ABERRACIONES DEL BLOQUEO
Estos reclamos se intensificaron a raíz del huracán Paloma, el tercero que castiga, de manera implacable, a la isla, en dos meses, en este caso en particular a Camagüey. El huracán no causó pérdidas de vidas, por la magnífica organización que los cubanos han perfeccionado para sobreponerse a estas catástrofes naturales con sentido humanitario y solidario (compárese con el Katrina, y se verá la diferencia esencial entre dos regímenes sociales), pero las cuantiosas pérdidas materiales se suman a las ocasionadas por el Gustav y el Ike. Desde el lugar de los hechos, el vicepresidente cubano José Ramón Machado Ventura volvió a plantear el fin del embargo, que ha ocasionado pérdidas estimadas en 93 mil millones de dólares y que fue condenado en la Asamblea General de Naciones Unidas por 185 naciones contra 3, mostrando que al respecto existe unanimidad de la comunidad internacional.
Cuba ha solicitado, en estas circunstancias difíciles, un comercio normal con EEUU, incluso pagando al contado, para proveerse de insumos indispensables. Bush se negó. Cuba reclamó asimismo el fin del bloqueo para que pueda llegar a la isla sin trabas la ayuda que numerosos gobiernos y organizaciones están dispuestos a entregar. Ha sido en vano. Con Bush no hay ninguna posibilidad. Ni siquiera después del revolcón insigne que sufrió su política (y su candidato a sucesor) en la reciente elección, y la derrota republicana incluso en la Florida.
Por eso, me parece que más que especular sobre lo que Obama hará o dejará de hacer respecto al bloqueo, lo mejor sería presionar desde ya al máximo en todo sentido, con todas las fuerzas, desde todo el mundo, para que se ponga término a una decisión agresiva que abochorna a la humanidad.
Máxime cuando a los hechos conocidos en este plano se vienen sumando otros que constituyen verdaderas aberraciones. Un primer ejemplo, que se conoció a fines de octubre: una empresa canadiense, la Cari Med Canada Trading, expresó su queja ante el gobierno de EEUU por poner un conjunto inconcebible de trabas a su comercio con Cuba. La empresa vende productos y equipos de la esfera médico-farmacéutica. El hecho se conoció en la jornada final, el 24 de octubre, del VIII Congreso de Anestesiología, Reanimación y Dolor, en que participaron 32 países. Los directivos de la empresa, que montó pabellones con tecnología y fármacos propios de la medicina de avanzada, declararon que las imposiciones del Departamento de Comercio y del Tesoro de EEUU para vender productos a Cuba, son cada vez más numerosas y absurdas, lo que demuestra la extraterritorialidad y la saña del bloqueo, «un acto criminal, genocida y bárbaro que impide que a un niño se le ponga, por ejemplo, un plug amplazter (implemento para cerrar cavidades internas del corazón) en la lucha por salvarle la vida o prolongársela». La actitud de EEUU ha provocado un semicolapso del programa de cirugía no invasiva del cardiocentro del hospital pediátrico William Soler de La Habana. La empresa canadiense ve así frustrados sus objetivos: que los médicos cubanos tengan lo último en tecnología a precios accesibles, y romper el bloqueo en equipos médicos como la máscara laríngea modelo C Trach, de origen inglés, para facilitar el acceso de los anestesiólogos a las vías respiratorias del paciente y muy útiles igualmente para los otorrinolaringólogos.
Por otro lado, el bloqueo yanqui amenaza también los convenios de Cuba con mercados internacionales que suministran preservativos, utilizados también en la campaña de prevención del VIH/sida y otras enfermedades de transmisión sexual. Así sucedió con la conocida marca Vive de preservativos, perteneciente a la Population Service International, una ONG a la cual, en 2005, el Departamento del Tesoro no le renovó la licencia para continuar los proyectos de colaboración con Cuba.
Otro ejemplo. El 26 de octubre, el diario británico The Observer reveló (y lo reprodujo Granma) que la CIA organizó, en 1964, el atentado que sufrió un barco de la entonces RDA (República Democrática Alemana), el MV Magdeburg, que transportaba un cargamento de 42 ómnibus Leyland ingleses con destino a la isla caribeña, y que fue embestido en el Támesis por otro de bandera japonesa, el Yamashiro Maru, en plena vía fluvial, luego de salir del muelle de Dagenham. Hay otros ejemplos anteriores, de 1962. Como se ve, la cosa viene de lejos.
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