OPINION INTERNACIONAL

BOLIVIA: DEMOCRACIA EN ACCION

Estas acciones de los sectores populares quebraron las maniobras de los núcleos opositores: los 4 prefectos y los partidos de oposición en el propio Congreso, que pretendían eternizar una situación de confrontación permanente con el gobierno para hacer prevalecer los intereses de los sectores oligárquicos, como los que representa el Comité Cívico de Santa Cruz, con Branko Marinkovic y el prefecto Rubén Costas a la cabeza. Esta oposición llevaba su propósito hasta la secesión, la amputación de la unidad territorial de Bolivia, y se había expresado en actos de violencia inaudita, para culminar en la masacre de Pando, que no habrá de quedar impune. Es más: cuando la insistencia del gobierno condujo a los diálogos con la oposición en Cochabamba, y las comisiones de trabajo plasmaron tras ardua labor una serie de acuerdos básicos sobre los temas más conflictivos, los prefectos se negaron a suscribirlos, para precipitar una situación de caos.

Entonces se origina el último e ilustrativo episodio. El presidente envía los acuerdos al Congreso, lo insta a incorporarlos al texto de la Constitución votada en diciembre pasado en Oruro y a dictar la ley que convoque al referéndum sobre la entrada en vigencia de la nueva Carta. Aquí es cuando se origina la gran marcha (que recuerda la de China), que nace en Oruro, incorpora columnas venidas desde todas partes y desemboca como un alud multitudinario, combativo y consciente, en La Paz, para reclamar la sanción de la ley. Este fue el factor decisivo, según lo reconocen tirios y troyanos. Se lo escuchamos a congresistas opositores de Unión Nacional y Podemos, declarando que no podían ignorar un clamor que crecía en la calle y en la Plaza. Ahí estaban alertas, en tensa vigilia, los indígenas y campesinos, los trabajadores de la COB, los mineros, las organizaciones múltiples nucleadas en la Coordinadora Nacional para el Cambio (Conacam), los hombres y mujeres (muchas) del pueblo, que habían recorrido más de 200 kilómetros durante ocho días, reviviendo la tradición ancestral de las marchas del pueblo boliviano, según recordó el vicepresidente Alvaro García Linera cuando entregó el texto aprobado a Evo Morales para que lo promulgara. Esto hizo levantar la mano a los legisladores de oposición, ya que todos los artículos se aprobaron por más de 2/3 de votos, de los cuales el MAS carece, aunque es la fuerza mayoritaria. Tiene 72 diputados en 130 y 12 senadores en 27, total 84, y se requieren 105 votos.

En ese instante, la emoción embargó a todos los presentes, Evo incluido. Era el fruto precioso de la lucha. Y todo se hizo en forma pacífica, con calma, escuchando la invocación reiterada de Evo a aguardar el resultado con paciencia, en contraste con la violencia extrema desatada por la oposición. La democracia se afirma y se extiende cuando el pueblo toma su destino en manos propias. En este caso, para aprobar una Constitución igualitaria, que termina con formas seculares de discriminación y exclusión, que asegura que Bolivia no será descuartizada, ni privatizada, ni entregada, ni humillada, que apunta a resolver el problema de la tierra, contra el latifundio. Una Constitución nacida desde abajo y que ahora regresa a todos los bolivianos, que tienen en sus manos refrendarla con su voto el 25 de enero próximo, con un ánimo de lucha retemplado.

La causa de la democracia y la unidad territorial de Bolivia es esencialmente latinoamericana, lo que se demostró en el elevado papel cumplido por los representantes de Unasur, y también de la OEA, a lo largo del proceso de diálogo y en la negociada solución final, en que se compatibilizaron las distintas visiones sobre las autonomías, el IDH, los derechos e idiomas de los pueblos indígenas, la reelección presidencial (con vistas a las elecciones generales adelantadas ya fijadas para diciembre 2009).

Se abre una nueva etapa, que será de dura lucha. La oposición de Santa Cruz ya anunció que no cejará. A la vez, se da otra feliz coincidencia: ese mismo martes 21 entró a regir la nueva Constitución de Ecuador; y en estos días amplias delegaciones de indígenas ecuatorianos llegaron a Bolivia para expresar su solidaridad, en simbólica expresión de fraternidad entre dos pueblos y sus habitantes originarios.

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