Los militares chilenos dicen que los arrojaron al mar

Nunca encontrarán a los desaparecidos

Santiago, Reuters

La suerte de Víctor Díaz y otros 199 desaparecidos en Chile durante el régimen militar fue revelada al presidente Ricardo Lagos por los propios uniformados.

Por primera vez en 27 años y más de un decenio después del fin de la dictadura, los altos mandos castrenses reconocieron aquello que 1.000 veces negaron: la existencia de detenidos desaparecidos.

«Por todos los antecedentes que tengo, anteriores a esta etapa que hemos vivido, personalmente siempre he pensado que lo lanzaron al mar», dice Viviana Díaz, abatida por la confirmación del oscuro presagio que la atormentó tanto tiempo.

Otros, que como ella consagraron su vida a la angustiosa búsqueda de sus parientes, simplemente no aceptan que el océano haya sido su sepulcro.

«Â¡Que me lo saquen del fondo del mar entonces!», reclama con desesperación una madre de 84 años que aún anhela cobijar los restos de su hijo. El informe de los militares, la nueva «historia oficial», dio cuenta del destino de solo una quinta parte del más de millar de desaparecidos durante la dictadura de Pinochet, de 1973 a 1990.

Los antecedentes revelaron que 150 personas nunca serían halladas ya que fueron arrojadas al mar, ríos y lagos, mientras otras 50 estarían enterradas en fosas clandestinas.

La entrega de datos surgió de un pacto entre las fuerzas armadas y abogados de derechos humanos, en la llamada «mesa de diálogo» que se formó en 1999, mientras Pinochet permanecía detenido en Londres, acosado por la justicia española.

Por eso los familiares, que siempre rechazaron conversar con los militares, están más seguros que nunca de que fue el arresto de Pinochet el que abrió una rendija para hallar parte de la verdad.

«El ejército, la derecha y el propio gobierno sabían que judicialmente no tenían por dónde traerlo de regreso y que había que dar garantías al mundo de que iba a ser juzgado (…) porque todos sabemos que los antecedentes existen», añade.

El veterano general, de 85 años, efectivamente está a las puertas de ser procesado por crímenes durante su régimen, la mayoría de ellos casos de detenidos desaparecidos.

Y mientras Pinochet espera el resultado de exámenes mentales para verificar si puede ser enjuiciado, miles de chilenos no se reponen del estupor que les provocó tener certeza sobre aquello que antes ni los propios jueces quisieron creer.

«En 1976, me entrevisté con el entonces presidente de la Corte Suprema y le conté todos los antecedentes que teníamos sobre la detención de mi padre», afirma Díaz. «El me dijo que yo tenía mucha imaginación, porque esas cosas no pasaban en Chile».

Parte del desconsuelo que invade ahora a los familiares de los desaparecidos se centra en que el informe de los militares no dio grandes luces sobre qué ocurrió realmente con sus parientes.

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