OPINION INTERNACIONAL

POLEMICAS INTER ARABES

El 13 de octubre pasado, el diario de Kuwait «Al-Rai» publicó una declaración del primer ministro sirio Muhamed Naji Utri, sumamente crítica contra Egipto. La respuesta de Ali Ibrahim, un diputado egipcio y editor del diario «Al-Gomhourya» señala un significativo endurecimiento de la posición de Egipto hacia Siria. Vale la pena transcribir los pasajes esenciales de su artículo porque resultan sumamente reveladores respecto a la actual constelación política del Medio Oriente.

Escribe el político y columnista egipcio : «El primer ministro sirio condenó a Egipto por no seguir desempeñando el rol de líder del mundo árabe, a lo que cabe responder que él no tiene autoridad alguna para determinar cuál es el verdadero status de nuestro país. La posición egipcia se basa en la independencia de sus decisiones y en la firmeza con que defiende los intereses de su pueblo y de la nación árabe.»

«Cuando Egipto firmó su tratado de paz con Israel lo hizo a la luz del día y a la vista del mundo entero, sin recurrir a la mediación de ninguna tercera parte; no necesitó de los buenos oficios de Turquía. Tomó una decisión valiente y no temió hacer frente a críticas adversas. Pero sea como sea, Egipto no se convirtió en un fiel seguidor de los Estados Unidos, como lo pretende el primer ministro sirio».

«El Cairo ha rechazado muchos pedidos de los Estados Unidos por ser contrarios a nuestra política, intereses y principios. Por ello, cuando en 2003 invadió Irak, y en otras oportunidades más tarde, Egipto se negó a enviar sus tropas a Irak. Del mismo modo, Egipto se negó a permitir el establecimiento de bases militares o de permitir que su territorio sirva para el paso de tropas extranjeras.»

«Las relaciones entre Egipto y los Estados Unidos se basan en la igualdad; no son relaciones de patrón y vasallo, como las que tiene Siria con Teherán y Doha. Egipto tiene una política clara y no se oculta detrás de ninguna milicia o grupo religioso fuera de su territorio, como lo hace su país con Hamas y Hizbollah en el Líbano.»

«Sr. Utri, Egipto nunca se apoderó de ningún país árabe sembrando la destrucción a diestra y siniestra. ¿Cómo pueden hablar ustedes de estabilidad en el Líbano cuando son ustedes los que han creado la presente situación? ¿Acaso la guerra civil en el Líbano no es resultado de vuestra política? ¿Acaso no fueron ustedes los que impidieron todo acuerdo desde 1989 hasta 2005? ¿Acaso la decisión de abrir una embajada en el Líbano no fue adoptada tan sólo por el insistente reclamo del presidente francés Sarkozy, que se entrevistó dos veces con Assad?

Sr. Utri, no es usted quien puede hablar de retiradas, porque su país se rindió hace tiempo a Teherán y Doha. Mientras Egipto promovía la causa palestina tanto en la arena árabe como en la internacional, usted azuzaba a las partes subsidiando a una parte y albergando a la otra. De este modo impidieron la creación de un estado palestino y se convirtieron en intermediarios bajo las órdenes de Irán, recibiendo fondos e instrucciones desde Teherán.»

«Yo me pregunto por qué no reciben también dinero de Qatar para multiplicar sus ingresos. Sr. Utri, todos sabemos cómo se logró el acuerdo de Doha y cuánto costó. Sabemos muy bien que Qatar utilizó amenazas para persuadir a sus aliados en el Líbano para que firmen el acuerdo.

Sabemos muy bien cuál es la razón por la cual aumentaron las inversiones de Qatar en su país.»

«Asimismo permítame mencionar que no estoy sorprendido de oír que el shiísmo hace todo lo que está a su alcance para infiltrarse en los países sunnitas porque sé que los predicadores e imanes en Damasco reciben sus salarios de Irán». «Ustedes apoyan la expansión de la Shía, porque en su país, los posiciones de mando están en manos de alawitas, pese a que son una minoría en un país predominantemente sunnita.

Por ello, no se oponen a la expansión shiíta en el mundo y por ello, la mezquita de Umayad, uno de los bastiones de la Sunna, se está convirtiendo gradualmente en territorio iraní».

Hasta aquí la cita del jerarca egipcio. Su interés se deriva del hecho de que prueba, de manera muy elocuente, el grado de complejidad de los conflictos internos del mundo árabe y la ingenuidad de la premisa de que si se resuelve el diferendo palestino-israelí todos los demás problemas se resolverán de manera casi automática.

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