Encuentro en Cochabamba. Un gran paso en la integración sudamericana

Hacia el Parlamento de Unasur

La creación del organismo es un gran paso adelante en el proceso de integración sudamericana. Pero además su importancia se ve realzada hoy por el papel que está llamada a desempeñar América Latina, y los países emergentes en general, en medio de la crisis mundial con epicentro en los Estados Unidos. Es lo que destacó la mandataria de Chile en el discurso inaugural, en su carácter de presidenta pro témpore de Unasur.

Como se sabe, la idea inicial de agrupar a la totalidad de los países de la América sureña se expresó en la cumbre presidencial de Cuzco, Perú, en diciembre de 2004. El Tratado Constitutivo se suscribió en Brasilia el 23 de mayo de 2008, con la participación de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Guyana, Paraguay, Perú, Surinam, Uruguay y Venezuela. No falta ninguno. Por primera vez se lograba una integración sudamericana total. La fe de bautismo del nuevo organismo se produjo en realidad en la reunión del 15 de setiembre pasado en el emblemático Palacio de La Moneda de Santiago de Chile, donde la totalidad de los países, representados por 9 presidentes y los cancilleres de Perú, y de Guyana y Surinam (que por primera vez participaban en un evento de esta índole) se pronunciaron en defensa de la institucionalidad democrática y de la unidad territorial de Bolivia, y alentaron el proceso de diálogo entre el gobierno y la oposición. Ello fue reafirmado en una instancia ulterior por los mismos protagonistas en el entorno de la Asamblea General de la ONU en Nueva York. Ahora el presidente del Senado boliviano Oscar Ortiz, a pesar de pertenecer al campo opositor, agradeció a la mandataria chilena por su actuación en este terreno.

La fundación de Unasur estuvo acompañada por la promoción de dos nuevos organismos de gran importancia como son el Consejo Sudamericano de Defensa y el Banco del Sur, destinado este último a financiar grandes proyectos de infraestructura y de complementación productiva y energética, como el Gasoducto del Sur. El viernes pasado en la reunión de Cochabamba se colocaron los cimientos de otra estructura de este andamiaje, el Parlamento de la Unasur. Quedó constituido un Grupo de Trabajo encargado de adelantar los acuerdos y consensos al respecto.

Tras una intervención inicial del vicepresidente boliviano Álvaro García Linera en su carácter de presidente nato del Congreso, la presidenta de Chile Michelle Bachelet llamó a transformar la crisis económica internacional en una oportunidad para profundizar la integración y concertar políticas que atenúen los efectos de la recesión. Destacó que la crisis ha sido provocada por quienes antes daban recetas «de cómo hacer las cosas bien», defendió la necesidad de Estados fuertes que garanticen eficiencia en la regulación de los mercados y que aseguren la protección de los sectores más desvalidos, y recomendó «actuar rápido» para defender los avances conseguidos en América Latina: la consolidación de la democracia y el crecimiento económico. Destacó que éstos son objetivos del Parlamento de Unasur, que será refrendado en la reunión regional a efectuarse en diciembre en Bahía. También se mostró partidaria de acelerar las reformas en las organizaciones multilaterales, de la ONU en lo político y del FMI y el Banco Mundial en lo económico. En su turno, el presidente Evo Morales declaró que el Parlamento Sudamericano forma parte de una visión estratégica de la integración y que «América del Sur puede seguir haciendo historia». El concepto fue compartido por los legisladores participantes en el encuentro. Oimos al respecto opiniones categóricas del senador (y ex ministro) argentino José Pampuro.

En Bolivia, sede de la reunión, persiste una situación muy peculiar. Por tres razones, por lo menos. A pesar de los prolongados diálogos mantenidos en Cochabamba, precisamente, los prefectos opositores persisten en su negativa a un acuerdo con el gobierno. La discordancia está ahora instalada en el Congreso. Los movimientos campesinos e indígenas han resuelto reclamar a este organismo que dicte la ley llamando al referéndum dirimitorio sobre la nueva Constitución, y realizaron una marcha de cinco días (que al comienzo fue acompañada por Evo Morales) desde Corocollo, en Oruro, hasta La Paz, levantando esta aspiración, a la que se niegan los cuatro prefectos (Santa Cruz, Tarija, Beni y Chuquisaca) y la oposición en el Congreso. Los sectores movilizados aspiran a que el pueblo decida con su voto, mientras los opositores plantean dilatar el pronunciamiento e introducir nuevos cambios al texto constitucional.

Otros dos aspectos tienen relación con la política de Estados Unidos. El gobierno de Bolivia expulsó al embajador Philip Goldberg por su intromisión en la vida interna del país, su connivencia con los sectores de oposición y por la actividad de grupos vinculados a la embajada yanki y a la Usaid. Ahora Bush acaba de promulgar la ley que extiende el régimen de preferencias arancelarias andinas (Atpdea por su sigla en inglés) a Perú y Colombia, temporalmente a Ecuador, pero excluyó a Bolivia en actitud provocativa, alegando que no colabora en la lucha antidrogas. Este acuerdo permite a los países andinos exportar productos a EEUU sin aranceles.

Al mismo tiempo, Bush sigue reclamando al Congreso que le vote el TLC con Colombia, pero esa es una causa perdida, porque los demócratas no se van a suicidar.

En la misma actitud vengativa, EEUU se niega a extraditar al ex presidente Gonzalo Sánchez de Losada (Goni) que Bolivia quiere juzgar por la masacre que desató cinco años atrás antes de tomarse los vientos hacia Miami, corrido por la repulsa del pueblo.

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