El Salvador: más víctimas
San Salvador, Reuters
La policía nacional de El Salvador dijo el lunes que el terremoto también dejó un saldo confirmado de 2.365 heridos y la destrucción total o parcial de 38.000 viviendas.
«Con cada hora que pasa las cifras siguen creciendo», dijo el presidente Francisco Flores en una conferencia de prensa por la noche.
El mandatario, que el lunes durante el día voló sobre la zona más afectada para inspeccionar las obras de rescate, dijo que la prioridad de su gobierno es salvar el mayor número de vidas posible, enfocando los esfuerzos en la gente que tiene más riesgo de morir.
La mayoría de las víctimas murió por asfixia al ser enterrados vivos por deslaves masivos de lodo.
Los equipos de rescate seguían desenterrando cadáveres entre los escombros, mientras una ola de réplicas continuaba provocando nuevos deslaves.
Aunque se han registrado 800 réplicas con intensidad de hasta cinco grados de magnitud en la escala de Richter en los últimos tres días, los miembros de las brigadas de rescate usaban perros amaestrados, palas y sus manos en busca de sobrevivientes o para recuperar cadáveres tras el terremoto del sábado, de 7,6 grados en la escala de Richter.
Los rescatadores, que usaban máscaras médicas para prevenir enfermedades, se negaban a darse por vencidos en sus esfuerzos para hallar sobrevivientes entre los escombros y deslaves que azotaron muchas comunidades de esta nación cafetalera y azucarera, de 6,2 millones de habitantes.
El domingo fue rescatado el último sobreviviente, un músico de rock aficionado de 22 años que estuvo atrapado durante más de 30 horas bajo los escombros de la casa de un amigo.
«No puedo respirar ¿Voy a morir?», preguntaba Sergio Moreno a sus rescatadores.
«Los voy a cuidar desde allá arriba», dijo en cierto momento, de acuerdo con su amigo Douglas Angel, quien participó en el rescate a las afueras de San Salvador.
En tanto, se desvanecían poco a poco las esperanzas de encontrar más sobrevivientes, con lo que las autoridades ordenaron que las grandes palas mecánicas recogieran lodo, ramas de árboles y casas destruidas para acelerar la reconstrucción del país.
Raquel Barrera, con un embarazo de seis semanas, perdió a un hijo y a su futuro marido cuando su casa fue enterrada por un alud de lodo y escombros.
«Nos íbamos a casar en una o dos semanas», dijo Barrera, de 33 años, vendedora en una farmacia donde estaba trabajando, lejos de la zona más afectada, cuando ocurrió el sismo. «Estoy embarazada y eso me da fuerza para vivir», agregó.
La mayoría de las víctimas se registró en Santa Tecla, unos 15 kilómetros al oeste de San Salvador, la capital, donde enormes deslaves sepultaron centenares de casas de una zona residencial de clase media.
Una anciana de 80 años murió, víctima de cientos de picaduras de abejas, cuando enjambres que bajaron de las colinas tras el sismo atacaron a varias personas, dijeron autoridades médicas.
La comunidad internacional se volcó en apoyo de los salvadoreños e hizo llegar equipos de rescate, ayuda monetaria y alimentos para los miles de damnificados a quienes cientos de médicos y voluntarios les entregaban alimentos, medicinas, cobijas y tiendas de campaña.
Helicópteros de Estados Unidos, perros amaestrados de España y paramédicos de toda América Latina se dieron cita para ayudar a El Salvador.
Gran Bretaña, la Comisión Europea, Japón, Italia y el Banco Centroamericano de Integración Económica prometieron también ayuda monetaria por varios millones de dólares. Francia dijo el lunes que enviaría a 150 personas entre personal médico y de emergencia, y que también proporcionará material para purificar agua.
Desde que ocurrió el sismo, personal de emergencia logró llegar el lunes por primera vez a Comasagua, un poblado de unos 18.000 habitantes a 28 kilómetros al este de San Salvador, en la principal zona cafetalera del país.
Funcionarios estiman que unas 40 personas murieron bajo un alud de lodo y rocas que sepultó decenas de casas en Comasagua.
«Mi mami está enterrada. Se quedó atrapada. Quería ir y ayudarla, pero no pude hacer nada», dijo la niña Claudia Escamilla a la televisión local. La pequeña todavía estaba pálida y confusa ante el enorme desastre ocurrido.
La mayoría de los sobrevivientes permanecía silenciosa en los sitios donde sus familiares y casas quedaron enterrados. Algunos sollozaban a solas, mientras otros gritaban pidiendo ayuda a los helicópteros que volaban sobre las zonas. El sismo, cuyo epicentro se localizó 105 kilómetros al sureste de San Salvador, en el mar y frente a la costa del Pacífico, afectó diferentes zonas de la nación centroamericana. El terremoto también estremeció a Guatemala, Nicaragua y Honduras y las ondas sísmicas se esparcieron hasta la Ciudad de México.
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