Parapolítica. Jefes militares destituidos y políticos oficialistas presos

Colombia en situación crítica

A esto se agrega el escándalo de las «pirámides», maniobras financieras fraudulentas realizadas desde hace años, que el gobierno dejó proliferar y por la cual cientos de miles de personas a lo largo del país perdieron todos sus ahorros y promueven protestas multitudinarias.

Sin olvidar que salieron nuevamente a luz los asesinatos masivos de sindicalistas, que colocan a Colombia al tope mundial. Todo esto reunido coloca virtualmente al país al margen de un Estado de derecho.

Tras la reciente destitución de 25 altos oficiales del ejército, entre ellos 3 generales, por sus vínculos comprobados con los paramilitares, cayó en la volteada el propio comandante en jefe de las fuerzas militares, general Mario Montoya, y nadie se explica por qué sigue en su cargo el ministro de Defensa Juan Manuel Santos, el verdadero responsable de los hechos horrorosos que quedaron al descubierto. En efecto, se abrieron las fosas donde aparecieron decenas de cadáveres, por asesinatos colectivos en operaciones conjuntas del ejército y los paramilitares, y que se pretendieron hacer aparecer como muertos en combate. Vimos las expresiones de dolor de los familiares de las víctimas. Estas masacres se vienen realizando, desde hace décadas, en Urabá, Mapiripan, El Castillo, El Aro, Trujillo, Filo Gringo, Cajamarca y otros lugares. ¿En qué se diferencian estas actuaciones del terrorismo de Estado?

Hay revelaciones complementarias sobre el tema de parte de Salvatore Mancuso, ex jefe de las AUC desde que hicieron desaparecer a Carlos Castaño y que está ahora extraditado en EEUU. Mancuso reveló que las AUC les pagaban regularmente una millonada de dólares a la policía y ejército por sus informes de inteligencia; que las AUC suscribieron un acuerdo denominado Pacto de Granada con líderes políticos y comunales para elegir los tres últimos alcaldes de Tierralta, cuna del paramilitarismo en el departamento de Córdoba; que también las AUC impusieron al anterior y al actual rector en la Universidad de Córdoba, e incluso Mancuso reconoció su responsabilidad en el asesinato de una decena de profesores de dicha Universidad. Todo esto puede leerse en el diario El Tiempo de la familia Santos, a la que pertenecen el ministro de Defensa y el vicepresidente.

Ahora se asiste a un esfuerzo concentrado desde el gobierno para sacar de la cárcel a varios de sus gobernadores y congresistas condenados por sus acciones conjuntas con los «paracos». Así ocurre con el ex senador Dieb Maloof, a menos de dos años de su detención en el pabellón de los parapolíticos de la cárcel de La Picota , el búnker de la Fiscalía. Lo mismo ocurrió con Rafael García, ex jefe de informática del DAS (servicios de inteligencia), uno de los ejemplares típicos de la «parapolítica», que pagó cuatro años de prisión por enriquecimiento ilícito, lavado de activos del narcotráfico y falsificación de documentos. Del mismo modo la congresista de Sucre, Muriel Benito Revello, condenada por los vínculos con los «paracos» de la región, salió de la Cárcel del Buen Pastor. Al primero de los nombrados le acortaron la pena inicial de 4 años y 9 meses porque se dedicó a criar gallinas y estudiar inglés. Otros connotados congresistas presos se preparan a salir, como Eric Morris (el primer condenado por parapolítica) y Miguel de la Espriella.

En el escándalo de las «pirámides», que estafaron a decenas de miles de pequeños ahorristas, el gobierno se decidió al fin a encarcelar a algunos de sus ejecutores. Entre ellos a David Murcia Guzmán, ejecutivo de la denominada DMG, que fue capturado en Panamá, deportado y ahora está en La Picota. En la causa que se le sigue se reveló: que gastó millones de dólares en coimas en el Congreso para que se aprobara la tarjeta de pre-pago, utilizada para compra de bienes y servicios y que era fuente de ingresos de la empresa; que tenía vínculos con generales; y que practicaba el lavado de activos del narcotráfico. Una joyita.

Hemos visto también a sufridos campesinos indígenas que se trasladaron desde sus regiones primero a Cali, donde Uribe no se dignó recibirlos, y ahora acampan en Bogotá, levantando su reclamo de tierras. A todo esto Uribe se afana en sacar el TLC con EEUU y Bush también, como se lo pidió a Obama y lo reiteró ahora en el entorno del cónclave Asia-Pacífico de Lima. Pero es una causa perdida.

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