Relevo en Washington
Por: Niko Schvarz
Debe reconocerse que el nuevo presidente no anduvo con muchos circunloquios para exponer su pensamiento. Lo hizo durante la campaña electoral y en una entrevista a Reuters en vísperas de la asunción. No hay misterios al respecto, y sí un curso preconcebido de política exterior.
Fiestas y protestas
Ayer y en días anteriores se sucedieron las fiestas y los bailes, los fuegos artificiales, desfiles y actos oficiales. También la protesta desfiló cerca de la Avenida Pennsylvania, del Capitolio a la residencia presidencial. Protesta por el fraude electoral mayúsculo en Florida, que se sumó al hecho de que fue declarado vencedor un candidato con menos votos. Protesta porque el presidente y su gabinete ultraconservador se proponen impedir el derecho de las mujeres al aborto. Protesta en fin por su apoyo a la pena de muerte, que imperó con cifras récord y sin ningún indulto durante los 6 años en que fue gobernador de Texas. Precisamente, en la ceremonia de despedida en Austin, capital del estado (que fue robado a México y anexado en 1845), Bush declaró que trasladaría a Washington los valores que hizo imperar en Texas, los cuales incluían también –faltaba más– un fuerte respaldo al business y a la sacrosanta propiedad privada.
Como contracanto, también apareció Clinton en la pantalla, y se apreciaron los chalaneos del fiscal para limpiar su imagen de las máculas de Monica Lewinsky, Linda Tripp y Paula Jones, que lo persiguieron hasta el último día de su mandato.
Pero todo esto quedó atrás. Ahora empezó una nueva etapa.
Predominio militar
Bush no dejó ninguna duda de su prioridad en fortalecer el poderío militar de los Estados Unidos, hoy desplegado en una vasta geografía mundial.
En primer término, se propone revivificar el proyecto de defensa antimisiles conocido como guerra de las galaxias, que viene de la época de Reagan. A este plan, que supone el relanzamiento en gran escala de la carrera armamentista, se oponen decididamente Rusia y China. Pero también ha suscitado rechazo en Gran Bretaña por parte de sectores contrarios a Tony Blair, ya que el sistema destinado a proteger a Estados Unidos se instalaría en territorio británico y colocaría a este país como blanco de eventuales ataques. Por otra parte, el nuevo sistema a crearse está prohibido por el Tratado Antibalístico suscrito en 1972 por la Unión Soviética y EEUU, pero ni corto ni perezoso Bush ya anunció que EEUU se retirará del mismo.
El segundo escenario es Irak. Según el presidente, EEUU no sólo mantendrá sus efectivos militares en el Golfo Pérsico y el sistema de sanciones que la ONU dispuso contra dicho país (acatando vergonzosamente una imposición norteamericana), sino que se mostró partidario de aplicar medidas aún más drásticas, incluyendo el empleo directo de la fuerza militar. El actual vicepresidente Dick Cheney fue jefe del Pentágono y el actual secretario de Estado Colin Powell fue jefe del comando conjunto en la guerra del Golfo descerrajada por Bush padre en 1991, y sectores de ultraderecha los critican aún hoy porque no invadieron lisa y llanamente Irak después de la Tormenta del Desierto.
El tercer escenario es el corazón de Europa. Nada menos que 5.500 soldados USA están dislocados en la región de Kosovo, otros 4.500 en Bosnia, y Bush declaró que no serán retirados. Ahí se quedarán, en la zona calcinada por sus bombardeos, mientras en Europa se siguen discutiendo los efectos mortíferos del uranio empobrecido que revestía los proyectiles del arsenal yanqui. Acaban de morir de leucemia 6 soldados italianos.
Doble juego de guerra
Otros dos aspectos de este ajedrez belicista afectan directa y gravemente a América Latina.
En los festejos de estos días aparece el portorriqueño Ricky Martin junto a Bush. Gran parte de la población boricua condena las actitudes del cantante, que en la práctica aboga por la anexión de su país a Estados Unidos. Y lo hace más aun en este momento, cuando se libra una intensísima lucha por el cese de las maniobras de guerra de la marina norteamericana contra la isla de Vieques, convertida en polígono de tiro del Pentágono y de la OTAN. En su reciente toma de posesión, la gobernadora de Puerto Rico, Sila María Calderón, reclamó en forma categórica el retiro de la marina yanqui de Vieques y el cese de las maniobras aeronavales. Bush no lo podrá ignorar.
Por último, y no menos importante –todo lo contrario– está el candente tema de Colombia. Clinton se ha ido involucrando cada vez más y forzó la aprobación del plan Colombia, cuyo componente militar es fundamental. Como mencionamos días pasados, el documento de Santa Fe –esa Biblia de cabecera de los presidentes republicanos, de Reagan en adelante– en su versión Nº 4 impulsa la intervención militar yanqui como única forma de poner punto final a la contienda colombiana. Lo hace –como señalaba ayer LA REPUBLICA— al tiempo que propone recuperar para Estados Unidos las bases militares en el Canal de Panamá, todo ello en el marco de una renacida Doctrina Monroe que se traduce en «América para los (norte) americanos» y reserva a la América del Sur el destino de patio trasero de la potencia imperial.
ALCA
El primer viaje al exterior de Bush será en abril a la ciudad canadiense de Québec, para la II Cumbre presidencial de las Américas. Allí se reunirán 34 jefes de Estado de la región, con la única excepción de Cuba. El objetivo es aprobar las bases de un gran bloque comercial, extendido de Alaska a la Tierra del Fuego. Ya se están programando acciones del movimiento «antiglobalización neoliberal» para expresar oposición (como se hizo en Seattle, en Praga, en Niza) a esta iniciativa, promovida en sus orígenes por Bush padre. El proyecto se pondrá a punto en una reunión previa de ministros de comercio en Buenos Aires. Pero desde ya debe saberse que el ALCA procura subsumir todos los acuerdos regionales (tipo Mercosur o Pacto Andino) y conformar un bloque único de todas las Américas, de polo a polo. O sea, meter a América del Sur en el mismo molde que significa el Nafta para América del Norte, y todo ello bajo hegemonía estadounidense.
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