OPINION INTERNACIONAL

ROMPIENDO TABUES

La afirmación del señor Moallem parece estar reñida con la lógica más elemental. Todos los conflictos, desde las peleas infantiles a los conflictos entre estados, solo se solucionan mediante el diálogo entre las partes. Si Siria, presuntamente está interesada en la paz e Israel, al parecer, no lo está, debería ser la parte siria la ansiosa en iniciar conversaciones y la israelí la alérgica al diálogo. Después de todo, es difícil convencer al mundo civilizado de que se desea un acuerdo pacífico con alguien con quien no se acepta negociar directamente. Por otra parte, el orden de prioridades del canciller es más bien extraño. Si para él la solución debe preceder a la negociación, no está muy claro cómo puede llegarse a la solución sin ningún contacto entre las partes.

Evidentemente el aferramiento del jefe de la diplomacia siria a los tabúes árabes contrarios al diálogo con Israel es tan fuerte, que el jefe de la diplomacia siria no llega a comprender cuándo hace el ridículo.

En contraste con este respeto ritual a estos tabúes, la reciente propuesta de Bahrein de formar una organización regional del Medio Oriente, que incluya a Irán, Turquía e Israel, constituye una novedad sumamente estimulante. El ministro de Relaciones Exteriores del pequeño estado petrolero, jeque Khalid ben Ahmed al Califa, declaró en un reportaje al diario árabe «Al Hayat» que la organización debería formarse «aunque no haya un reconocimiento mutuo». El canciller de Bahrain reiteró su propuesta en un discurso ante las Naciones Unidas, pero obtuvo muy escaso eco. Los dos únicos países árabes que hicieron la paz con Israel, Egipto y Jordania, si bien mantienen relaciones diplomáticas con el estado judío, han sido reticentes a la integración de Israel a organizaciones regionales. Un cable de la agencia Associated Press procedente de El Cairo recuerda que en la década de los noventa, cuando el diálogo israelí-palestino iniciado en Oslo parecía encaminado al éxito, se planteó la posibilidad de una integración de Israel a la Liga Árabe aunque la respuesta fue rápidamente rechazada. No es de extrañar que la propuesta de Bahrein haya caído en el vacío. La posición oficial de la mayoría de los países árabes es que no pueden estar en un mismo foro con Israel, mientras no haya paz con Siria y con los palestinos. Pero por otra parte, es obvio que temen que en un foro compartido por Irán y Arabia Saudita, la hostilidad entre los líderes de la teocracia chiita de Teherán y el régimen archiconservador religioso sunnita de Ryad, estalle, generando nuevas fuentes de tensión en la zona.

Pero al margen de la falta repercusiones prácticas de la propuesta de Bahrain, ésta no deja de tener valor simbólico. Si bien Bahrain, al igual que otros principados árabes, nació a la modernidad en 1932, al descubrirse el petróleo, tiene características muy propias. Este país-isla de mayoría chiita (65%) pero dominado por una élite sunnita, obtuvo la independencia política en 1971. Cuenta con solo 500.000 habitantes, entre ellos numerosos extranjeros, particularmente hindúes, pakistaníes, filipinos, egipcios e iraníes.

Bahrein se benefició con el alza de los precios del petróleo luego de la guerra de Yom Kippur en 1973 y con el derrumbe del sistema bancario en Beirut durante la guerra civil en el Líbano (1975-1990) que le permitió establecer un fuerte centro financiero en el mundo árabe. La revolución islámica iraní tuvo una fuerte influencia en Bahrain y a comienzos de la década de los ochenta el pequeño país, que hasta entonces siempre se caracterizó por su tolerancia religiosa, pareció encaminado a convertirse en un satélite de Irán. Pero un intento de golpe de Estado islamista fue frustrado en 1981 y desde entonces la influencia del radicalismo islámico ha decaído. Una próspera y relativamente numerosa clase media está interesada en mantener un país abierto a Occidente y al mundo. No deja de ser significativo el hecho de que en contraste con Arabia Saudita e Irán, Bahrain practique una total libertad para otros cultos no musulmanes. Hay 13 iglesias, un templo hindú y una sinagoga. La comunidad judía es muy pequeña (37 personas) y goza de plenos derechos, si bien las autoridades prohíben que sus ciudadanos viajen a Israel. En junio de este año, Bahrain nombró a la primera embajadora judía de un país árabe, al designar Houda Nonoo, como su representante diplomática en los Estados Unidos. Nonoo, de 40 años de edad, presidió una organización de Defensa de los Derechos Humanos e integró durante tres años el Parlamento integrado por 40 personas. Sin duda, toda una rareza en el mundo árabe.

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