OPINION INTERNACIONAL

LA CRISIS Y LA AUSENCIA DE LA IZQUIERDA

Ante esta catástrofe, los mismos financieros que hasta hace pocos meses reclamaban menos Estado y más privatizaciones acuden ahora al Estado descaradamente para pedirle que les transfiera el dinero de los contribuyentes. Se privatizan los lucros y se socializan las pérdidas sin que importen los daños causados a los accionistas ni las consecuencias sobre el nivel de vida de las personas menos favorecidas.

Lo cierto es que el sistema neoliberal está averiado. Se hace necesario repensar el capitalismo, hacerlo pasar de esta fase especulativa, de una «economía de casino», a un tipo de capitalismo ético, con sensibilidad social y respetuoso del ambiente.

Un cambio semejante no sólo es posible, es indispensable. Como escribió el premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz, «es necesario que los dirigentes políticos de Occidente tengan el coraje de hacer un viraje hacia la izquierda».

En Estados Unidos la izquierda siempre ha contado poco, si se exceptúan el New Deal del presidente Franklin D. Roosevelt y la Nueva Frontera del presidente John F. Kennedy, que duró poco tiempo. Pero el Partido Democrático siempre mantuvo una diferenciación con el Partido Republicano, ultraconservador, aunque uno de sus exponentes, el presidente Ike Eisenhower, tuvo la valentía de denunciar al «complejo industrial-militar», que renació con vigor durante el gobierno de Bush.

Barack Obama, pese a no ser un político de izquierda, marca una neta diferencia con el ultraconservadurismo político-religioso del candidato presidencial republicano John McCain y su compañera de fórmula, Sarah Palin.

Por su parte la izquierda democrática del viejo continente, que en los años 70 y 80 ocupaba el primer plano en Europa con líderes de la calidad de ·Willy Brandt, François Mitterrand, Helmuth Schmidt, James Callaghan, Olof Palme, Bruno Kreisky, Felipe González, Pietro Nenni y Bettino Craxi, después del derrumbe del comunismo comenzó a perder terrreno y a dejarse «colonizar» por el pensamiento neoliberal de Tony Blair y de Gerhard Schroeder en el marco de la llamada Tercera Vía (hoy desacreditada).

Ante este retroceso surge la interrogante sobre las causas que han llevado a la situación de debilidad en la que hoy se halla la izquierda en Europa.

¿Qué caminos se deben emprender para actualizar el pensamiento de la izquierda democrática para que pueda hacer frente a la crisis múltiple con la que estamos confrontados?

Si se tiene en cuenta la situación actual de la izquierda en los grandes países de Europa -el Partido Social Demócrata de Alemania, el New Labour de Gran Bretaña, el Partido Socialista de Francia y el nuevo Partido Democrático de Italia -para citar sólo a los mayores-, constatamos la declinación que es común a los partidos que se inspiran en el socialismo democrático y están reunidos en la Internacional Socialista, cuya voz casi no se deja oír.

Es verdad que también hay otra izquierda, minoritaria: lo que resta de los partidos comunistas y los «altermundialistas» o no globales, que animan movimientos fundamentalmente de protesta y no encuentran un sendero para caminar hacia el poder.

Por otra parte, no se debe olvidar el papel extremadamente importante de las federaciones y confederaciones sindicales, que son indudablemente fuertes en sus ámbitos, ni a las asociaciones de defensa de los derechos humanos y de conservación del medio ambiente y otras, influyentes en el plano social pero con poco peso en la disputa por el poder en términos electorales.

En este contexto la izquierda socialdemocrática tiene que reflexionar sobre dos dimensiones: cómo enfrentar la crisis en curso y cómo concebir otro modelo económico, social y político orientado hacia una profundización democrática y una mayor participación cívica de los ciudadanos.

Se trata de reivindicar los valores éticos que siempre fueron banderas de la izquierda.

Ampliar la partipación cívica para contrarrestar la debilidad del Estado, reforzar la justicia social, oponerse a la mercantilización de la sociedad, a la corrupción y al tráfico de influencias.

La militancia debe retomar la lucha a favor de la paz y de la resolución pacífica de los conflictos, de la inclusión social, contra las desigualdades y la degradación ambiental. Además, los hombres y mujeres de izquierda que actúan en política partidaria o en el gobierno, tienen la obligación de la transparencia y de no incurrir en conflictos de interés.

Precisamente, ha sido la actividad de grupos de presión económicos, la inmoralidad de dirigentes de bancos y empresas, y el tráfico de influencias por parte de dirigentes políticos, en una palabra, la promiscuidad entre la política y los negocios, lo que ha desacreditado la política y ha contribuido a desencadenar la crisis del sistema.

No nos dejemos ilusionar: el sistema está corrompido y es preciso cambiarlo.

Esta es la gran tarea de la izquierda en Europa.

Ex presidente y ex primer  ministro de Portugal. (COPYRIGHT IPS)

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