EEUU. La reducción del déficit fiscal hipoteca los anuncios de demócratas y republicanos

Obama y McCain prometen, pero la economía manda

Quien quiera que sea el próximo presidente de Estados Unidos, deberá enfrentar una crisis financiera que algunos comparan con la de 1929 y sus promesas de campaña deberán, sin lugar a dudas, ser revisadas a la baja, arriesgando decepcionar a muchos estadounidenses preocupados por su futuro económico.

Pero según las encuestas, la preocupación de los votantes estadounidenses por la situación de la economía favorece al candidato presidencial demócrata Barack Obama, en detrimento del republicano John McCain.

Normalmente en Estados Unidos, se caracteriza a los demócratas con una tendencia a aumentar los impuestos y arreglar los problemas por medio de la intervención del gobierno, mientras que a los republicanos se los identifica con una disposición a disminuir los impuestos y a llevar adelante soluciones fundadas en el mercado.

Los estereotipos parecen encajar bastante en esta campaña presidencial.

Obama desea reparar el problema de los estadounidenses que no tienen seguro médico, y que costaría 115.000 millones de dólares al año. Dice que el costo se puede equilibrar ahorrando en otras partidas.

McCain eliminaría la responsabilidad del seguro médico de los empleadores y entregaría el dinero a los individuos para que negociaran su propia cobertura médica.

Obama dejaría caducar en 2010 varias exenciones tributarias implantadas por Bush, pero reduciría otros impuestos, mientras que McCain extendería estos recortes implantados por Bush y reduciría las tasas a las empresas.

Durante la campaña, ninguno de los dos candidatos ha escatimado en promesas en todos sus actos e intervenciones.

El demócrata se comprometió a bajar los impuestos a la clase media y propuso un plan de relanzamiento de 50.000 millones de dólares para incentivar obras de infraestructura.

Por su parte, el candidato republicano promete ganar la guerra en Irak, cuyo costo es de 10.000 millones de dólares mensuales, pero no comprometió una fecha para terminar el conflicto que ha costado más de 600.000 millones de dólares.

El senador por Ilinois prevé invertir 150.000 millones de dólares en diez años en energías alternativas y en la fabricación de vehículos más económicos. Para financiar su programa, Obama cuenta con poner fin a la guerra en Irak y aumentar los impuestos a los estadounidenses que ganen más de 250.000 dólares anuales.

Por su parte, el republicano McCain propuso congelar el gasto público en todos los rubros, salvo en defensa, los veteranos de guerra y los fondos federales de jubilación.

El Centro no partidista para las Políticas Tributarias informó que el plan de impuestos de McCain reduciría los ingresos del gobierno en 3.600 billones de dólares desde el año 2009 al 2018 y el de Obama en 2.700 billones. Incluso tras la aprobación del plan de rescate de 700.000 millones de dólares en el Congreso, los candidatos continúan prometiendo a un electorado que está molesto, escéptico y tiene problemas: débil sector de la vivienda, altos precios del petróleo, reducción de los ingresos por hogar, débiles ganancias en las empresas, crecimiento lento del PIB y un sistema de asistencia médica (Medicare) que verá exhaustos sus recursos al irse retirando la actual generación de jubilados que es más numerosa de lo habitual y se conoce como los baby boomers por su cantidad. Un gran número de estadounidenses, el 82 por ciento según una encuesta llevada a cabo en setiembre por el Grupo de Investigación Estadounidense (ARG), considera que la economía está empeorando.

Sin embargo los presidentes, una vez elegidos, se desvían de los planes y promesas presentados durante sus campañas.

En 1992, Bill Clinton prometió mucho en su campaña electoral pero, al llegar a la Casa Blanca, la reducción del déficit fiscal se convirtió en su prioridad. Obama, que cuenta en su equipo con dos ex secretarios del Tesoro del gobierno de Clinton (1993-2001), Robert Rubin y Lawrence Summers, podría seguir el mismo camino si entra a la Casa Blanca el 20 de enero de 2009.

«Esta elección se parece mucho a la de 1992 y la situación económica es peor que entonces», opina Michael Walden, profesor de economía y política pública de la Universidad estatal de Carolina del Norte. «Los candidatos hicieron promesas muy difíciles de cumplir. La crisis financiera pesará sobre el próximo presidente», afirma.

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