De la Rúa piensa en las elecciones legislativas
Por Isidoro Gilbert – Corresponsal en Argentina
Allí esta la clave, y nadie se engaña, menos el presidente que en reuniones cerradas mezcla las esperanzas con el encendido de cirios, aguardando que los ciudadanos le crean y eleve el increíblemente petizo nivel positivo de gestión, solo el 8% en diciembre, según la consultora Latintrack, y confesando que desde marzo pasado el país estuvo bordeando la cesación de pagos, información cuidadosamente escondida: desde entonces se amasó la idea del blindaje. Cuando trascendió por un informe de despedidos de la SIDE, fue descalificado.
Fernando de la Rúa tomó la iniciativa de invitar a Raúl Alfonsín para comenzar a cambiar ideas sobre las elecciones de octubre. No faltan los que piensen, como el titular de la Cámara baja, Rafael Pascual, que sería bueno escalonarlas por grupos de provincias, de modo de poder ir muñequeando después de los primeros resultados, cómo mejorar la propaganda. La idea fue rechazada por el ministro del Interior, Federico Storani, porque piensa que esa cabalgata electoral significaría reconocer el temor a un Waterloo, y que lo mejor es respetar el cronograma normal, todo en un domingo de octubre y buscar a los mejores pretendientes, comenzando por reafirmar la Alianza como herramienta electoral, válida tanto para donde el radicalismo requiere de sus socios del Frepaso, como allí donde la compañía es más débil y tientan con una polarización del espacio en favor de los herederos de Alem e Yrigoyen, olvidando que en la carrera por la gobernación de Córdoba, esa idea (que en ese distrito, el oficialismo partidario quiere reiterar) fue catastrófica.
Analizando encuestas
El viernes próximo un conclave radical, no orgánico, donde estarán con Alfonsín algunos finos husmeadores de los números electorales. Se evaluará el resultado de una megaencuesta (14.000 casos) que se han repartido «Analogías», habitual consultora del gobierno con la consultora Mora, Araujo & Asociados, utilizando la misma metodología y dividiéndose la faena por mitades en cada distrito, esperando encontrar la mejor precisión de lo que cree la gente que va a ocurrir, para poder trabajar sobre terreno menos empírico.
De lo que allí surja se trasladará a una reunión de ministros y secretarios, acaso con otros invitados, encabezada por De la Rúa, una especie de seminario o retiro espiritual, que tendría lugar, en principio, el próximo 28 de enero, acaso en Chapadmalal, lejos del mundanal ruido. Está pendiente si de esta convocatoria estarán presentes Alfonsín y Alvarez, los jefes partidarios de la coalición, o si participarán sus vicarios: en todo caso hay una idea que le resulta fastidiosa al presidente, que la futura comisión electoral, quede en manos de ellos dos.
Aquella reunión entre de la Rúa y Alfonsín, registra melodías varias, como el fuerte respaldo partidario al presidente, particularmente en torno a la controvertida legislación previsional que el ex presidente logró modificar hasta abroquelar a su tropa detrás de la idea que Chacho había señalado como «límite» para el Frepaso y que ahora, al menos por lo que susurra su mano derecha, Darío Alessandro, ya no es tan tanto el extremo, la línea divisoria, claro, sin saber el titular del bloque de diputados nacionales de la Alianza, cuál es la opinión de Alvarez, con los teléfonos cortados desde que se encuentra de relax con su esposa en San Martín de los Andes, y pergeñando iniciativas que lo devuelvan a un primer plano. Otra música a escuchar es el achicamiento del espacio del ex vicepresidente: de alguna manera, incluso durante la crisis del Senado que lo dejó afuera del gobierno, Chacho y Alfonsín ocupaban el mismo espacio, diferenciados del presidente, siempre más conservador, porque como sostuvo Graciela Fernández Meijide, «no es progresista» y ahora, con ese respaldo casi cerrado de la UCR, el peso de Alvarez se acota. Esa afirmación irritó a De la Rúa. La ministra debió explicarle que quiso destacar la amplitud de miras que tiene el mandatario de convivir con quienes piensan distinto, larga charla telefónica que puso fin a la tensión. Ya se sabe que Graciela es algo así como la sobrevivencia real de la Alianza y es por eso cuidada por el presidente.
Alvarez y Alfonsín, ¿candidatos?
De la Rúa y Alfonsín no ven mal, al contrario, que Alvarez sea la locomotora de votantes en el distrito porteño, idea que comparten gran parte del Frepaso con el peso de Aníbal Ibarra, el jefe del gobierno porteño, y radicales como Storani, pero el ex quiere eludir un compromiso que tal vez no le sea fácil. Para él, escapándose por la tangente, el mejor pretendiente será Alfonsín, el único, piensa, que podría pelearle la banca de la provincia de Buenos Aires al peronista Eduardo Duhalde, ahora lejos de todo competidor de cualquier color. Pero senadores y diputados se eligen en todos los distritos y cada uno tiene su especificidad y su penuria, tanto para el oficialismo como para el peronismo. El ex presidente caminará la gran provincia, pero en marzo, «pondrá el pecho», comenta uno de los suyos, aunque en el círculo más intimo, hay otras voces que le aconsejan lo contrario.
