A 10 años de la guerra del Golfo
Niko Schvarz
Tormenta del desierto fue el nombre del operativo. En su transcurso se violaron todas las leyes internacionales. Y aún hoy, sus consecuencias regresivas se mantiene, por presión de los Estados Unidos. En particular, la zona de exclusión aérea que cercena la soberanía irakí, y las sanciones económicas contra el país, un bloqueo similar al que sufren Cuba y Libia.
El poder unipolar
Primero sobrevino la invasión a Panamá el 20 de diciembre de 1989 y la masacre en Los Chorrillos. Después fue la agresión con los medios más modernos contra Irak, extendida hasta el 27 de febrero de 1991. Eran las señales visibles de que, tras el desplome del campo socialista europeo, Estados Unidos se consideraba el dueño del mundo, capaz de imponer por doquier su voluntad omnímoda. Al final del «corto siglo XX», al decir de Eric Hobsbawm, se iniciaba el «siglo americano», anunciado por Henry Luce como profeta inspirado cincuenta años antes.
La guerra se desplegó al estilo de una blitzkrieg nazi. Fue también la guerra de la CNN, la guerra mediática, que los norteamericanos veían desde el living, alabando la precisión quirúrgica de los impactos de los misiles. Después se supo que la visión televisiva había escamoteado las imágenes de los soldados irakíes enterrados vivos en el desierto. Al principio, cuando Irak invadió Kuwait, alegaron que iban a salvar la democracia en ese emirato donde apenas el 6% de la población tiene un hipotético derecho a voto que ni siquiera se toma el trabajo de ejercitar. Hicieron participar a sus socios de la OTAN en la agresión, e incluso algunos países árabes secundaron la maniobra. Contra Irak se lanzaron 750 mil hombres (de ellos, medio millón de EEUU, a cuyo cargo estuvo el 86% de las operacioens bélicas), 3.400 tanques, 3.700 cañones, 2.600 aviones, 2.000 helicópteros y 60 barcos de guerra. Según un balance primario murieron entre 150 mil y 200 mil irakíes, en su mayoría civiles. Por efecto del bloqueo, aún vigente en lo esencial, habrían muerto 70 mil personas más, siendo los niños las víctimas preferentes, por enfermedades y desnutrición. Un informe de la ONU de 1997 eleva considerablemetne estos guarismos. Las pérdidas de los agresores fueron: 147 de EEUU, 33 de Arabia, 24 de Gran Bretaña, 10 de Egipto, 6 de los Emiratos, 2 de Francia y 1 de Kuwait.
Todavía hoy la ultraderecha más furibunda le reprocha a Bush no haber marchado sobre Bagdad. Pero EEUU (junto a Gran Bretaña) mantiene desde entonces su flota de guerra y sus aviones en la zona petrolera del Golfo Pérsico, su nuevo «mare nostrum».
La nueva ley internacional
Al mismo tiempo, y durante años, movieron cielo y tierra para desbancar a Saddam Hussein y reemplazarlo por alguien adicto a EEUU. Más adelante Madeleine Albright habría de reconocerlo impúdicamente. Después vinieron las inspecciones al arsenal militar de Irak que la ONU convalidó, en actitud vergonzosa. No tardó en demostrarse que Richard Butler y consortes trabajaban para la CIA.
Humillaron al país y no demostraron nada. Pero le impusieron un bloqueo, particularmente doloroso en alimentos y medicinas, que se fue levantando por cuentagotas en la operación «petróleo por alimentos». Simultánemente, aviones USA y británicos patrullaban el espacio aéreo al norte (donde están los kurdos, reprimidos por Irak y por Turquía) y al sur (de predominio chiíta). Cuando las baterías de Irak abrían fuego contra los aparatos que incursionaban en su territorio, estos bombardeaban a mansalva, alegando que Irak violaba la ley internacional en una zona de exclusión que EEUU había fijado por sí y ante sí, con el silencio cómplice de la ONU.
La violación permanente de la ley internacional, en todos los terrenos: tal ha sido la constante de la política norteamericana en los 10 años que siguieron a la agresión. Esta fue, a la vez, el anticipo del genocidio que habrían de perpetrar en Kosovo en 1999, arrastrando también a sus aliados de la OTAN.
Puede ser que algún día los yanquis lo reconozcan. Pero quizá tenga que pasar medio siglo para ello. Así sucedio en Irán. Hubo que esperar hasta marzo de 2000 para que M. Albright reconociera oficialmetne que el golpe de Estado que derribó al primer ministro Mohammed Mossadegh (quien había tenido la osadía de nacionalizar el petróleo y expropiar a la Anglo Iranian Oil Co.) fue organizado por la CIA. El golpe derivó en la matanza y encarcelamiento de miles de nacionales e izquierdistas y la devolución de poderes absolutos al sha, protegido hasta su muerte por EEUU.
Uranio y leucemia
La guerra del Golfo fue el primer laboratorio en que se utilizó en gran escala el arma mortífera del uranio empobrecido, que revistió 940 mil proyectiles arrojados en ese suelo, como habría de repetirse en 1994-95 en Bosnia-Herzegovina y en 1999 en Kosovo. Europa está hoy envuelta en un gran debate, que la OTAN no pudo acallar, sobre las consecuencias del uso de esta arma en la población de Kosovo y entre los soldados de la OTAN. Pero ahora mismo, diez años después, surgen voces acusadoras en los propios EEUU, de parte de soldados que participaron en la guerra y padecen leucemia y enfermedades análogas, y aseguran que cierto número de sus compañeros de armas fallecieron por esa causa en esta década. En cuanto a la población irakí, un informe de la Cruz Roja y de Unicef señala que la mortalidad infantil se duplicó con creces en relación a 1989.
Los perros y los collares
Quienes estuvieron en primeros planos en la guerra del Golfo bajo la presidencia de Bush padre, de trasvasan ahora al equipo de Bush hijo.
El actual vicepresidente Dick Cheney fue entonces secretario de Defensa, y dirigió la invasión a Panamá y la guerra del Golfo. El actual secretario de Estado, general Colin Powell, fue jefe del Estado Mayor del ejército y dirigió las operaciones en el terreno. El terceto se completa en la secretaría de Defensa con Donald Rumsfeld, partidario acérrimo del sistema de defensa antimisiles, quien ya ocupó el cargo bajo Ford. Los tres serán reconfirmados sin duda por el Senado, son altamente confiables.
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