilino de la Casa Blanca.
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