En solo 6 semanas cayó el cuarto ejército del mundo
Oman Hassan – Kuwait, AFP
La operación «Tormenta del desierto», dirigida contra las fuerzas aéreas y sus sistemas de defensa, fue fulgurante y decisiva, y la superioridad aérea de los aliados quedó evidenciada desde las primeras horas de la batalla.
Los bombardeos aéreos paralizaron la mayor parte de los sistemas de defensa, cortaron las vías de abastecimiento y desorganizaron el movimiento de las tropas y el material iraquíes. El ejército iraquí, presentado en Occidente como el cuarto ejército del mundo, desplegó decenas de millares de sus tropas de elite que ocuparon en algunas horas Kuwait el 12 de agosto de 1990.
Pero las bombas y misiles de alta tecnología destruyeron sus capacidades de lucha antes incluso del comienzo de la ofensiva terrestre destinada a la liberación del emirato, en virtud de la resolución 660 del Consejo de Seguridad.
Los aliados –580.000 militares, 750 aviones, 60 navíos y 1.200 tanques, además del apoyo de unos 50 países — declararon su superioridad aérea desde el 30 de enero.
El general Norman Schwarzkopf concentró sus esfuerzos en las incursiones aéreas contra las instalaciones militares e industriales, así como en las posiciones de las tropas iraquíes en el pequeño emirato kuwaití que detenta al menos el 10,5% de las reservas petroleras probadas del mundo.
El 13 de febrero, más de 300 iraquíes murieron cuando un misil cayó en un búnker de Bagdad.
Irak respondió con el lanzamiento de varios misiles Scud contra Arabia Saudita e Israel, así como contra Bahrein, en lo que constituía un intento de ampliar el campo de guerra.
Pero el presidente George Bush y el secretario de Estado James Baker mantuvieron a Israel fuera del conflicto, mientras Irak y los palestinos celebraban los 37 misiles lanzados contra Tel Aviv.
Paralelamente, 35 Scuds fueron lanzados contra Arabia Saudita, uno de los cuales mató a 28 militares norteamericanos e hirió a otros 98 en Dahran (este de Arabia).
Los historiadores no registran una significación militar real de estos ataques con los Scuds, que Saddam Hussein convirtió en objeto de propaganda y perturbaron a la coalición.
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