Alfonsín pretendiente no le dejará margen a Alvarez. El piensa que su influencia debe medirse por la receptividad de sus propuestas. Quiere decir que como no ha tenido casi eco su memorando con ideas para relanzar al gobierno, incluso en un último ajuste de la segunda línea gubernamental brillan por su ausencia designaciones de frentistas, es que ha perdido poder. Pero no es así: para la Alianza, Alvarez sigue siendo clave. A pesar que un hombre del grupo «Shushi», esa intimidad donde pesan Antonio de la Rúa y Fernando de Santibañes, ex jefe de inteligencia y enemigo de Alvarez llega con ínfulas de convertirse en el contacto con los columnistas de fuste, el periodista Ricardo Rivas, un nombre que puso en concreto Darío Lopérfido, el criticado secretario de Medios cuando lo daban por finado o con su espacio fraccionado. Lopérfido podrá dedicarse más a Cultura y dormir hasta el mediodía, como susurran en la casa rosada.
El escaso rédito del memorando de Chacho, la falta de nuevo diálogo entre los dos del viejo binomio presidencial (nunca pensaron encontrarse en la Patagonia, como se escribió días atrás), y otras omisiones a frentistas, potenciaron un equívoco: la integración del directorio del portal educativo Edu.Car.com donde la ausencia de personas del Frepaso y el relevante papel de Domingo Cavallo hizo pensar que el presidente avanzaba en la dirección de los que buscan que «hay que poner en caja al Frepaso ahora que vienen los frutos del blindaje, nuestra obra». No es así: el ministro de educación, Hugo Juri, invitó a la diputada Adriana Puiggrós a participar del emprendimiento, donde ella tiene ideas algo diferentes a las de sus promotores, pero de todas maneras no fue a la ceremonia porque no quería estar sentada junto al ex ministro de Economía. Nadie supo de esta realidad hasta días después, desvaneciendo cualquier hipótesis conspirativa. La diputada y pedagoga no consultó con nadie, lo que exhibe una vez más la carencia de estructuras del Frepaso, sobre todo cuando su jefe corta cualquier lazo que no sea el que él elija.
Cavallo no hubiera tenido esos escrúpulos, como demostró con esa boutade de comparar a De la Rúa con Sarmiento, que quiso enmendar con una carta que fue peor que esa afirmación que hasta puso colorado al presidente, una anécdota por cierto, pero que revela que el papá de la convertibilidad piensa continuar con su enfoque de aliado desde afuera del gobierno hasta ver qué pasa en el otoño, si florecen los pimpollos del crecimiento económi
co, el talón de Aquiles de la actual administración y si no, esperar que lo convoquen. Ahora en gira por Europa y más tarde irá a Nueva York, Cavallo hablará bien de José Luis Machinea, aunque en la intimidad comenta que al ministro de economía le escasean las ideas para aprovechar el momento y poder crecer este año, hasta más del 7%, con gran peso del segundo semestre, no en los primeros meses que recibirán la herencia paralizadora del último tramo de 2000.
Imaginación o no, aún no están claras las intenciones de los inversionistas lo que pone en dudas sobre las pautas de crecimiento no vegetativo. Las inversiones para este año, serán mayores (no mucho) a los 18.300 millones de pesos de 2000, que fueron un 26% menores a las de 1998 y 11% más bajo que en 1999, dinero que no discrimina el que se derivó a emprendimientos nuevos, ampliaciones o compra de activos, una tarea febril de los últimos tiempos. Machinea y el propio De la Rúa tomarán la tarea de incentivar el arribo de capitales aprovechando el blindaje, la baja del riesgo país o de la tasa de interés. ¿Cuándo llegará a las Pymes la bendición de préstamos no usurarios y cumplir su misión de principal empleadora? No hay respuestas, aunque sí anhelos.
Cambiar el humor de la sociedad no es tarea fácil para un gobierno con tan escasa popularidad: «en mayo un 66% de la población de Capital y el Gran Buenos Aires creía que la Argentina iba por mal camino. La crisis del senado aumentó ese porcentaje a 74% y la renuncia de Alvarez y la crisis gubernamental posterior lo llevó a un altísimo 92% donde se mantuvo fijo aún en diciembre después del blindaje financiero», señala Latintrak contratada por Econométrica donde pesa un hombre de Alfonsín como Mario Brodershon.
La irrupción del debate sobre la organización sindical, la necesidad de su democratización, el pluralismo, que no debiera ser leído como contrario a la unidad y a la existencia de una sola central, hoy fraccionada de todas maneras en tres con formas orgánicas más varias corrientes radicalizadas con alguna influencia en empresas o entre los desocupados, no es una tarea loable, para cumplir con una premisa programática. El jefe de gabinete, Chrystian Colombo pidió a ministros y dirigentes de peso, que se quitara del primer plano la reforma del sistema jubilatorio que tiene mala imagen (no así la desregulación de las obras sociales de los sindicatos) porque iba a ser el gran caballito electoral del peronismo en las elecciones claves que se vienen y la expeditiva ministro de trabajo. Patricia Bullrich, desempolvó el viejo reclamo de la OIT para que se den garantías a las minorías del movimiento obrero organizado.
La historia real tiene su ritmo, la de las imágenes de la gente, tienen otro. Hay que ajustar el paso al segundo si no se quiere bailar a contratiempo.
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