OPINION INTERNACIONAL

BRASIL Y MOZAMBIQUE

Este era el noveno viaje de Lula a Africa, siempre acompañado por empresarios. Su resultado es que el comercio de Brasil con este continente se cuadruplicó desde 2002, llegando a los 20 mil millones de dólares, el 8% del comercio exterior brasileño. En su conjunto, África sería el cuarto socio comercial de Brasil, detrás de EEUU, Argentina y China. En este período cambió profundamente la estructura de su comercio exterior. Diez años atrás el comercio con EEUU representaba el 27% del mismo, hoy no pasa del 15%. En Africa se elevó de 5 a 20 mil millones de dólares en el mismo período. El flujo comercial con Argentina de 9 mil millones de dólares en 2003 pasó a 30 mil millones en 2008, y con Venezuela de 400 a 5 mil millones de dólares en el mismo lapso. América Latina en su conjunto es hoy el principal socio comercial de Brasil.

La economía de Mozambique crece al envidiable promedio de 7% anual, y existen amplias posibilidades de superar el desequilibrio actualmente existente en su balanza comercial con Brasil. Ahí radica el papel de los empresarios, a los cuales Lula reclamó osadía y creatividad para una asociación mutuamente beneficiosa, lo que se complementa con el intercambio de conocimientos y de experiencias, la formación de cuadros y el despertar de vocaciones. Entre los principales proyectos en curso se destacan: el de la compañía Vale do Río Doce para la extracción de carbón de Moatice, que puede transformarse en la mayor inversión extranjera en la historia de Mozambique y ser el catalizador de una nueva dinámica económica entre los dos países; el de la compañía Camargo Correa en el proyecto de represas hidroeléctricas, y el de Petrobras en el bloque del Delta del río Zambeze, unido a las posibilidades en el sector de biocombustibles, considerado prioritario por el presidente Guebuza.

Hace años, en realidad desde el inicio de la primera presidencia de Lula, que Brasil viene bregando para cambiar la geografía comercial del mundo, lo que se ha vuelto imperativo ante el estallido de la actual crisis. Es lo que reiteró ahora en Mozambique, país con el cual Brasil mantiene una amplia zona de convergencia y entendimiento por afinidad lingüística y por la lucha independentista del Frelimo (Frente de Liberación de Mozambique) conducida por Samora Machel, su primer presidente al proclamarse la República Popular de Mozambique tras la «revolución de los claveles» de 1974 en Portugal que puso fin al régimen colonial-fascista de Salazar y Caetano. Machel murió en un accidente de aviación de causas desconocidas en octubre de 1986. Su sucesor fue Joaquim Chissano, con quien se entrevistó Lula en su anterior viaje. En 2003 Brasil se comprometió a construir una planta de medicamentos contra el sida, a fin de paliar los enormes daños que la afección causa en el país. Ahora Lula le expresó al presidente mozambiqueño: «Es hora de que comprendamos todos nosotros, los llamados países del Sur, los países pobres o emergentes, que debemos establecer una nueva lógica económica y comercial en el mundo». Puso el siguiente ejemplo: «Ustedes no se imaginan el orgullo que sentí al llegar a Nueva Delhi y ver a los ómnibus Marcopolo (los mismos que circulan en nuestro país) desfilando por las calles de la capital india. ¿Por qué deben ser ómnibus ingleses o norteamericanos y no brasileños?».

Mencionó otra información, que también desborda el cuadro original y puede proyectarse en una dimensión internacional de alcances hasta ahora no previstos: «El Brasil comenzó a negociar con Argentina en moneda brasileña y argentina, en pesos argentinos y en reales. ¿Por qué todos nosotros debemos estar subordinados al dólar para poder negociar? ¿Por qué nuestros Bancos Centrales, nuestros ministros de Hacienda no se reúnen y establecen otra lógica de comercialización?»

Ha quedado demostrado que el sistema actual está montado sobre bases malsanas e injustas, lo que ha conducido a una situación catastrófica. Es más: si no fuera por las altas tasas de crecimiento de los países emergentes (y Lula citó los ejemplos de Brasil y Mozambique, y también de la Argentina y Venezuela, de China y la India , los efectos globales serían todavía más destructivos. No cabe la menor duda.

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