Bush debutó bailando
Washington, AFP
Desde el final de la tarde del sábado, unos 12.500 invitados invadieron el inmenso vestíbulo del palacio de los congresos de Washington, donde se celebraba uno de los ocho bailes presidenciales organizados en la capital norteamericana.
Ante los múltiples bares y a lo largo de mesas con hamburguesas de pavo o de roastbeef, de paté o de «beef brisket», una especialidad texana de filete de carne vacuna marinada, se asistía a un verdadero desfile de elegantes trajes de noche y oscuros smokings con pajaritas, tocados a veces con un sombrero de vaquero.
Concentradas ante un inmenso escenario de columnas blancas, miles de personas, muchas con cámaras de fotos, esperaban pacientemente la llegada del presidente prometida en el programa.
Como lo exige la tradición, este pasó su primera velada como presidente recorriendo los diferentes bailes.
En una de las tres pistas de baile, Mr. Fabulous entretenía a la muchedumbre con algunas melodías, «In the Mood» de Glenn Miller, «Mack the Knife» o «Luck Be a Lady Tonight».
La pista no se llenaba fácilmente. «Vamos, vamos ¡Tenemos un nuevo presidente!», exclamaba el cantante.
La llegada del vicepresidente Dick Cheney electrizó un poco a la asistencia. Cheney contó –no se sabía bien por qué– cómo había conocido a su esposa, Lynne, tras la elección de Eisenhower en 1952. Los más jóvenes en la sala no habían nacido aún, pero se escucharon aplausos cuando recordó que estaba casado «desde hace 36 años».
Proveniente de Casper (Wyoming), Peter Nicolaysen pagó 125 dólares para asistir a esta velada histórica. «Tengo muchas esperanzas en Bush», confió un joven abogado de 28 años, miembro del Partido Republicano. «Mucha gente subestima sus capacidades, pero va a ser capaz de unir al país».
Cuando, hacia las 22h00, el nuevo presidente llegó por fin al escenario, acompañado por su esposa Laura vestida con un elegante traje rojo, la sala le brindó un recibimiento digno de una estrella de rock.
«Â¡Sabía que íbamos a terminar por llegar al baile texano!», lanzó antes de agradecer a «todos sus amigos del Lone Star State» presentes entre el público.
«Espero que pasen una superjornada. ¡Para nosotros, está claro!», bromeó el presidente.
Tras asegurar a sus partidarios, «que antes de ponerse a trabajar el lunes, habrá que bailar», el 43 presidente de Estados Unidos unió el gesto a la palabra, prometiendo bailar «al menos 43 segundos». Con paso torpe y visiblemente sin seguir el ritmo, abrió el baile antes de eclipsarse.
«Bush va a reintroducir un poco de nivel en la Casa Blanca», estimó Carla Tyree, 48 años, militante de las Republican Women de Odessa, en Texas.
Ayudada por el alcohol y los ritmos del grupo «The Big Time», la muchedumbre hasta entonces no muy animada se dejaba ir por fin al son de los éxitos musicales de ayer y de hoy, de James Brown a Aretha Franklin, pasando por Ricky Martin.
Erin Head, una bella rubia de 25 años, que vino de Cincinnati (Ohio), se declaró encantada de participar en su primer baile presidencial. «Nos divertimos mucho, pero mis zapatos me hacen daño», se quejó.
En otro salón, la big band de Tommy Dorsey ejecutaba para placer de los menos jóvenes clásicos de jazz, «It Had to Be You», «Chicago, My Kind of Town» y la balada «Moonlight In Vermont».
Perdida en medio de una muchedumbre en un 99,9% blanca, Cynthia Allen, una abogada negra de 40 años, originaria de Dallas (Texas), aseguraba que es «una enérgica demócrata» y que sólo aprovechó una invitación. «Voté por Gore, pero no estoy amargada porque dentro de cuatro años vamos a recuperar la presidencia».
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