Buscan a Dios en el cerebro del hombre

Nueva York, ANSA

Un grupo de investigadores de la Universidad de Pennsylvania está buscando desde hace tiempo a Dios dentro del cerebro humano, y bautizaron su actividad científica con el nombre de neuro-teología.

Para ellos, una monja que reza o un monje budista que medita no son distintos desde un punto de vista neurológico: ambos están activando partes del cerebro que les permiten experimentar sensaciones que trascienden al yo, para buscar algo más vasto.

«El cerebro humano está genéticamente estructurado de manera de alentar la fe religiosa», sostiene Andrew Newberg, autor de las investigaciones en este campo junto a su colega Eugene d’Aquili.

Un libro que será publicado en abril, y cuyo contenido fue anticipado por el semanario Newsweek, recoge el fruto del trabajo de ambos científicos.

El título de la obra, «Por qué Dios no se irá», resume la convicción a la que llegaron los investigadores. El «cableado» del cerebro, la modalidad en que están concebidas las neuronas y su conexión son un ambiente ideal para permitir «sensaciones religiosas», y mientras el cerebro humano tenga estas características, «Dios no se irá».

Para sus estudios Newberg y d’Aquili usaron un instrumento, el Spect, que permite obtener imágenes de la actividad cerebral de un individuo, y lo conectaron al sistema cerebral de personas empeñadas en actividades religiosas.

Un monje tibetano budista, por ejemplo, se puso a meditar con una aguja intravenosa en el brazo y un cordoncito apretado en la otra mano. Cuando llegó al pico de su estado trascendente, el monje lo comunicó a Newberg tirando del cordón, y el científico le inyectó una sustancia radiactiva en el organismo, para obtener una imagen de la actividad cerebral.

Según los científicos, el sentido de unidad con el cosmos que el monje estaba teniendo en ese momento era visible en un área del cerebro, sobre la parte superior posterior, como un descenso de la actividad de la zona que regula la orientación. En la práctica, se reducía a su mínima expresión la capacidad de distinguir entre el yo y el resto del mundo.

Una pérdida de los límites de sí mismo se produce, según los investigadores, también durante la plegaria. Exámenes con el Spect sobre monjas franciscanas que rezaban mostraron un debilitamiento del área de orientación, que favorecería la sensación de estar «más cerca de Dios».

«La absorción del yo en algo más vasto –se lee en el libro– no es el resultado de una invención emotiva o del esfuerzo de creer lo que se desea. Nace, en cambio, de eventos neurológicos, como el oscurecimiento del área de orientación».

También experiencias rituales, como los himnos repetitivos o las danzas estáticas de algunos místicos, según los investigadores, tienen consecuencias cerebrales, estimulando al hipotálamo para producir sensaciones de serenidad o excitación.

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