La Corte declaró la presidencia vacante y Estrada dimitió

La vicepresidenta Arroyo asumió ayer en Filipinas

Manila, AFP

Esta decisión fue aceptada finalmente por Estrada, quien hasta ese momento había hecho todo lo posible para evitar tener que dimitir.

Pese a expresar en un comunicado «serias dudas» sobre la legitimidad del nombramiento de Arroyo, Estrada afirmó no querer «ser un obstáculo para el regreso de la unidad y del orden» al país y abandonó en la tarde del sábado el palacio de Malacanang junto a su familia.

Arroyo, de 53 años de edad, vestida con un traje sastre de color gris, prestó juramento ante cientos de miles de sus partidarios, reunidos cerca de una capilla que se convirtió últimamente en el lugar de cita de los adversarios de Estrada.

Asistieron a la juramentación los máximos dirigentes del país, así como diplomáticos extranjeros y el cardenal Jaime Sin, primado de la Iglesia católica filipina.

Las cadenas de televisión filipinas interrumpieron sus programaciones para retransmitir la ceremonia, esperada por la opinión pública después de que la víspera Estrada perdiese el apoyo del ejército, la policía y la mayor parte de sus ministros.

Un clamor prolongado estalló cuando Arroyo prestó juramento, y medio millón de habitantes de Manila saludaron el acontecimiento bailando y cantando en el mismo lugar donde hace 15 años una sublevación popular puso fin a dos décadas de la dictadura de Ferdinando Marcos.

Poco antes de la ceremonia, el secretario ejecutivo de la presidencia había anunciado que Joseph Estrada aceptaba la decisión de la Corte Suprema que declaraba la presidencia vacante.

Estrada, que había sido elegido triunfalmente en 1998, se había negado en el último momento a firmar una carta de dimisión, contrariamente a lo que había anunciado la oposición en la mañana del sábado.

Por su parte, Arroyo descartó la posibilidad de acordar en lo inmediato una amnistía a Estrada. «Dejaremos que la justicia haga su trabajo de forma digna y sin circo», aseguró ante la prensa.

El nombramiento a la cabeza del Estado de Arroyo, quien según la Constitución filipina debería terminar el mandato de Estrada hasta las próximas elecciones presidenciales en 2004, es el desenlace de una crisis política que comenzó a principios de esta semana.

Esta partida sin gloria de Estrada, ex actor de cine, se convirtió en inevitable el viernes, día en que el presidente perdió todos sus apoyos a favor de Arroyo.

«En nombre de nuestras fuerzas armadas, de los 130.000 miembros de las fuerzas armadas, queremos anunciar que retiramos nuestro apoyo a este gobierno», declaró el general Angelo Reyes, comandante en jefe de las fuerzas armadas, después de haberse dirigido al lugar de una gigantesca manifestación organizada desde hacía tres días por la oposición.

«Dejaremos al presidente Estrada y a los miembros de su familia que partan en la dignidad. No seamos rencorosos», agregó Reyes.

Estrada, de 63 años, fue acusado en octubre pasado de haber aceptado millones de dólares de sobornos por parte de organizadores de juegos clandestinos y de haber malversado fondos públicos.

Hasta el desenlace de la crisis existió en Manila un riesgo de «baño de sangre», había advertido el jefe de la guardia del palacio presidencial de Malacanang, cuando la policía antidisturbios impidió a unos 50.000 manifestantes que exigían la dimisión de Estrada acercarse al palacio en la madrugada del sábado.

La nueva presidenta anunció que nombró al ex secretario del Tesoro Alberto Rómulo como nuevo secretario de Finanzas, e indicó que más tarde hará nuevos nombramientos. Este remplazará a José Pardo, quien renunció el viernes así como la mayoría de los ministros del gobierno del ex presidente Joseph Estrada, obligado a partir. Japón saludó a la nueva presidenta, y le ofreció su apoyo, según el ministro japonés de Relaciones Exteriores, Yohei Kono. «Japón espera que un nuevo gobierno bajo la presidencia de la señora Arroyo se inicie sin problemas».

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