Perspectivas. Puede generarse una nueva relación con la región

Obama y América Latina

La victoria arrolladora de Barack Obama conmovió al mundo y generó ciertas expectativas de cambios positivos en las relaciones de EEUU con la América Latina y caribeña en general. Podrían vislumbrarse puntos de inflexión respecto, en primera instancia, a Venezuela, Bolivia y Cuba. Sobre todo comparado con el fundamentalismo de Bush y lo que hubiera sido su prolongación con el dúo McCain-Palin.

Ya en la víspera de la elección, Lula declaraba en La Habana que sería extraordinario que un negro fuese electo a la presidencia de EEUU y agregaba: «Creo que en el mundo entero hay una puntita de alegría en la mente silenciosa de cada uno de nosotros». Tabaré Vázquez calificó su victoria electoral como «un cambio histórico para su país y el mundo», que ella era fruto de «la convicción, esperanza y perseverancia» y formuló votos por el fortalecimiento «de la amistad, las relaciones diplomáticas, el intercambio comercial, la cooperación científica y el diálogo cultural entre EEUU y Uruguay». El presidente Chávez unió a sus felicitaciones el deseo de que el presidente electo se colocara a la altura de la historia y se mejoraran las relaciones bilaterales, así como las relaciones de EEUU con Cuba, poniendo fin al bloqueo. El presidente del Parlasur, nuestro conocido Dr. Rosinha, abogó por que el nuevo gobierno estadounidense apueste a las acciones multilaterales y no atropelle a las Naciones Unidas como hizo Bush, y dijo que aumentaban las chances de un acuerdo en el Oriente Medio y del fin del embargo a Cuba. Un mensaje de congratulación del presidente brasileño destacaba la elección como «un momento de superación histórica», su certeza de que «la esperanza es más fuerte que el miedo» y de la «intensa urgencia del ahora» demandada por Martin Luther King.

En términos generales, las aspiraciones que circulan por el continente en estos días abordan los siguientes aspectos: la posibilidad cierta de una relación más civilizada y en pie de igualdad con la América Latina y caribeña por parte de EEUU; mitigar, o atemperar la tensión en algunos puntos críticos, particularmente Venezuela y Bolivia, la normalización de las relaciones diplomáticas en base a la no injerencia; poner fin al funcionamiento de la base de Guantánamo como centro de torturas y avanzar hacia el fin del bloqueo a Cuba. En una entrevista reciente el canciller cubano Felipe Pérez Roque destacaba la significación de la última votación en la ONU sobre el bloqueo (185 a 3: EEUU, Israel y Palau), señalaba otras votaciones (sobre la alimentación como derecho humano, por ejemplo) en que EEUU había votado solo contra 191 países, todo lo cual situaba al orden del día del nuevo gobierno un giro en su política exterior.

En este último aspecto, se ha destacado la importancia de la victoria de Obama en la Florida, donde residen numerosos exiliados cubanos. Pero ese exilio ya no es el mismo de la primera hora, incluso generacionalmente. Los analistas señalan las diferencias significativas de los dos candidatos en sus asesores de política exterior. McCain mantuvo a funcionarios de Bush conocidos por su rabioso «anticastrismo», como Otto Reich, mientras que Obama y sus asesores coincidían en su oposición a las limitaciones de los viajes de los cubanos desde y hacia EEUU y al envío de las remesas hacia Cuba. Estos se han convertido en puntos extremadamente sensibles. Algunos expertos (como el canadiense Carlo Dode, de Ottawa, citado por La Jornada) dice incluso que tales restricciones (a los viajes y a las remesas) podrían ser eliminadas en un gobierno de Obama.

Otro aspecto se refiere a la base de Guantánamo. Obama dijo claramente que debía ser eliminada como centro de torturas. Por otro lado, el tema del bloqueo ya se ha vuelto insostenible a nivel internacional, porque provoca ingentes daños a Cuba, pero también a numerosos países y a la propia economía de EEUU. La exigencia de que se ponga fin al mismo estará presente como un reclamo internacional persistente al futuro gobierno. El analista citado señala: «Quizá veremos la caída de la vieja guardia de línea dura hacia Cuba y el ascenso de voces más razonables como Richard Lugar. Si esto sucede, Obama tendrá libertad de acción y cobertura política para actuar contra los aspectos más restrictivos del embargo», como en su momento lo hizo Bill Clinton.

Esto reviste enorme importancia en momentos en que Cuba enfrenta la dramática perspectiva de un tercer huracán, «bautizado con el engañoso nombre de Paloma», dice Fidel Castro, y cuyos efectos destructores se sumarían a los de Gustav y Ike, que fueron mayores a los estimados en los cálculos iniciales. La necesidad de terminar con el criminal bloqueo por ende se acrecienta

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